Juan Pablo Dos Santos inspira y apoya a sobrevivientes amputados tras los terremotos: «La prótesis no te salva; la decisión, sí» – AlbertoNews

Cientos. ¿Miles? Eso es lo que hay del otro lado de un número que todavía nadie ha terminado de contar: los amputados del terremoto del 24 de junio.
Por El Nacional
Personas que sobrevivieron al derrumbe y despertaron en una cama de hospital sin un brazo, sin una pierna, sin un pie. Que tienen que decidir ahora, con lo que son, qué hacen con el resto de sus vidas.
Juan Pablo Dos Santos también se hizo esa pregunta a los 22 años, desde una cama de terapia intensiva, después de que un accidente de tránsito en Caracas le arrancara las dos piernas.
La respuesta, tiempo después, lo llevó al Maratón de Nueva York, a la Fashion Week, a los hospitales de La Guaira.
Hoy tiene una nueva misión. Otra respuesta.
La segunda crisis
El doble terremoto ocurrido en Venezuela hace apenas un mes se mide en muertos, en edificios caídos, en familias desplazadas.
Esos números existen, aunque sean imprecisos: más de 5.000 fallecidos, 7.000 personas rescatadas, según cifras oficiales Pero hay otro número que no ha sido cuantificado: el de personas que sobrevivieron y perdieron, en el proceso, un brazo, una pierna, un pie.
Las lesiones por aplastamiento —las que produce el peso de toneladas de concreto sobre un cuerpo humano— tienen una consecuencia específica que la medicina llama amputación. Y una amputación es, posiblemente, el comienzo de una segunda vida que exige recursos, dispositivos, acompañamiento y tiempo.
Lo primero que hay que entender es que una prótesis no es un accesorio. Es la diferencia entre caminar y no hacerlo. Entre trabajar y no trabajar. Entre la dependencia total y la autonomía posible.
En Venezuela, donde el acceso a dispositivos médicos especializados era limitado incluso antes del terremoto, la urgencia de cientos de personas que los necesitan configura una crisis de segundo nivel que ocurre en silencio, lejos de las cámaras, en habitaciones de hospital sin visita.
Juan Pablo Dos Santos lleva semanas visitando esas habitaciones. Alrededor de 50 pacientes. Uno a uno. Amputados, adultos y niños, que despiertan en camas sin saber bien aún lo que les ocurrió. Todos se preguntan lo mismo: cómo sigo.
El galpón de Catia
Quien entra por primera vez a Ortoprotécnica no sabe exactamente adónde llegó. El galpón ubicado en Catia tiene herramientas, yeso, moldes, máquinas de ejercicios. Hay cuchillos, serruchos, máquinas industriales que cortan y dan forma.
También fibra de carbono y materiales importados de Alemania, Francia, Japón, Estados Unidos, Brasil. Y hay sillas de ruedas a medio ensamblar y prótesis en distintas etapas de fabricación.
Parece una ferretería industrial. Pero entre esas máquinas, entre ese olor a plástico caliente y material trabajado, hay personas que llegaron sin extremidades y salieron caminando.
Y no es solo aquel espacio productivo lo que llama la atención. Es lo que habita dentro: amputados en proceso de rehabilitación junto a especialistas que trabajan en silencio, que miden, cortan, ajustan, prueban. Un universo donde la urgencia técnica y la humana comparten el mismo metro cuadrado.
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