Reescriben la historia de la evolución: un descubrimiento molecular sin precedentes sugiere que Homo erectus intercambió genes con otros grupos humanos arcaicos hace 400.000 años

Durante décadas, Homo erectus ha ocupado un lugar central en la historia de la evolución humana. Fue el primer representante de nuestro género que abandonó África y colonizó buena parte de Eurasia hace cerca de dos millones de años. Sin embargo, pese a su enorme importancia, seguía siendo una de las especies humanas más enigmáticas desde el punto de vista genético. Su gran antigüedad hacía prácticamente imposible recuperar ADN y obligaba a los investigadores a reconstruir su historia únicamente a partir de fósiles y herramientas de piedra.
Ahora, esa situación ha comenzado a cambiar. Un equipo internacional de investigadores ha logrado extraer proteínas del esmalte dental de seis individuos de Homo erectus hallados en distintos yacimientos de China con una antigüedad aproximada de 400.000 años. Tal y como ha revelado el estudio publicado en la revista Nature, este análisis no solo ha permitido identificar una característica molecular desconocida hasta ahora, sino que también apunta a una posible conexión genética entre Homo erectus, los denisovanos e incluso algunas poblaciones humanas actuales.
El hallazgo supone uno de los mayores avances de los últimos años en paleoproteómica, una disciplina que estudia proteínas antiguas cuando el ADN ya no ha sobrevivido al paso del tiempo. Gracias a esta técnica, los científicos pueden acceder a información biológica que parecía definitivamente perdida y reconstruir episodios de la evolución humana que hasta ahora solo podían plantearse como hipótesis.
Seis dientes repartidos por China esconden una historia común
Los investigadores analizaron dientes procedentes de tres de los yacimientos más importantes del Pleistoceno chino: Zhoukoudian, Hexian y Sunjiadong. Aunque estos lugares se encuentran separados por cientos de kilómetros y presentan diferencias anatómicas entre sus fósiles, todos los individuos compartían exactamente las mismas variantes en una proteína del esmalte denominada ameloblastina (AMBN).
Este dato llamó especialmente la atención del equipo porque sugería que aquellos grupos de Homo erectus mantenían una identidad biológica común pese a vivir en regiones distintas del este de Asia.
El estudio también permitió determinar el sexo de los individuos mediante proteínas asociadas al cromosoma Y. Cinco correspondían a varones y uno pertenecía a una mujer adulta, una información que hasta hace muy poco era prácticamente imposible obtener en fósiles tan antiguos.
Para alcanzar estos resultados, los científicos recurrieron al esmalte dental, considerado el tejido más resistente del organismo. A diferencia del ADN, que suele degradarse rápidamente durante cientos de miles de años, las proteínas atrapadas en el esmalte permanecen protegidas durante periodos mucho más largos, convirtiéndose en una auténtica cápsula del tiempo biológica.

Los restos recuperados en Sunjiadong forman parte de un conjunto de seis dientes de unos 400.000 años que han revelado nuevas conexiones entre antiguos linajes humanos.
Una mutación nunca vista en ningún otro ser humano
La sorpresa más llamativa apareció al comparar las proteínas obtenidas con las conocidas en humanos modernos, neandertales, denisovanos e incluso otros fósiles de Homo erectus hallados anteriormente.
Los seis individuos chinos compartían una variante molecular que nunca había sido identificada en ninguna otra especie humana conocida. Según indican los autores del trabajo, esta mutación parece exclusiva de estas poblaciones de Homo erectus que habitaron China durante el Pleistoceno medio.
El descubrimiento resulta especialmente importante porque proporciona, por primera vez, un marcador biológico capaz de distinguir a estas poblaciones asiáticas de otros grupos humanos antiguos.
Hasta ahora, la clasificación de muchos fósiles dependía casi exclusivamente de diferencias anatómicas, que en ocasiones eran objeto de debate entre especialistas. Disponer de una señal molecular independiente refuerza la identificación de estos restos y ayuda a reconstruir con mayor precisión la diversidad que existía dentro de Homo erectus.
Los autores consideran además que esta nueva evidencia confirma que algunos fósiles cuya clasificación había sido discutida, como los encontrados en Hexian, pertenecen realmente a Homo erectus y no a otros grupos humanos arcaicos.
La pista que conecta a Homo erectus con los denisovanos
Pero el descubrimiento más llamativo no fue esa mutación inédita.
Los investigadores identificaron una segunda variante en la misma proteína que ya era conocida porque aparecía en los denisovanos, aquellos misteriosos humanos extinguidos descubiertos gracias al ADN recuperado en una cueva de Siberia y posteriormente identificados también en otros lugares de Asia.
Lo realmente sorprendente es que esta misma variante también está presente, aunque de forma muy minoritaria, en algunos seres humanos actuales, especialmente en determinadas poblaciones del sudeste asiático y Oceanía.
Tal y como plantea el estudio, la explicación más probable es que esa variante pasara primero desde poblaciones relacionadas con Homo erectus hacia los denisovanos cuando ambos grupos coexistieron en Asia oriental hace cientos de miles de años. Posteriormente, cuando los denisovanos se cruzaron con los antepasados de nuestra especie, parte de ese legado terminó incorporándose al genoma de algunos humanos modernos.
No significa que los seres humanos actuales descendamos directamente de Homo erectus, sino que ciertos fragmentos genéticos podrían haber seguido un complejo recorrido entre distintas especies humanas a lo largo de cientos de miles de años.
Zhoukoudian alberga algunos de los fósiles de Homo erectus más famosos del mundo y sigue siendo una referencia imprescindible para estudiar la evolución humana en Asia.
Un rompecabezas evolutivo mucho más complejo de lo que se pensaba
Durante décadas, la evolución humana se representó como una sucesión relativamente sencilla de especies que iban reemplazándose unas a otras.
Sin embargo, los descubrimientos de los últimos quince años han transformado completamente esa imagen. Hoy sabemos que neandertales, denisovanos y Homo sapiens intercambiaron genes en numerosas ocasiones. Ahora, este nuevo trabajo sugiere que Homo erectus también pudo formar parte de esa compleja red de contactos.
Los propios autores son prudentes. El estudio no dispone de ADN de Homo erectus, sino únicamente de proteínas, por lo que todavía quedan numerosas preguntas abiertas. Será necesario analizar más fósiles procedentes de otras regiones de Asia e intentar recuperar nuevos restos moleculares para comprobar hasta qué punto esta interacción fue frecuente.
Aun así, los resultados encajan con modelos genéticos que desde hace años proponían la existencia de aportaciones procedentes de una población humana muy antigua hacia los denisovanos. Hasta ahora no se conocía con claridad cuál podía haber sido esa población. Este trabajo sitúa a Homo erectus entre los principales candidatos.

Las proteínas conservadas en este fósil apoyan la idea de que diferentes poblaciones de Homo erectus compartían características biológicas comunes en el este de Asia.
Las proteínas antiguas abren una nueva etapa para conocer nuestros orígenes
Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que demuestra el enorme potencial de las proteínas fósiles para investigar periodos donde el ADN resulta irrecuperable.
En los últimos años, la paleoproteómica ya ha permitido identificar nuevas relaciones evolutivas entre diferentes especies humanas. Ahora comienza además a ofrecer información sobre el sexo de individuos, variaciones genéticas específicas e incluso posibles episodios de mestizaje ocurridos cientos de miles de años antes de la aparición de nuestra especie.
Cada nuevo diente analizado amplía un archivo biológico que parecía perdido para siempre.
Los investigadores reconocen que todavía queda mucho camino por recorrer. La recuperación de proteínas de otros fósiles de Homo erectus en África, Indonesia o Europa permitirá comprobar si estas variantes eran exclusivas de las poblaciones chinas o si estaban más extendidas de lo que hoy conocemos.
Lo que parece cada vez más evidente es que la evolución humana fue mucho menos lineal de lo que durante décadas mostraron los libros de texto. Diferentes especies convivieron, compartieron territorios y, probablemente, también intercambiaron genes durante cientos de miles de años.
Gracias a seis dientes conservados durante cuatrocientos milenios, esa historia empieza ahora a escribirse con un nivel de detalle que hasta hace muy poco parecía imposible.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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