Posible sobrecupo: embarcación con 18 pasajeros naufragó en el sur de Bolívar ante la furia del Río Magdalena
📅 🕐 15 Abr 2026🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 4 min de lectura
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En el sur de Bolívar, donde el río Magdalena no avisa y sus corrientes tienen un lenguaje propio que solo los baquianos entienden, pero que a veces, ni ellos mismos pueden descifrar. Eran pasadas las horas del mediodía cuando una chalupa, con 18 personas a bordo, incluidos niños y mujeres, se convirtió en una cáscara de nuez frente a la furia de la Ciénaga de la Iguana.
Lo que debía ser un tránsito rutinario entre los municipios de Magangué y Tiquisio terminó en un naufragio que, por obra de la geografía y el azar, no se transformó en una tragedia nacional.
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El asalto del viento y la corriente
Panorámica del río Magdalena. Foto:Adriana Garzón
La travesía transcurría con el monótono rugido del motor fuera de borda. Los pasajeros, acostumbrados al vaivén de las rutas fluviales, apenas prestaban atención al horizonte. Sin embargo, en cuestión de segundos, el cielo cambió de tono. Los ‘vientos de lluvia’, como los llaman en la región, descendieron sobre la ciénaga con una violencia inusitada, levantando un oleaje que superaba la borda de la embarcación.
«La chalupa comenzó a moverse muy fuerte. El pánico se apoderó de todos. Gritos de auxilio. En minutos el casco cedió y la embarcación se nos hundió«, señaló uno de los rescatados a la radio local.
Lodo firme
Cuando el agua alcanzó los cuellos de los pasajeros, ocurrió lo impensado. En lugar de ser arrastrados por las corrientes traicioneras que suelen devorar todo a su paso en esta zona, los náufragos sintieron el suelo bajo sus pies. El hundimiento se produjo en un sector de baja profundidad, una suerte de «banco de lodo» que permitió que los 18 ocupantes se mantuvieran en pie, con el agua al pecho, rodeados por la inmensidad de la ciénaga y el viento que no cesaba.
Allí, en ese limbo entre la vida y la muerte, esperaron. La solidaridad del río llegó con otra embarcación que, al avistar la emergencia, desvió su rumbo para iniciar el rescate. Uno a uno, empapados y tiritando de terror, los pasajeros fueron sacados del agua. No hubo desaparecidos. No hubo luto. Solo el silencio de quienes saben que acaban de burlar al destino.
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Un sistema de transporte en deuda
Más allá del milagro, este incidente abre nuevamente el expediente judicial sobre la seguridad en las rutas fluviales de Bolívar. Habitantes de Magangué y Tiquisio denuncian que, con la llegada de la temporada de lluvias, el río se vuelve una ruleta rusa.
El clima repentino y los cambios atmosféricos en la depresión momposina son cada vez más impredecibles.
A lo anterior se suma la precariedad de muchas de estas embarcaciones operan al límite de su capacidad y sin equipos de salvamento adecuados para enfrentar tormentas de esta magnitud.
Según la comunidad, hay falta de control y vigilancia en los puntos intermedios de las rutas fluviales que siguen siendo un reto para las autoridades fluviales y la Inspección de Policía.
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Las investigaciones
Al caer la tarde, los 18 pasajeros llegaron a puerto. Sanos, salvos, pero con la mirada perdida en la corriente. En la Ciénaga de la Iguana quedó sumergida la chalupa, como un recordatorio mudo de que en el Magdalena; la diferencia entre una anécdota de viaje y un obituario es, a veces, un simple banco de arena de medio metro de profundidad.
Las autoridades judiciales han iniciado las indagaciones para determinar si hubo sobrecupo o negligencia en el despacho de la nave bajo condiciones climáticas adversas. Mientras tanto, el río sigue corriendo, esperando el próximo viento, la próxima ola.