El negocio verde de Pompeya: la arqueología cartografía los 35 huertos comerciales que florecieron entre las ruinas del terremoto del 62 d. C.

El 5 de febrero del año 62 d. C., un violento terremoto sacudió Pompeya y dejó en pie apenas la mitad de la ciudad. Las réplicas se prolongaron durante diecisiete años, hasta que el Vesubio puso punto final a la floreciente ciudad en 79 d. C. En ese intervalo, algo inesperado ocurrió entre los escombros: donde antes se alzaban casas, tabernas y talleres, brotaron viñas, jardines de flores y huertos de verduras.
Un estudio de Jessica Venner, arqueóloga de la Universidad de Oxford, publicado en el Journal of Roman Archaeology (2025), cartografía por primera vez la aparición de 35 huertos agrícolas comerciales en Pompeya tras el seísmo del 62 d. C. La investigación revela que 24 de ellos se concentraron en las Regiones I y II, el barrio más castigado por los temblores. Sin embargo, estos espacios verdes constituyeron una respuesta oportunista y sofisticada a la crisis.
Para identificar estos huertos y jardines, Venner analizó las plantas de los edificios, las marcas de raíces fosilizadas, los restos arqueobotánicos y las modificaciones arquitectónicas (puertas tapiadas, muros demolidos, cisternas añadidas a posteriori, etc.) que delatan cuándo una propiedad dejó de ser vivienda para convertirse en un campo de cultivo urbano. De este modo, la estudiosa ofrece un retrato inédito de la resiliencia económica de Pompeya.
Un estudio de la arqueóloga Jessica Venner cartografía por primera vez la aparición de 35 huertos agrícolas comerciales en Pompeya tras el seísmo del 62 d. C.

De las ruinas al viñedo: el negocio de la catástrofe
Las Regiones I y II de Pompeya habían sido, siglos antes, tierras de labranza. Aunque la progresiva urbanización las había cubierto de casas entre los siglos III y II a. C., el terremoto del año 62 d. C. invirtió parcialmente ese proceso. Unas siete propiedades de la ínsula I.13 fueron demolidas o reducidas para crear extensos jardines destinados a cultivos comerciales. Las entradas desde la calle quedaron bloqueadas para proteger la cosecha, y se añadieron rampas y canales de riego.
Este comportamiento tenía su lógica. Reconstruir en una zona sísmica activa exigía una inversión enorme con un riesgo altísimo. En cambio, convertir un solar dañado en viñedo requería un capital menor, generaba beneficios rápidos y permitía aprovechar los materiales de los muros demolidos. En el caso de la Casa de la Nave Europa (I.15.1-3), por ejemplo, los arqueólogos hallaron una trinchera de cantera en el centro del jardín.Demuestra que los propietarios habían extraído piedra del subsuelo mientras plantaban 416 cepas de vid en las terrazas superiores. El análisis de las cavidades de las raíces, además, reveló que las vides de la terraza inferior tenían menos de dos años en el 79 d. C.: sus dueños estaban ampliando el negocio cuando el Vesubio los sorprendió.
Convertir un solar dañado en viñedo requería un capital menor, generaba beneficios rápidos y permitía aprovechar los materiales de los muros demolidos.

Vino al fresco: la revolución de los comedores al aire libre
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es la proliferación de propiedades de hostelería con jardín productivo, es decir, espacios que combinaban el cultivo de alimentos con la restauración al aire libre. La Caupona de Euxino (I.11.10-11) es el ejemplo mejor documentado. Su propietario plantó viñas en dos jardines contiguos, uno para la producción y otro equipado con un comedor exterior bajo una pérgola de uvas, dos dolia enterrados y acceso directo desde la Via di Castricio, la avenida que conducía al anfiteatro.
Las 34 cavidades de raíces presentes en el jardín mostraban un diámetro de entre 8 y 15 centímetros, lo que, según Venner, demostraría que las cepas no superaban los 15 años en el 79 d. C. Se habían plantado, pues, después del terremoto. Euxino no se limitó a reconstruir, sino que innovó. Venner identificó este patrón en todos los jardines comerciales con acceso directo desde la vía pública. En contraste, los huertos cerrados al paso del público solían albergar cultivos de mayor valor, como flores, frutales y hortalizas, que requerían más protección.
Algunos locales de hostelería, como la Caupona de Euxino, plantaban viñas en dos jardines contiguos: uno para la producción y otro equipado para los clientes, con un comedor exterior bajo una pérgola de uvas.

Ingeniería del agua y policultivo: la ciencia detrás del huerto
La sofisticación técnica de estos huertos desmiente la imagen de una improvisación desesperada. Un tercio de los jardines oportunistas disponía de sistemas de riego complejos, con canales, cisternas, tuberías y depósitos de terracota enterrados. En la Casa de la Nave Europa, por ejemplo, el agua del impluvio del atrio se canalizaba hacia una bañera exterior. En el Jardín de Hércules (II.8.6), una apertura en el muro norte permitía acarrear agua desde una fuente pública situada a unos 150 metros.
Los jardineros también dominaban el policultivo. En la Casa de la Nave Europa, las habas se plantaban entre las cepas de vid para fijar nitrógeno en el suelo. Las plantaciones de higueras, almendros, avellanos y olivos permitían producir aceite y gran variedad de frutas, además de proporcionar sombra. Dos amplias parcelas de hortalizas, por otro lado, garantizaban la generación de ingresos a lo largo de todo el año.
Venner vincula el conocimiento que hizo posible este negocio verde a los pomarii universi, los «fruteros asociados», un colectivo profesional que aparece en seis programas electorales pintados en Pompeya después del 62 d. C. Su presencia organizada sugiere la existencia de redes de conocimiento hortícola parecidas a los gremios medievales, que compartían técnicas e impulsaban la innovación agrícola urbana.
Venner vincula el conocimiento que hizo posible este negocio a los pomarii universi, los «fruteros asociados», un colectivo profesional parecido a los gremios medievales

Élites, hambruna y la semilla de la resiliencia
Los motores de esta transformación no fueron los pequeños agricultores, sino los grandes propietarios urbanos. Las leyes romanas vigentes (el senatus consultum Hosidianum del 45 d. C. y el Volusiano del 56 d. C.) prohibían demoler edificios para revender el material, salvo cuando las estructuras estuvieran ya en ruinas. El terremoto convirtió legalmente gran parte de Pompeya en un solar edificable. Los propietarios podían demoler, vender los escombros y plantar sobre las ruinas sin infringir ninguna norma.
El contexto hacía de esta reconversión del suelo una cuestión aún más urgente. Una inscripción funeraria de la necrópolis de Porta Stabia menciona una hambruna de cuatro años que azotó Pompeya antes del 59 d. C. y que obligó a un benefactor a distribuir pan a precio reducido.Así, el crecimiento de la producción local de fruta, verdura y vino era rentable, al tiempo que amortiguaba el riesgo de padecer carestías. Los análisis paleonutricionales de los restos óseos de los pompeyanos apuntan a niveles de salud bastante buenos para la media romana, lo que sugiere que la proliferación de huertos urbanos contribuyó directamente al bienestar de la población.
Referencias
- Venner, J. (2025). «Rise and vine: the phenomenon of opportunistic agricultural gardens in post-earthquake Pompeii, 62–79 CE». Journal of Roman Archaeology, 38, 344–384. DOI: https://doi.org/10.1017/S1047759425100573
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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