Crisis bilateral | Radiografía de GAESA, el emporio militar empresarial de Cuba que Estados Unidos quiere hundir | elperiodico.com

«¡La espera ha terminado! Iberostar Selection La Habana abre sus puertas para disfrutar impresionantes vistas de la ciudad. Nuestro hotel 5 estrellas se encuentra en la céntrica calle 23, avenida cinematográfica por excelencia. ¡Bienvenidos a La Habana desde su máxima altura!«, invitó la cadena hotelera en febrero del pésimo 2025. Cuarenta y dos plantas y 454 habitaciones. Desde sus ventanales se divisaba entonces una ciudad con barrios arruinados y basura acumulada en las esquinas. La llamada Torre K puede verse desde cualquier punto de la capital cubana. Es un emprendimiento mixto. La marca española se encarga de la gestión y comercialización. Los edificios y terrenos pertenecen al Estado cubano, y están en la órbita del acrónimo que por estos días está en boca de todos, GAESA, que, como si fuera otro edificio, se levanta en el centro de la controversia entre la isla y Estados Unidos. El Grupo de Administración Empresarial S.A es manejado por los militares y controla buena parte de la economía: el turismo, gasolineras, las finanzas a través del Banco Financiero Internacional, la recepción de remesas y casas de cambio, supermercados en dólares, servicios médicos, bienes raíces e internet. Casi todo lo que relaciona a Cuba con el mercado internacional pasa por GAESA, y esa es la razón por la que el secretario de Estado, Marco Rubio, lo convirtió en el objetivo predilecto de Washington. No son para Rubio las sanciones norteamericanas que se remontan a los años 60, tuvieron su pico de intensidad en los 90 con la ley Helms-Burton y se han recrudecido hasta el sofocamiento energético a partir de enero, las causas de las enormes penurias de los cubanos. Todo el peso del desastre, dijo el jefe de la diplomacia de Donald Trump, hijo de emigrantes cubanos antes de 1959, debe cargarse sobre las espaldas de ese conglomerado castrense.
El castrismo siempre recurrió a vías alternativas de financiación en dólares en medio de las restricciones impuestas por EEUU, incluso cuando formaba parte del ecosistema soviético. El general Arnaldo Ochoa y el coronel Tony de la Guardia manejaron una oscura trama de negocios que pasaba por Angola y Panamá y fue cortada en seco por Fidel Castro en 1989 cuando se les atribuyó a esas dos figuras con gran ascendencia interna relaciones con el narcotráfico. Ambos fueron fusilados. El Estado creyó haber aprendido la lección, pero dos años después, mientras los Castro veían perplejos cómo se desmoronaba la URSS, crearon las bases de lo que fue GAESA.
El ICE detiene, el pasado jueves en Miami, a Adys Lastres Morera, hermana de la directora del conglomerado militar cubano Grupo de Administración Empresarial S.A.(GAESA), Ania Guillermina Lastres Morera, después de que Washington le revocara la residencia permanente. / SERVICIO DE CONTROL DE INMIGRACI / Europa Press
La decidida apertura al turismo como fuente de financiación tuvo varios efectos simultáneos: partió a la isla en dos, una parte se vinculó al mercado internacional, la otra inició su irreversible pauperización. GAESA, pensada por el comandante en jefe y su hermano como la matriz de la nueva fuente de acumulación económica, quedó del lado de los ganadores. No solo eso: mientras Fidel, consciente de su declive, delegaba mayor poder a Raúl, el grupo castrense-económico se extendía tentacularmente hacia otras actividades. En la medida que Cuba pudo sustituir el crudo soviético por el venezolano, con el cambio de siglo, buena parte de las ganancias en el turismo fueron destinadas a sostener lo que el Gobierno consideraba sus blasones: la salud y la educación, la ciencia y el deporte. Siempre lo hizo de una manera imposible de auditar.
Cuestiones familiares
La impronta familiar de GAESA quedó a la vista y, otra vez en la nebulosa, cuando Raúl Castro puso al frente al general Alberto Rodríguez Lopez-Calleja: su yerno. El padre de Raúl Guillermo Rodríguez Castro, la gestionó hasta su muerte, en 2022. El modelo de sustentación económica, necesitaba, para seguir creciendo, de que se normalicen las relaciones con EEUU. Eso sucedió con Barack Obama, en 2014. Los militares se lanzaron de manera febril a edificar hoteles. Construyeron demasiados, incluso cuando se avecinaba en 2016 una tormenta llamada Trump. El inventario de daños provocado por el primer Gobierno del magnate republicano no disuadió a la corporación militar de expandirse en el turismo, ni siquiera la evidencia de que las 22.000 habitaciones nunca se ocuparon por completo y que Cuba no salía victoriosa de la competencia con otros destinos turísticos como República Dominicana y las playas de México.
Durante más de un siglo, la isla tuvo al azúcar como principal rubro exportador. Desde que los Castro apostaron por el turismo y la dinamización de la economía interna a través de las remesas, comenzaron a cerrar los ingenios. La inviabilidad del modelo no frenó el proyecto de GAESA y el despropósito quedó en evidencia durante la pandemia, cuando se construyeron resorts paradisíacos para nadie. Ni siquiera la retracción de visitantes extranjeros frenó ese impulso. EEUU había eliminado la exención de visado para los europeos que visitaban la isla, lo que tuvo su impacto en el negocio, algo que tampoco inhibió a las autoridades cubanas. Dos años atrás, la mayor de las Antillas gastó casi el 40% de su presupuesto, más de 1.500 millones de dólares, en un turismo y hostelería. El gasto en educación se desplomó entonces un 23%. La inversión en infraestructura energética fue escasa y explica en parte los apagones del presente. Las autoridades económicas podían caer del árbol del poder, como sucedió con el ministro Alejandro Gil, autor de la desastrosa reforma monetaria que terminó siendo acusado de espionaje. GAESA, en cambio, nunca fue objeto de sospechas ni críticas abiertas, aunque su cultura del secreto convirtió al emporio en un pequeño imperio que nunca tuvo que dar cuentas sobre sus decisiones. Algunos dirigentes alegaron que ese secreto obedecía a la enemistad de EEUU. Nunca pudo tampoco explicarse la vida despreocupada de los gestores y empleados de alta jerarquía en las empresas.
En la mira de EEUU
La ofensiva de Rubio contra GAESA apunta a desarticular sus relaciones con inversores europeos y canadienses. La sanción contra su presidenta ejecutiva, la generala Ania Guillermina Lastres Morera, cuya hermana acaba de ser detenida en Miami, forma parte del menú de presiones. El secretario de Estado ha planteado a La Habana en nombre de Trump una exigencia innegociable: el repliegue de los militares de la gestión de la economía cubana. Los ha acusado de ser los artífices del colapso. «Nada de este dinero se destina a construir una sola carretera, un solo puente, a dar un solo grano de arroz a un solo cubano que no sea la gente que forma parte de GAESA». En el aire queda la sensación de que Washington quiere hacer con el turismo cubano lo que ya le viene dando frutos con el petróleo venezolano.
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En la sección: El Periódico – internacional
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