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Humor y Curiosidades

Cuando la neurociencia dejó de mirar solo al cerebro

📅 🕐 31 Dic 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Cuando la neurociencia dejó de mirar solo al cerebro
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Durante el Muy Science Fest Madrid 2025, Nazareth Castellanos dedicó su ponencia a cuestionar una de las ideas más asentadas en la neurociencia contemporánea: que el cerebro puede entenderse de forma aislada. Su intervención no se centró en describir regiones cerebrales concretas ni en presentar nuevos mapas neuronales, sino en explicar por qué el estudio de la mente humana exige ampliar el foco y prestar atención al cuerpo en su conjunto. Desde el inicio, la investigadora situó su trabajo en ese punto de inflexión: el momento en el que la neurociencia empezó a reconocer que muchos de los procesos que atribuimos al cerebro no pueden comprenderse sin tener en cuenta otros sistemas del organismo.

Durante años, explicó, la neurociencia se centró casi exclusivamente en el cerebro, ignorando el resto del organismo. “Solo el cerebro, el resto del cuerpo nos daba igual.” Esa mirada reduccionista marcó una etapa entera de investigación, incluida la suya propia.

Castellanos relató cómo buena parte de su carrera inicial estuvo dedicada al estudio de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. El objetivo era claro: entender qué ocurría en el cerebro cuando fallaban la memoria, la atención o la identidad. Para ello, los laboratorios se llenaron de tecnología cada vez más sofisticada. “Entonces hubo que levantar el suelo, meter cables”, recordó al describir el despliegue técnico necesario para medir los campos magnéticos cerebrales.

Esos campos, explicó, son extremadamente débiles. “Los campos magnéticos del cerebro. Es una cosa muy, muy, muy débil.” Tan débiles que requieren instrumentos capaces de detectar variaciones. Gracias a esas herramientas, los investigadores llegaron a conocer con gran precisión la dinámica de distintas zonas cerebrales. “Entonces conocemos muy bien la dinámica de las diferentes zonas del cerebro.” Pero esa precisión escondía una limitación fundamental: el cerebro se estudiaba como si estuviera desconectado del cuerpo que lo sostiene.

El giro llegó cuando el equipo decidió ampliar la mirada. “¿Pero qué hicimos? Pusimos electrodos también en el corazón.” La frase marca un punto de inflexión. Por primera vez, el experimento permitía observar de forma simultánea la actividad cerebral y la dinámica cardíaca. La pregunta ya no era solo qué hacía el cerebro, sino cómo dialogaba con otros órganos.

La neurocientífica Nazareth Castellanos explica por qué el cerebro no puede entenderse sin el resto del cuerpo
Nazareth Castellanos explica por qué el cerebro no puede entenderse sin el resto del cuerpo. Foto: Alberto Carrasco/Muy Interesante

Ese diálogo se amplió aún más cuando decidieron incluir el sistema digestivo. “Queríamos ver también cómo influían los campos eléctricos del estómago e intestino en el cerebro.” La investigación comenzaba a dibujar un mapa mucho más complejo, en el que el cerebro ya no era un director solitario, sino parte de una red distribuida por todo el cuerpo.

Castellanos relató uno de los episodios más llamativos de esa etapa con una anécdota que se convirtió en casi legendaria en su campo. Durante un experimento largo, una participante pidió ir al baño. “Y entonces me dice quiero ir a hacer pis.” El comentario, aparentemente trivial, se transformó en un descubrimiento inesperado. La necesidad fisiológica estaba generando patrones claros en la actividad cerebral. “Estoy escribiendo por todos los congresos del mundo a esta pobre mujer”, bromeó, consciente del valor científico de aquella señal inesperada.

La lección era clara: el cuerpo habla al cerebro constantemente, y el cerebro escucha. Ignorar esa conversación supone perder información crucial. A partir de ahí, la investigación se extendió a otros sistemas, y uno en particular empezó a ocupar un lugar central en su trabajo: la respiración.

Castellanos explicó cómo, durante años, la respiración fue considerada un proceso automático, poco relevante desde el punto de vista cognitivo. Sin embargo, los datos empezaron a mostrar otra cosa. “Este es el hijo de un compañero”, dijo al mostrar una imagen que ilustraba cómo incluso en etapas tempranas de la vida la respiración modula la actividad cerebral.

Para estudiar ese fenómeno con precisión, fue necesario desarrollar nuevos dispositivos. “Un laboratorio de Vitoria nos diseñó un dispositivo.” El objetivo era analizar la influencia de cada fosa nasal sobre el cerebro, algo que hasta entonces apenas se había explorado. “Queríamos ver la influencia de cada fosa nasal sobre el cerebro.”

Castellanos durante su intervención en el Muy Science Fest Madrid, dedicada a la neurociencia del cuerpo
Castellanos durante su intervención en el Muy Science Fest Madrid, dedicada a la neurociencia del cuerpo. Foto: Alberto Carrasco/Muy Interesante

Los resultados, explicó, mostraron que la respiración no es solo un intercambio de oxígeno. Es un ritmo que sincroniza distintas regiones cerebrales y que puede modular funciones como la atención o la emoción. Por eso, cuando el equipo tuvo todos los sensores funcionando, Castellanos decidió acotar el foco. “He pensado que hoy me quedaba con la respiración.”

Ese gesto resume bien su forma de comunicar ciencia. No se trata de abrumar con datos, sino de elegir un hilo conductor que permita entender algo fundamental. En este caso, que el cerebro no puede comprenderse sin el cuerpo. Que procesos aparentemente secundarios, como respirar, influyen de forma directa en cómo pensamos y sentimos.

A lo largo de la ponencia, Castellanos fue desmontando una idea muy arraigada: que el cerebro es el único órgano relevante para la mente. Su experiencia en laboratorio la llevó a cuestionar ese dogma desde dentro. Primero midiendo, luego observando y finalmente conectando resultados que no encajaban en el modelo clásico.

El mensaje no fue anti-neurociencia ni una crítica a la tecnología. Al contrario. La tecnología fue la herramienta que permitió ampliar el campo de visión. Pero el cambio verdadero fue conceptual: aceptar que el cuerpo no es un simple soporte, sino un participante activo en la construcción de la experiencia.

En el contexto del Muy Science Fest, su intervención funcionó como un recordatorio incómodo y necesario. La ciencia avanza cuando se atreve a revisar sus propias suposiciones. Durante décadas, la neurociencia se centró “de cuello hacia arriba”. Hoy, gracias a investigaciones como las que relató Castellanos, ese límite empieza a diluirse.

La charla no ofreció soluciones milagro ni recetas rápidas. Ofreció algo más valioso: una forma distinta de mirar. Una invitación a pensar que quizá entender la mente humana exige escuchar también al corazón, al estómago y a los pulmones. Y aceptar que, en ciencia, a veces lo más revolucionario no es añadir complejidad, sino reconocer lo que siempre estuvo ahí y no supimos ver.

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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