Un estudio derriba el mito de que los primeros constructores neolíticos arrasaron los bosques de Europa hace 6.000 años

Hace casi seis milenios, en un rincón de la actual Polonia occidental, un grupo de agricultores neolíticos alzó cinco montículos alargados de tierra junto a la orilla de un pequeño lago. Durante largo tiempo, la arqueología asumió que estas comunidades, conocidas como la Cultura de los vasos de embudo, habían sido responsables de las primeras grandes talas forestales de Europa central. Una nueva investigación, sin embargo, echa por tierra esa suposición.
Un equipo de investigadores de la Universidad Adam Mickiewicz de Poznan, en Polonia, ha analizado los sedimentos acumulados durante más de 700 años en ese lago desaparecido. El resultado, publicado en el Journal of Archaeological Science, invita a repensar la relación entre los primeros constructores de tumbas monumentales y los bosques que los rodeaban. Lo que encontraron bajo el fango del antiguo lago no fue el rastro de una devastación, sino el testimonio de una convivencia equilibrada entre las personas y el bosque primigenio.
La sostenibilidad ambiental no es un invento moderno, sino una estrategia que ya practicaban comunidades humanas hace casi 6.000 años.

¿Arrasaron los bosques los primeros agricultores?
Durante décadas, la imagen dominante en la arqueología presentaba a los pueblos neolíticos como los grandes deforestadores de Europa. Su llegada, hace unos 6.000 años, transformó paisajes silvestres en campos y pastos.
Los constructores de tumbas monumentales, activos entre el 4100 y el 2500 a. C., se consideraban artífices de esa transformación radical. Sin embargo, el nuevo estudio revela un panorama mucho más matizado, al menos en las tierras bajas de Polonia.
Cerca de la localidad de Sobota, a solo 18 kilómetros de Poznan, se descubrió un cementerio con cinco túmulos alargados en 2019 gracias a imágenes obtenidas por láser aéreo. Junto a estas tumbas se conserva una antigua turbera, heredera de un lago que existió durante la ocupación neolítica. Ese lago se convirtió en un archivo natural que, durante siglos, registró el polen, las cenizas y los sedimentos que el paisaje circundante iba dejando caer en sus aguas.
Gracias al polen conservado en un antiguo lago de Sobota, Polonia, un equipo ha identificado qué especies de árboles y plantas dominaban el entorno entre el 3900 y el 3120 a. C.

Un lago fósil que guarda 700 años de historia
Los científicos extrajeron una columna de sedimento de casi seis metros de profundidad y la dataron mediante radiocarbono. Esto les permitió reconstruir con enorme precisión los cambios ambientales ocurridos entre el 3900 y el 3120 a. C.
Gracias al polen conservado, el equipo ha sido capaz de identificar qué especies de árboles y plantas dominaban el entorno en cada momento. También estudiaron los restos de carbón vegetal, que confirman tanto la presencia de incendios prehistóricos como su intensidad.
El dato más llamativo apunta a una altísima acumulación de polen registrada justo antes y durante la construcción de los túmulos, hacia el 3660 a. C. Según los expertos, cabría esperar lo contrario si los bosques se hubieran arrasado masivamente.
Los pobladores neolíticos parecen haber talado de manera selectiva arbustos y árboles jóvenes, más fáciles de cortar con herramientas de piedra. Habrían dejado crecer los árboles más gruesos.

El secreto de los árboles que producían más polen
Para entender el hallazgo, podemos imaginar un huerto. Si se despejan las malas hierbas y los arbustos jóvenes que compiten por la luz, los árboles adultos que quedan recibirán más sol y nutrientes. Esos árboles maduros, liberados de sus competidores, no solo crecen mejor: también producen más flores y, por tanto, más polen. Es exactamente lo que documentaron los investigadores en Sobota.
Los pobladores neolíticos parecen haber talado de manera selectiva arbustos y árboles jóvenes, más fáciles de cortar con herramientas de piedra. Los ejemplares viejos, de troncos más gruesos, por su parte, permanecieron en pie y formaron lo que los autores llaman un bosque de crecimiento antiguo.
Esta poda selectiva explicaría por qué los niveles de polen se dispararon en los sedimentos, pese a que la masa forestal real apenas se redujo. El bosque no desapareció, sino que simplemente se aclaró y los árboles supervivientes florecieron con más fuerza.
Fuego, pastos y campos
El estudio también rastreó el papel del fuego, la herramienta que se asocia tradicionalmente a la deforestación prehistórica. Según los resultados obtenidos, antes del año 3320 a. C., el combustible de los incendios detectados procedía sobre todo de pastizales y hierbas, no de madera. Esto sugiere que el fuego se limitaba a zonas abiertas; por tanto, no habría devorado la masa forestal.
Los primeros indicios de agricultura, revelados gracias a la presencia de polen de cereales como el centeno, aparecieron unos 100 años antes del aumento de la actividad del fuego y al menos 120 años antes de la construcción de la tumba mejor datada. Esto indicaría, según los expertos, que el uso económico del territorio precedió a la función funeraria. Primero se cultivó y se pastoreó la tierra; después, ese mismo espacio se convirtió en un lugar sagrado para enterrar a los muertos.
Primero se cultivó y se pastoreó la tierra; después, ese mismo espacio se convirtió en un lugar sagrado para enterrar a los muertos.

Un modelo de convivencia rotatoria con el paisaje
A la vista de los datos obtenidos, los investigadores proponen que estas comunidades aplicaron un sistema de cultivo rotatorio, similar al descrito en yacimientos megalíticos de Dinamarca. Este sistema consistía en alternar el uso del suelo en ciclos sucesivos. Primero, se despejaba una parcela boscosa mediante la tala o la quema controlada. Después, se sembraban cereales durante varias temporadas, hasta convertir el terreno en pasto para el ganado. Cuando la parcela quedaba agotada, se abandonaba y el bosque volvía a colonizarla de forma natural: así se cerraba el ciclo. Este modelo permitía alimentar a la comunidad sin necesidad de expandirse constantemente hacia nuevas tierras vírgenes.
El hallazgo demuestra que la sostenibilidad ambiental no es un invento moderno, sino una estrategia que ya practicaban comunidades hace casi 6.000 años. Comprenderlo no solo obliga a revisar cómo narramos el impacto humano sobre los ecosistemas antiguos, sino que también nos alecciona sobre cómo podríamos rescatar de aquellas primeras soluciones de equilibrio entre agricultura y bosque.
Referencias
- Żurkiewicz, D., Wochal, D., Hildebrandt-Radke, I., Lamentowicz, M., Niebieszczański, J., Karpińska-Kołaczek, M. y Kołaczek, P. 2026. «Old-growth forest and sacred landscape with Middle Neolithic non-megalithic barrows in western Poland during the 4th millennium BCE». Journal of Archaeological Science, 192, 106624. DOI: 10.1016/j.jas.2026.106624
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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