esconde el genoma más antiguo de la bacteria

Durante décadas, el origen de la sífilis —y de las enfermedades bacterianas afines como el pian, el bejel o la pinta— ha sido objeto de controversia. Algunos han defendido que llegó a Europa desde América con los viajes de Colón; otros, que ya circulaba en el Viejo Mundo antes de la colonización. Ahora, un hallazgo realizado en un abrigo rocoso en la Sabana de Bogotá, en Colombia, cambia radicalmente las coordenadas de esta discusión. Un equipo de científicos internacionales ha logrado secuenciar el genoma de Treponema pallidum, la bacteria causante de estas enfermedades, a partir de un esqueleto humano de hace 5.500 años. Y lo que han encontrado reescribe los primeros capítulos de una de las enfermedades más estigmatizadas y persistentes de la historia.
El estudio, publicado en la revista Science, ha sido liderado por investigadores de la Universidad de Lausana, la Universidad de California en Santa Cruz y otras instituciones de América y Europa. No se trata solo del genoma más antiguo jamás recuperado de este patógeno. Lo más revelador es que pertenece a una cepa desconocida hasta ahora, una línea evolutiva hermana de todas las variantes modernas de T. pallidum. Según los análisis moleculares, esta cepa divergió hace unos 13.700 años, durante el final del Pleistoceno, mucho antes de que las sociedades agrícolas o las grandes ciudades alteraran la relación de los humanos con las enfermedades infecciosas.
Un esqueleto sin señales visibles, pero con un secreto molecular
El protagonista de esta historia fue un hombre de entre 45 y 60 años que vivió hace más de cinco milenios en lo que hoy es Cundinamarca. Sus restos, encontrados en el yacimiento de Tequendama I, no mostraban señales visibles de haber sufrido sífilis u otra enfermedad treponémica. Sin embargo, un fragmento de su tibia albergaba un testimonio silencioso: fragmentos de ADN bacteriano que, gracias a las técnicas de secuenciación de nueva generación, permitieron a los investigadores reconstruir su infección con una fidelidad sorprendente.
El hallazgo fue inesperado. El análisis genético original del esqueleto tenía como objetivo estudiar la historia poblacional de los pueblos precolombinos. Pero al revisar las muestras con herramientas de detección metagenómica, los científicos identificaron huellas de T. pallidum. Lo extraordinario no es solo que este es el genoma más antiguo de la bacteria; es que pertenece a una variante que ya no existe hoy y que se separó de las cepas modernas miles de años antes de que las primeras epidemias de sífilis devastaran Europa en el siglo XV.

Un patógeno que evolucionó con los humanos
Las enfermedades treponémicas han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Aunque comparten una base genética casi idéntica, las distintas formas —sífilis, bejel, pian y pinta— se diferencian por sus síntomas, sus formas de transmisión y sus áreas geográficas. Mientras que la sífilis se transmite por vía sexual y afecta múltiples órganos, otras como el pian o la pinta se contagian por contacto directo con la piel y tienen una expresión clínica más localizada.
Lo fascinante de esta nueva cepa, bautizada como TE1-3, es que, a pesar de su antigüedad, ya contenía genes asociados a la virulencia. En otras palabras, tenía el potencial de producir enfermedades similares a las de sus descendientes modernos. Sin embargo, sigue siendo una incógnita si se transmitía sexualmente o de otra manera. De hecho, algunos investigadores sugieren que la sífilis como infección venérea podría haber surgido mucho más tarde, posiblemente como una adaptación al entorno social de las grandes ciudades europeas en expansión.
Un origen americano más que probable
El hallazgo colombiano refuerza la hipótesis americana sobre el origen de la sífilis. Lejos de ser una enfermedad traída por los europeos al Nuevo Mundo, los datos actuales indican que T. pallidum ya formaba parte del paisaje patológico de las poblaciones indígenas miles de años antes del contacto. Estudios anteriores ya habían identificado el patógeno en restos humanos precolombinos en Brasil y Chile, pero siempre posteriores al año 1000. El caso de Tequendama amplía ese registro por más de tres milenios, colocándolo en el corazón del Holoceno.
Pero más allá de las etiquetas geográficas, lo que este descubrimiento evidencia es la complejidad ecológica de las enfermedades infecciosas. Lejos de limitarse a un continente o una cultura, T. pallidum parece haber sido un actor invisible en la historia biológica de los pueblos originarios del continente americano, evolucionando en paralelo a las transformaciones sociales, ambientales y económicas de estas sociedades.
¿El primer patógeno global?
La sífilis, tal como se conoció en la Europa del Renacimiento, fue una enfermedad profundamente estigmatizada, relacionada con el pecado, la moral y la sexualidad. Su expansión fue rápida y devastadora, lo que ha llevado a algunos historiadores a considerarla la primera enfermedad «globalizada». Pero el descubrimiento en Colombia obliga a replantear esta narrativa. La enfermedad no nació en los puertos de Europa, ni fue un castigo divino importado. Estaba ya presente, latente, en las poblaciones americanas, mucho antes de que existieran las flotas coloniales o los grandes centros urbanos.
Este tipo de investigaciones paleogenómicas no solo enriquecen la historia de la medicina, sino que abren nuevos caminos para entender la evolución de las enfermedades. Saber cómo los patógenos se han adaptado a los humanos en el pasado puede ofrecer pistas sobre cómo podrían comportarse en el futuro. Además, subrayan la necesidad de abordar la historia de las enfermedades desde perspectivas más amplias, que incluyan a las comunidades indígenas, los contextos ambientales y las trayectorias biológicas más profundas.

Uno de los aspectos más destacados del estudio ha sido la forma en que se ha trabajado con las comunidades locales. Lejos de actuar como forasteros que extraen conocimiento de restos ajenos, los investigadores compartieron sus hallazgos con académicos, estudiantes y representantes comunitarios en Colombia. Este enfoque colaborativo ha sido clave para asegurar que los resultados no solo aporten a la ciencia global, sino que también enriquezcan la comprensión local de una historia de salud y enfermedad profundamente enraizada en el territorio.
En definitiva, lo que comenzó como una búsqueda de ADN humano terminó revelando el pasado oculto de un patógeno que ha modelado siglos de historia y continúa siendo un desafío para la salud pública en el presente. Desde una tibia sin huellas visibles, ha surgido una historia invisible pero crucial: la del antiguo y complejo vínculo entre los humanos y sus microbios.
Referencias
- Bozzi, D., Broomandkhoshbacht, N.Z., Delgado, M., et al. A 5500-year-old Treponema pallidum genome from Sabana de Bogotá, Colombia. Science (2026). DOI: 10.1126/science.adw3020
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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