Elsa y Elmar conmovió al público con un concierto visceral y honesto, en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán

La noche del 12 de julio, el Teatro Jorge Eliécer Gaitán no fue simplemente el lugar de un concierto. Fue, por momentos, un espacio suspendido entre la fragilidad y la fuerza, la confesión y el juego. Elsa y Elmar subió al escenario con un conjunto naranja lleno de boleros, una gorra beige que terminó lanzando a mitad de canción, y una presencia contenida que explotó en intensidad apenas inició el primer acorde.
‘Tú me dejaste a mí’, la canción inaugural —incluida en su álbum Palacio— se escuchó con dificultad al principio. El sonido no estaba bien balanceado, y desde el público no se lograba entender las palabras. Aun así, la energía solidaria creció en el ambiente: la gente se puso de pie, con una entrega espontánea, casi protectora. Fue una bienvenida que parecía decir: “estamos contigo, incluso en el error”.
Minutos después, en el inicio de la segunda canción, la artista se detuvo. No por capricho ni por desánimo, sino con una sinceridad desarmante. “Dios me está enseñando demasiado estos días, huevón”, dijo. Y luego, sin endulzar nada, añadió: “El computador no está funcionando bien, que mi mamá saque agua bendita y para que se arregle esta mierda”.
Esa mezcla de humor, desespero y lucidez marcó el tono de lo que vendría: no era una artista encarnando un papel, era una persona enfrentando su noche como quien atraviesa un huracán propio, frente a cientos de testigos.
“No voy a dar un mal show”, afirmó antes de irse por unos minutos. El escenario quedó en pausa. Las luces —que hasta entonces habían sido moradas y azuladas— cambiaron a tonos amarillos y rosados mientras el equipo reajustaba lo necesario. Cuando regresó, la diferencia fue rotunda. Su voz, ya nítida, emocionó al público.
El concierto arrancó de nuevo, como si la primera parte no hubiera sucedido. En pantalla, visuales con formas geométricas. En escena, Elsa parecía más segura, más tranquila, más feliz. En la primera canción —’Visto’, también de Palacio— se sentó en el suelo, a la izquierda del escenario.
La segunda canción, entonada también por público rezaba: “Se me doblan los talones y es que te miro… es que por ti yo manejo a 100”, mientras los visuales mostraban paisajes glitcheados, fragmentados, como si la memoria se procesara en bits rotos.
En la tercera canción, ‘Sé x q sé’, una atmosfera íntima llenó el lugar. Su voz no salió del todo. En ese vacío, dijo: “yo sé que esto es un tema muy álgido, pero estoy en la confianza suficiente para confesar que yo le he visto el celular a alguien que quiero mucho”. No hubo risa nerviosa ni intento de justificarlo. Solo una verdad colocada ahí, sin anestesia.
Le entregaron una guitarra café con bordes brillantes e interpretó: “no quería hacer caso a corazonadas… miré tu celular porque estaba ahogada”.
A partir de ahí, cada pieza fue un pequeño manifiesto emocional. En ‘Policarpa’ se deslizó una frase de la canción como una cicatriz: “tan taciturna su mirada, la ola negra que me arrastró”.
En la quinta canción dio un salto a su repertorio más antiguo con ‘Amantes y amigos’, caminó siguiendo el ritmo como si le guiara un pulso interno, respondiendo con movimientos a la batería y la guitarra.
En ‘Corazones negros’, los visuales proyectaban figuras infantiles con cabezas desproporcionadas de ella misma, mientras su voz era distorsionada por sintetizadores. Se permitió correr en el escenario, hasta quedarse sin aliento: “Ay, tengo que parar. Bogotá es alto, chicas. Soy de Bucaramanga. Necesito comerme un ‘tume’. Estoy muy cansada”.
La noche transcurrió entre transiciones de temas pausados y otros más enérgicos. Cantó también ‘Grecia’, sentada en una silla blanca de madera puesta en el borde del escenario, muy cerca al público.
En medio de esa y la siguiente canción firmó un disco. Y cuando vio a una niña en primera fila, interactuó con ella para preguntarle su edad y le dijo que era muy avanzada para su edad.
La mirada de ternura no fue un gesto para la galería, sino una preocupación genuina. Un reconocimiento entre generaciones: “Esto es risas y llanto. Así es la vida”.
Uno de los momentos más intensos del concierto fue cuando habló del error:
“El desastre del error y el error me ha enseñado tanto. Pero he aprendido que no pasa nada, no pasa nada… Ahora sé que puedo ser la más top y también cagarla. Todos escogemos algo en la vida con lo que a veces nos damos palo. Esta canción la hice para que, cuando nos demos palo, recordemos que somos top. Todas. Y cuando digo todas, me refiero a todos», dijo revindicando que la mayoría del público eran mujeres.
Carátula del EP ‘No Le Creas a Tu Cabeza’. Foto:TOMADA DE SPOTIFY.
La noche siguió una versión más rock de ‘Planeando el tiempo’. Después, ‘Niña mía’ fue presentada como un recordatorio de que todos hemos sido niños, y con la ternura de esta canción que se tradujo en abrazos y lagrimas de los asistentes, Elsa demostró su lado más vulnerable.
Luego, en un subidón de energía interpretó la bachata ‘Atravesado’, en la que Elsa bailó con una drag queen y otra bailarina trans, mientras el teatro entero coreaba la letra.
La despedida llegó entre gratitud y vértigo: “Gracias por gastar su sueldo en venir… Lo bonito de todo es que llega la dicha. Eso me lo enseñó mi papá.”
El cierre de la noche inició con ‘Palacio’, luego ‘Entre las piernas’, una canción sobre lo que nadie nombra, sobre lo natural de menstruar y que sigue siendo tabú. Le siguió ‘Ojos noche’.
Un apagón de luces antecedió la fiesta: el teatro se convertía en una especie de ‘rave’ improvisado con visuales de un holograma con cuerpo humano bailando, las bailarinas de vuelta en escena. Finalmente, Elsa regresó con un vestido hecho con el diseño de la camiseta del Club Atlético Bucaramanga y cantó ‘Eres diamante’ en una versión electrónica.
Se despidió del público recorriendo todo el teatro con un bandera de Colombia en las manos. Lo dejó todo en el escenario y sin ser un espectáculo perfecto, logró algo mejor: ser honesto.
ÁNGELA MARÍA PÁEZ RODRÍGUEZ – ESCUELA DE PERIODISMO EL TIEMPO.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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