Protestas masivas y represión en Kenia durante la conmemoración del Saba Saba | elperiodico.com

Las calles de Nairobi amanecieron este lunes inusualmente vacías y en tensión, cercadas por un fuerte despliegue policial, mientras se celebraba el 35.º aniversario del levantamiento popular conocido como Saba Saba (Siete Siete, en suajili), que en 1990 exigió el multipartidismo y marcó el inicio del fin del régimen autocrático de Daniel arap Moi. Más de tres décadas después, la fecha se ha resignificado como símbolo de resistencia para una nueva generación de jóvenes que cuestiona las promesas incumplidas del actual presidente William Ruto.
Las protestas se extendieron por distintas ciudades del país, entre ellas Kisii, Kitengela, Ngong y Embu. A pesar de los intentos del gobierno por bloquear las principales vías de acceso de los distintos núcleos urbanos, miles de manifestantes salieron a las calles, donde se enfrentaron a la policía lanzando piedras, a lo que estos respondieron con una lluvia de gases lacrimógenos, disparos y barricadas.
Las manadas de jóvenes desbordaron las líneas policiales y paralizaron la actividad comercial al bloquear las calles con piedras y fogatas. “Comenzó muy temprano y no tiene buena pinta, la situación se está intensificando con el paso del tiempo”, se escuchó decir a un manifestante en Mwea, otra localidad envuelta en disturbios. Las manifestaciones dejaron al menos 11 muertos y 63 heridos, al tiempo que la policía keniana anunció 567 arrestos en diferentes puntos del país.
La respuesta de este último año de las fuerzas de seguridad a los disturbios ha sido duramente criticada por organizaciones de derechos humanos y líderes religiosos. La Comisión Nacional de Derechos Humanos de Kenia (KNCHR), una institución pública independiente, también acusó a la policía de cooperar con bandas criminales durante las protestas. Se detectó en diferentes puntos del país la presencia de este tipo de grupos que «blandían armas rudimentarias, como látigos, porras de madera, machetes, lanzas, arcos y flechas» y que, en algunos casos, operaban junto con la Policía», constató el ente. “La represión que hemos presenciado es brutal, inhumana e injustificable”, denunciaron los obispos católicos de Kenia en un comunicado publicado días antes de las protestas. También Naciones Unidas y organismos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional han pedido investigaciones independientes sobre el uso excesivo de la fuerza por parte del Estado.
Una situación insostenible
El actual ciclo de protestas se enmarca en una crisis de fondo: el malestar popular por la carestía de la vida, la corrupción, las desapariciones forzadas y la represión policial. El detonante más reciente fue el rechazo a una ley presupuestaria que preveía nuevos impuestos para productos tan esenciales como el pan, lo que desató el 25 de junio pasado una jornada que terminó con 19 muertos, más de 500 detenidos y una breve ocupación del Parlamento. Ese día, el gobierno llegó a hablar de un supuesto «intento de golpe de Estado». Los últimos registros de este Saba Saba se añaden a unos datos ya trágicos: desde junio de 2024 han muerto más de 90 personas y miles han sido arrestadas, todas en protestas.
La mayoría de los manifestantes pertenecen a la llamada Generación Z, jóvenes urbanos y conectados digitalmente, que han tomado el relevo del activismo político en el país. “Lo que Ruto prometió, no lo ha cumplido”, afirma Rogers Onsomu, conductor de boda-boda (mototaxi) de 32 años, que pese a no participar activamente en las marchas, respalda las reivindicaciones y su mensaje central: Ruto Must Go [Ruto debe Irse]. “Su dimisión se ha convertido en el grito de guerra”, afirma el joven keniano.
La represión ha generado paralelismos históricos. La analista Gabrielle Lynch, experta en política africana de la Universidad de Warwick, advierte que la reacción del gobierno recuerda a los tiempos del Saba Saba original. En 1990, más de mil personas fueron arrestadas, algunas detenidas durante años y otras desaparecieron forzosamente para siempre. “Pero no estamos en los 90. Parece que no se han dado cuenta que el mundo ha cambiado”, concluye.
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