Un estudio reescribe la historia de Mohenjo-daro, la mayor ciudad de la civilización del Indo: hace 4.000 años pudo prosperar porque sus ciudadanos vivían con menos desigualdad

Durante décadas, buena parte de la historiografía asumió que el nacimiento de las primeras ciudades estuvo inevitablemente ligado a la aparición de élites poderosas, grandes desigualdades y una concentración creciente de la riqueza. Desde Egipto hasta Mesopotamia, pasando por Creta o las primeras monarquías orientales, el desarrollo urbano suele ir acompañado de palacios monumentales, tumbas fastuosas y gobernantes que acumulaban recursos y poder. Sin embargo, una antigua ciudad situada en el actual Pakistán parece estar obligando a revisar esa idea.
Mohenjo-daro, uno de los mayores centros urbanos de la civilización del Indo, no solo habría sido una ciudad relativamente igualitaria para su tiempo, sino que además se habría vuelto todavía más equitativa a medida que crecía y se hacía más compleja. Así lo plantea un estudio publicado en la revista Antiquity, cuyos autores analizaron cientos de viviendas excavadas en la ciudad para medir cómo evolucionó la desigualdad económica entre sus habitantes.
El trabajo, liderado por Adam S. Green, de la Universidad de York, utiliza una herramienta poco habitual para estudiar sociedades antiguas: el coeficiente de Gini, un indicador económico que hoy se emplea para medir la desigualdad en los países modernos. Cuanto más cerca está de 0, más igualitaria es una sociedad; cuanto más se aproxima a 1, mayor es la concentración de riqueza.
Lo sorprendente es que Mohenjo-daro ofrece cifras alejadas de las esperadas para una gran urbe de la Edad del Bronce. Frente a ciudades contemporáneas de Mesopotamia o del Mediterráneo oriental, donde la desigualdad era mucho más pronunciada, la ciudad del Indo presenta niveles moderados e incluso decrecientes con el paso del tiempo.
La investigación se apoya en antiguos registros arqueológicos realizados durante las excavaciones del siglo XX, especialmente en los planos de viviendas y barrios completos. A partir de esos datos, los investigadores reconstruyeron el tamaño de las residencias y calcularon cómo se distribuía el espacio doméstico entre la población. El resultado dibuja una imagen inesperada: las diferencias entre las casas más grandes y las más pequeñas se fueron reduciendo a lo largo de los siglos.
Una ciudad sin palacios ni tumbas reales
Mohenjo-daro floreció entre aproximadamente el 2600 y el 1900 a.C. y llegó a convertirse en una de las mayores ciudades del mundo antiguo. Situada junto al río Indo, contaba con calles planificadas, sistemas de drenaje avanzados, pozos privados y edificios públicos de gran tamaño. Pero había algo que faltaba.
No aparecieron palacios reales. Tampoco tumbas monumentales repletas de oro. Ni esculturas glorificando reyes. Esa ausencia lleva décadas desconcertando a los arqueólogos, acostumbrados a identificar el poder político en las grandes construcciones reservadas a élites.
Tal y como indica el estudio, mientras otras civilizaciones levantaban pirámides para sus gobernantes o enormes complejos palaciegos, los habitantes del Indo parecían invertir sus recursos en infraestructuras colectivas. El urbanismo de Mohenjo-daro estaba pensado para la vida cotidiana: alcantarillado, calles organizadas, baños y espacios funcionales distribuidos por toda la ciudad.
La imagen tradicional de las primeras civilizaciones suele estar asociada a reyes-sacerdotes, burocracias centralizadas y sociedades muy jerarquizadas. Pero en Mohenjo-daro las evidencias materiales cuentan otra historia. Incluso los famosos sellos del Indo, utilizados probablemente para el comercio y el control económico, aparecen con frecuencia en viviendas normales y no en edificios exclusivos o administrativos.

Ese detalle es importante. En muchas sociedades antiguas, las herramientas relacionadas con el intercambio y la administración estaban controladas por palacios o templos. Aquí, en cambio, parece que estaban mucho más repartidas entre la población.
Los investigadores creen que esto podría reflejar un sistema de gobierno más colectivo o, al menos, menos concentrado en manos de una minoría. En lugar de un poder centralizado acumulando recursos, habría existido una organización urbana orientada a distribuir servicios y oportunidades de forma más amplia.
Mientras otras civilizaciones levantaban palacios para sus élites, Mohenjo-daro construía alcantarillas, calles organizadas y barrios sorprendentemente igualitarios.
El misterio de una desigualdad que disminuye
Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la evolución temporal de la ciudad. Los investigadores detectaron que las viviendas más grandes pertenecen a las fases más antiguas de Mohenjo-daro. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias entre residencias comenzaron a reducirse.
En una de las zonas analizadas, conocida como DK-G South, el coeficiente de Gini descendió progresivamente hasta situarse en torno a 0,23 hacia el 2100 a.C., un valor sorprendentemente bajo para una gran ciudad de la Edad del Bronce. Para comparar, algunos asentamientos neolíticos considerados tradicionalmente igualitarios presentan cifras similares.
Lo interesante es que esta reducción de la desigualdad coincide además con una reorganización urbana cada vez más sofisticada. Las casas comenzaron a alinearse mejor con las calles y el trazado de la ciudad se volvió más ordenado. Lejos de mostrar señales de decadencia, Mohenjo-daro parece haber experimentado un periodo de fuerte desarrollo urbano precisamente cuando la desigualdad disminuía.
Tal y como ha revelado la investigación, también existen indicios de que la productividad económica aumentó durante esos siglos. Algunas áreas muestran más actividad artesanal y una expansión de determinadas actividades productivas. Es decir, la ciudad no se volvió más igualitaria porque se empobreciera, sino posiblemente mientras prosperaba.
Ese punto cuestiona una idea profundamente arraigada tanto en la economía moderna como en la interpretación histórica: la creencia de que el crecimiento económico conduce inevitablemente a una mayor desigualdad.
En Mohenjo-daro ocurrió algo diferente. La prosperidad y la relativa igualdad parecen haber avanzado al mismo tiempo.
La civilización del Indo y un modelo urbano distinto
La civilización del Indo sigue siendo una de las más enigmáticas del mundo antiguo. Se desarrolló en amplias regiones del actual Pakistán y del noroeste de India, contemporánea de Egipto y Mesopotamia, pero con rasgos muy distintos.
Sus ciudades muestran una estandarización extraordinaria en pesos, medidas y construcción. Los ladrillos seguían proporciones similares en enormes territorios y existía una red comercial muy activa. Sin embargo, los símbolos clásicos del poder jerárquico son extremadamente escasos.
Durante años, algunos especialistas interpretaron esa ausencia como un problema del registro arqueológico. Otros defendieron que las élites simplemente no se habían conservado. Pero cada vez más investigadores consideran que el Indo pudo haber desarrollado formas de organización política diferentes a las de otros grandes estados antiguos.
El nuevo estudio encaja precisamente en esa línea. Los autores sugieren que la gobernanza colectiva y la inversión en bienes públicos pudieron desempeñar un papel clave para contener la desigualdad.
La propia infraestructura urbana parece apuntar en esa dirección. Mantener sistemas de drenaje, calles organizadas y servicios compartidos requería coordinación, planificación y cooperación social. Y esa capacidad colectiva pudo ser precisamente uno de los factores que permitió a Mohenjo-daro mantenerse estable durante siglos.
El trabajo también plantea una reflexión más amplia sobre cómo entendemos las primeras ciudades. Durante mucho tiempo, el desarrollo urbano se interpretó casi exclusivamente como el triunfo de jerarquías políticas y económicas cada vez más fuertes. Mohenjo-daro sugiere que la historia pudo ser bastante más diversa.

Las calles rectas, los drenajes de ladrillo y la ausencia de palacios convierten a Mohenjo-daro en una de las ciudades más desconcertantes de la Antigüedad.
Un hallazgo con ecos actuales
Más allá de la arqueología, el estudio tiene una lectura inevitablemente contemporánea. En un mundo donde el aumento de la desigualdad preocupa cada vez más a economistas y gobiernos, el caso de Mohenjo-daro introduce una pregunta incómoda: ¿es realmente inevitable que la prosperidad termine concentrándose en pocas manos?
Los autores del trabajo no presentan la ciudad del Indo como una utopía perfecta. La desigualdad existía, y las diferencias sociales formaban parte de aquella sociedad. Pero los datos indican que esas diferencias no crecieron al ritmo habitual de otras grandes civilizaciones antiguas.
De hecho, la investigación apunta justo en la dirección contraria: cuanto más madura y organizada se volvía la ciudad, más moderadas parecían las distancias económicas entre sus habitantes.
Aún quedan muchas incógnitas por resolver. Los arqueólogos reconocen que las antiguas excavaciones contienen limitaciones y que futuros estudios podrían modificar parte de las interpretaciones actuales. Sin embargo, el patrón general parece claro: Mohenjo-daro no encaja en el relato clásico sobre el nacimiento de las ciudades y las élites.
Y quizá ahí reside precisamente su importancia histórica. Mientras otras civilizaciones levantaban monumentos para glorificar a sus gobernantes, los habitantes del Indo construían alcantarillas, calles y barrios donde la riqueza parecía repartirse de una manera mucho más equilibrada de lo que nadie esperaba.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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