Descubren una gigantesca red de cuencas ocultas bajo el hielo de la Antártida Oriental

Ahora mismo, bajo cuatro kilómetros de hielo en la Antártida Oriental, existe una red de cuencas en forma de abanico tan ancha como un continente. Nadie la ha pisado. Ninguna perforadora ha atravesado el hielo para tocar su roca. Y, sin embargo, un equipo de geofísicos acaba de trazar su geometría completa y explicar cómo se formó: cuando la Antártida y Australia eran la misma tierra y los continentes que conocemos no existían.
La paradoja es que el hallazgo no viene de una expedición sobre el terreno, sino de satélites, sensores aéreos y modelos de gravedad. Egidio Armadillo, de la Universidad de Génova, y Martin Siegert, de la Universidad de Exeter, han liderado el estudio publicado en Nature Geoscience, que integra a una escala sin precedentes todos los datos geofísicos disponibles sobre el subsuelo de la Antártida Oriental. El resultado es un mapa de lo que hay debajo del escudo de hielo más antiguo del planeta.
Una red que converge hacia el Polo Sur
Lo que los datos revelan es una provincia de cuencas subglaciales, esto es, depresiones en la roca debajo del hielo, dispuestas en abanico y convergentes hacia el interior del continente. Su geometría no es azarosa: los investigadores sugieren que se formó por extensión rotacional, el proceso tectónico por el que un bloque de corteza terrestre se estira y fractura cuando dos placas empiezan a separarse de forma oblicua. No es una fractura limpia. Es una red de grietas que se abren en abanico, como el delta de un río visto desde el espacio, pero en el subsuelo y a una escala que ningún análisis regional podría haber revelado por sí solo.

El término técnico es rotational extension, y describe el mecanismo por el que la corteza se adelgaza y se hunde en cuencas a medida que las placas se separan. Ese proceso tuvo lugar hace aproximadamente entre 85 y 100 millones de años, antes de que el océano Austral empezase a abrirse entre la Antártida y Australia. La macroestructura enterrada bajo el hielo es la cicatriz litosférica de ese desgarro.
La geometría en abanico de estas cuencas no es una curiosidad cartográfica. Es la huella directa del mecanismo que separó dos continentes.
Cuando la Tierra era otra
Para comprender la magnitud del hallazgo, conviene retroceder en el tiempo. Hace unos 180 millones de años, lo que hoy llamamos Antártida, Australia, América del Sur, África, Arabia y la India formaban un único supercontinente: Gondwana. Su fragmentación fue el proceso tectónico más influyente de los últimos 200 millones de años, y sus consecuencias siguen moldeando la circulación oceánica, el clima y la distribución de los seres vivos en el planeta.
La separación entre la Antártida y Australia fue una de las rupturas más lentas y complejas de esa fragmentación. No hubo una línea de fractura súbita, sino una deformación progresiva que empezó por extensión rotacional en la corteza inferior. La provincia de cuencas que acaba de cartografiarse es el registro físico de la fase inicial de esa ruptura: el momento en que la corteza empezó a ceder antes de que el océano llenara el hueco.
Lo que hace especialmente relevante este trabajo es la escala a la que opera. Proyectos previos como BEDMAP o BedMachine ya habían cartografiado el mapa subglacial antártico con buena resolución en zonas concretas. Lo que ha hecho el equipo de Armadillo y Siegert es integrar todos esos datos a nivel del escudo oriental completo, lo suficiente como para identificar un patrón tectónico que ningún análisis regional podría haber detectado de forma aislada.
Lo que parecía ruido regional en los datos de gravedad tenía, en realidad, una geometría coherente a escala continental. El abanico estaba ahí, esperando a que alguien mirara desde lejos.
Qué esconde el hielo: la física revela
El método no consiste en mirar directamente. Los geofísicos han combinado datos de topografía subglacial obtenidos por radar aerotransportado con mediciones gravimétricas satelitales y terrestres, que permiten inferir variaciones en la densidad de la corteza. Donde hay una cuenca, la roca es más delgada y el campo gravitatorio presenta anomalías características. Donde hubo extensión, la corteza muestra una firma geofísica reconocible.
Aquí es donde el propio estudio impone cautela: lo que se ha cartografiado es una reconstrucción basada íntegramente en datos remotos. No se han perforado los cuatro kilómetros de hielo para extraer muestras del subsuelo ni se ha datado radiométricamente ninguna de las formaciones inferidas. La cronología propuesta, entre 85 y 100 millones de años, se obtiene por correlación con los registros tectónicos de las márgenes continentales de Australia y la Antártida, no de muestras directas. Eso no invalida el modelo, pero sí acota lo que podemos afirmar con certeza sobre la cronología exacta.
La pregunta que queda abierta
¿Por qué importa esto más allá del interés geológico? La Antártida Oriental es el escudo de hielo más estable del planeta, pero no es eterno. Comprender la arquitectura tectónica del subsuelo es clave para predecir cómo responderá ese hielo ante el calentamiento global, porque la topografía del lecho rocoso determina dónde pueden formarse cuencas de agua de deshielo, cuál es la pendiente que favorece el deslizamiento del hielo hacia el mar y dónde son más vulnerables los glaciares a la intrusión de agua oceánica templada.
La red de cuencas en abanico, formada hace 90 millones de años por la fragmentación de Gondwana, resulta ser también un mapa de riesgo glaciológico. Sus depresiones son potenciales reservorios de agua subglacial. Sus bordes son las líneas por donde el hielo puede perder anclaje.

El registro tectónico del pasado profundo no es solo historia. Es la geometría que el hielo tiene que cruzar para llegar al mar.
El siguiente hito no está en otro satélite sino en el subsuelo. Los modelos glaciológicos de proyección del nivel del mar necesitan integrar esta nueva arquitectura cortical. Y si algún día se perfora el hielo para verificar las inferencias geofísicas de Armadillo y Siegert, la Antártida revelará cuánto tiempo lleva guardando esa cicatriz en silencio.
Referencias
- Armadillo, E., Rizzello, D., Balbi, P., et al. (2026). A fan-shaped subglacial basin province in East Antarctica formed by rotational extension. Nature Geoscience. DOI: 10.1038/s41561-026-01991-6
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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