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Opinión

Un influencer para cada ser humano: uno mismo, por León Sarcos

📅 🕐 15 Ago 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 20 min de lectura
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No te pliegues. No lo diluyas. No intentes hacerlo lógico. No adaptes tu propia alma a las costumbres de los demás. En lugar de todo eso sigue tu obsesión implacablemente. Franz Kafka                                                      

Lo terminé aceptando bien tarde una mañana del año 2020. Ya se desataba con toda su estrepitosa fuerza destructiva el virus que amenazaba a la humanidad y la gente lucía expectante ante sus devastadores efectos que ya se hacían sentir en cada espacio del planeta. Me tocó quedarme en Venezuela con las dos hermanas mayores. Una de 86 que siempre se encargó de los quehaceres domésticos y del cuidado de los menores que fuimos cinco. La otra de 84, que trabajó más de 40 años de pie; los primeros 10 en una tienda de telas y después, durante más de 30, como demostradora de belleza de Max Factor. Las dos eran solteras y sin hijos.

Nunca había demostrado, la mayor, ningún sentimiento que no fuera el silencio de la rutina; en este caso, organizar la vida cotidiana, limpiar todo, y hacer la comida para los que estuvieran y los que llegaran. Era una mañana igual que muchas, cuando después de 70 años, habló serenamente como si no pasara absolutamente nada, solo pausaba el silencio, cuando dijo:

Amanecí descompuesta, no quiero hacer nada. No tengo ganas. No me siento bien. Resuelvan ustedes lo que van a comer y hacer en adelante. Todos los días no son iguales y el cuerpo no responde igual. Descubrí que soy diferente.

Le dije: no te preocupes, dime qué quieres tú, y yo lo preparo. Su silencio se hizo más hermético. Y yo salí a buscar algo que compensara su malestar: unas mandocas, queso y jugo de naranjas para las dos. Las comieron como si fueran manjares, pero ya ella nunca más fue la misma. Había roto cadenas. Todas sus elecciones eran a su gusto y compartía con intenso placer todas las variantes de música, selecciones sobre comida y anuncio de caminos a tomar en donde le diéramos decisión. Empezó a ser ella, pero también, de forma simultánea, comenzó a despedirse. 

Lo siento, venimos a hablar de influencers, y ella solo tuvo a mis padres y los principios cristianos y la educación básica que ellos de buena fe le dictaron. Insuficientes, primarios, castradores por ignorancia, limitados, encorsetados y bien apretados con las cintas morales con las que se amarraban las ganas de compartir, volar, soñar y vivir de aquellos años.

Los influencers son tan antiguos como el mercado

La energía y la persistencia conquistan todas las cosas. Benjamín Franklin

El concepto de influencer ha variado a lo largo del tiempo, con orígenes que se remontan a figuras públicas de la antigüedad, como los gladiadores romanos apuestos y sugerentes modelos varoniles que ofrecían en venta el vino y el aceite de oliva, pasando por los influyentes de ideas religiosas como Jesús de Nazaret, o en el arte del ballet clásico, como Serguei Diaguilev. 

Solo que el mercado ha sido tan mezquino que ha acaparado para sí el término, y la revolución tecnológica digital terminó de apropiárselo para regalárselo al mundo de todo aquel que indiscriminadamente quiera vender un producto, desde una sierra eléctrica hasta un pedazo de las curvas euclidianas promocionadas por un proxeneta en las redes para ofrecer en menú a distintos precios.

Todos podemos ser influencers, el problema, muy grave, gravísimo, es que muy pocos reúnen condiciones para ser influyentes. Pues hay que unificar suficientes atributos morales, méritos intelectuales, valores éticos y estéticos para calificarlos como tales, y sobre todo y especialmente, tener algo que valga, a conciencia, ofrecer que no sean trastes, comestibles, modas, cremas, perfumes, ropas, licores o estilos de vida. Y he aquí el principal de los asuntos: una cosa son las ideas o las ideologías políticas o religiosas, otra bien distinta las nomenclaturas que califican el arte y la ciencia, y otra bien diferente las que clasifican a una marca o producto para que tenga algún valor agregado a su simple uso en el mercado. 

Estamos hablando de tres planos mínimos que la revolución digital, arbitraria e interesadamente, pretende meter en un solo saco. El mundo de las ideas y la religión, el espacio del arte y la ciencia, y el mercado de los corotos por decirlo de la manera más simple, donde entran desde una licuadora hasta las preciosas nalgas de Jessie Rogers. Asuntos bien diferentes; de cargas filosóficas, políticas, religiosas, económicas, estéticas, sensuales y prácticas absolutamente diferenciadas y de muy distinta catadura y significado.

Una diferencia vital entre influyente e influencer

La lógica te lleva de la A hasta la Z. La imaginación a cualquier lugar. Albert Einstein

Siento que obligados estamos a realizar una aclaratoria que nos permita entender el propósito y alcance bien diferenciados de estas dos categorías: el influyente es una persona que con o sin las redes sociales, tiene la capacidad de generar cambios significativos en la forma de pensar o actuar de otras personas, ya sea en su comunidad, en su entorno profesional o laboral, y a nivel político, económico, social y cultural. Su influencia se centra en su conocimiento, su credibilidad, su prestigio y su capacidad para persuadir a su entorno en su proceso de interacción personal, político, social y cultural.

La principal diferencia entre un influyente y un influencer es que el mundo de los influyentes es ilimitado y espacialmente infinito. El de los influencer está limitado a las plataformas digitales y a las redes. Su influencia está concentrada en sus seguidores y su efecto dirigido a promocionar productos de consumo, servicios o marcas. Son infuencers solamente en el mercado, su fuerza y su vigencia van a depender de la interacción y afianzamiento que mantienen con el producto o marca que representan. Como puede observarse, son dos categorías totalmente distintas y cualitativamente bien distantes en su valoración sociocultural.

Influyentes de conocimientos religiosos y filosóficos

No es la muerte lo que debes temer, sino nunca empezar a vivir. Marco Aurelio

Lo valioso de este tipo de producto, el que crean los influyentes, es que no tiene precio, no circula en el mercado. Se suelta como los pájaros, se contempla en su vuelo, se estudia su danza en el aire, se aprenden sus especiales piruetas en el espacio y se asume en el tiempo, si uno llega a enamorarse de los ritmos entonados de sus giros infinitos y eternos, entonces, intentará transmitirlos igual o mejorados gratuitamente, a conciencia, cuando le pidan que los explique, como una cadena floral de dones que descubrió en una de las tantas especies de animales sagrados, más allá del alfabeto primero de cada una. 

No puede cambiarlo. No le da alimento al cuerpo sino pizcas de luz a las sombras, le da pistas iluminadas para labrar nuevas imágenes y noveles protagonistas, y particularmente le sortea música al alma para que sobreviva, diseñando nuevos paraísos, repúblicas y utopías mediante los sueños. 

Jesús, el primer gran influyente de Occidente, inspiró a una civilización y cambió, transformó y edificó un nueva doctrina fundada y consagrada en el amor al prójimo, en la bondad, la generosidad y la esperanza. 

Kant es reconocido fundamentalmente por sus aportes a la teoría de la razón, la moral y la política. En su obra cumbre, Crítica de la razón pura, defendió la idea de que la razón humana tiene un papel determinante en la comprensión del mundo, y que existen ciertas categorías a priori que le permiten organizar y dar sentido a la experiencia. 

Nietzsche elaboró una reflexión filosófica, crítica radical a la moral occidental, a la metafísica trascendental y a la noción de verdad absoluta. Su filosofía, marcada por el perspectivismo, la voluntad de poder, la muerte de Dios y el concepto de superhombre, ha tenido marcada influencia en la psicología, la literatura y la cultura occidental. 

Jesús, Kant y Nietzsche son verdaderos íconos influyentes en el mundo de las ideas y el pensamiento. Ellos no pasan, serán siempre un referente para el mundo futuro. Hasta para sus mejores adversarios, y allí radica la belleza de su luz. 

Los influyentes en el arte y la ciencia

Saber lo que es correcto y no hacerlo es falta de valor. Confucio

Shakespeare y Calderón de Labarca lo serán en el teatro, junto con Diaguilev en el ballet clásico; ya que los bailarines no hablan, su estética, su sabiduría, su magia está solo en sus movimientos, sus desplazamientos y sus delicados deslices en los que muestran su bello singular histrionismo. Si algo sabe un gran bailarín y una prima ballerina, es que, de los artistas ellos son los más próximos al Olimpo.

En la pintura, la Revolución Industrial cambió la óptica del arte. Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, la población europea creció exponencialmente; por ejemplo, en Inglaterra se duplicó de seis a doce millones. Según Toti, en su pedagógico ensayo De lo moderno a lo contemporáneo, en medio de este cambio radical los artistas empezaron a ver la realidad bajo otra perspectiva. Claude Monet será uno de los grandes impulsores del impresionismo. Él capturó esta nueva era con su pincel. Para ella, sus famosas series de Saint Lazare o los puentes en París, no solo mostraban paisajes sino el pulso acelerado de la ciudad en plena transformación industrial. 

Influyente en literatura será Marcel Proust con En busca del tiempo perdido. Fedor Dostoievski con su Crimen y castigo, Jorge Luis Borges con sus Ficciones y García Márquez con Cien años de soledad. En la ciencia son influyentes Issac Newton, Albert Einstein, Marie Curie, Isaac Asimov, Carl Sagan, entre muchos otros. 

Entre influyentes e influencers

Tienes que hacer las cosas que crees que no puedes hacer. Anna Eleanor Roosevelt

Por otras razones más ligadas al mercado, será la reina Carlota (1744-1818), en el siglo XVIII -esposa del rey Jorge III (1760-1820)- considerada una de las primeras influencer en el sentido moderno, por su apoyo a la cerámica de Josiah Wedgwood, que provocó el aumento masivo de las ventas de este tipo de material de construcción y sentó un precedente de un producto asociado a una celebridad.

Pasaría algo similar con la Reina Victoria (1819-1901). Entre 1837 y 1901, a Victoria le toca reinar en un mundo de acelerada transformación que vio nacer el tren, el teléfono y la luz eléctrica. Fue lo que el historiador John Plunkett llamó acertadamente: la primera reina mediática. Ella es considerada, en tal sentido, la primera influencer de la historia debido al impacto de sus decisiones personales, cuando renunció a la toga real y optó por un vestido blanco, lo que contribuyó a que el mencionado color, que solo usaban las damas más ricas, se convirtiera en el color por defecto del traje nupcial oficial.

Impuso también la moda del luto cerrado que mantuvo cuando murió su esposo, el príncipe Alberto. Además, logró que el árbol de Navidad se convirtiera en un elemento básico de celebración de las fiestas navideñas. Su figura alcanzó gran proyección en periódicos, fotografías, grabados y postales durante los años que duró su reinado y mucho tiempo después. 

Otra de las mujeres considerada una de las grandes influencers de su época fue Anna Eleanor Roosevelt (1884-1862), que combinó la influencia de su inteligencia y su espíritu guerrero con su rol femenino como esposa de Franklin Delano Roosevelt, cuatro veces presidente de los Estados Unidos, quien gobernó por 12 años entre 1933 y 1945, y falleció comenzando su cuarto periodo presidencial. Su prolífica actividad pública la convirtió en una celebridad con mucha fuerza de opinión en su momento.

Fue una de las estadounidenses más respetadas, queridas y admiradas en el mundo. A pesar de ser una controvertida primera dama debido a su franqueza, particularmente en lo que respecta a los derechos civiles de los afroestadounidenses. Fue la primera esposa presidencial en celebrar conferencias de prensa periódicas, escribir una columna en un periódico todos los días (My Day), una mensual en una revista, y transmitir un programa de radio semanal, además de ser la primera en hablar en una Convención Nacional del Partido. En algunas ocasiones discrepó públicamente de las políticas de su esposo.

Presionó al Gobierno Federal estadounidense para unirse y apoyar a la Organización de las Naciones Unidas, de la cual fue la primera delegada por su país. Fue electa la primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas y supervisó la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Suya es una frase maravillosa que conmueve por su sinceridad y certeza, pues no se evaluaba con los patrones tradicionales y banales de la belleza: No importa cuán simple sea una mujer, si la verdad y la lealtad se estampan en su rostro, todos se sentirán atraídos por ella.

El fenómeno influencer y las trampas de la fe en el mercado

Tu vida se encoge o se expande en proporción a tu valor. Anaïs Nin 

Influencer es un derivado del verbo inglés ‘‘to influence’’, que significa influir o tener influencia, así sea tan fugaz como una sonrisa. La comunicación convencional ha quedado en el pasado, provocando que cada día que pasa estemos más a expensas de los llamados prescriptores, o influencers, quienes representan la nueva tendencia del mercado on line.

Internet cambió la forma de comunicarnos. Gracias a la revolución tecnológica, nos comunicamos, nos relacionamos, compramos y consumimos de forma diferente, pudiendo acceder a todo tipo de información directamente con usuarios, así como compartir experiencias y opiniones, solo que especialmente de productos, procesos, aprendizajes, modas, estilos de vida, pero entendiendo el escenario donde actuamos con las reglas del mercado donde el influencer es el principal de los promotores de venta y protagonista real  o simbólico de las operaciones de compra-venta. 

A medida que aumenta la utilización y se multiplican las redes sociales en los últimos tiempos, el influencer digital va teniendo mayor auge y protagonismo. Es así como estas celebridades han pasado de ser referencia de estilos a ídolos de masa, con un poder de influencia similar a una estrella de rock, un galán de cine o un pensador renombrado, solo que de utilería en el mundo del mercado, la gran vitrina donde todo es posible y se venden estilos de vida, productos de toda naturaleza, las prescripciones para una vida saludable, las dietas salvadoras, los mejores libros de autoayuda para alcanzar el éxito, la felicidad y la vida eterna.

Este seguimiento ha permitido que en el mercado incursionen nuevos modelos de negocio, modificando en gran parte el sector publicitario y a su vez infiltrando sectores como la industria cultural y de entretenimiento con muy pobres rendimientos y el auge de modelos de artistas de ninguna calidad, más bien grotescos, expresión de lo que nadie con buen gusto quiere, pero la ignorancia y la estupidez impone sin explicación científica ni técnica ninguna. 

Lo que tanto busca el influyente con esfuerzo propio, perseverancia, tenacidad y sacrificio, porque la calidad y la verdadera creación siempre es costosa socialmente hablando, lo producen las redes ociosamente sin valor alguno, llenas de un recetario que sirve para quien lo inventa o lo difunde pero en nada para ayudar a crecer humanamente o corregir comportamientos equivocados o creencias absurdas que nos vienen con la religión y con las muchas vidas y que ni siquiera agrupados por algoritmos resultan de ayuda para tener confianza en sí mismo, recuperarla, o forjársela si no se tiene, sin miedos, sin complejos, sin miedos y sin prejuicios

Los límites del mercado y los infinitos gustos del consumidor

Solo el que intenta lo absurdo es capaz de conseguir lo que parecía imposible. Miguel de Unamuno

A nivel mundial existen millones de personas conectadas en la red publicando a diario sus experiencias, pensamientos, y gustos por cualquiera de los instrumentos de difusión social, Facebook, Twitter, Tik-Tok, Instagram, Pinterest, o blogs con el objetivo de compartir una parte de sus vidas, ya sea mediante un mensaje, un audio, para captar la atención de amigos, conocidos, o incluso desconocidos.

A mi parecer nada más estúpido e insensato que pretender influenciar al resto de las personas mediante fotos, videos o audios. La vida, el afecto, el interés por los otros es elección de cada quien. Imponer una socialización a la fuerza es más una pérdida ociosa del tiempo útil de gente que no sabe qué hacer con el mismo porque carece de propósitos, de proyectos, de capacidad de disfrute, de verdadero entretenimiento y formación permanente.

La otra gran mentira es que usted puede llegar a ser muy importante dependiendo de la cantidad de seguidores que usted consiga. Yo no entiendo cómo un vendedor de empanadas o una señorita que vende tortas de chocolate, por muy ricas que estas y aquellas sean, lleguen a creer que pueden llegar a ser influencers por esos grandes aportes que hacen a la humanidad. Con ello lo que se logra es banalizar la vida social y ridiculizar el emprendimiento.

La gente suele ser muy ingenua, particularmente los adolescentes, en eso de buscar la belleza y lograr la aprobación de patrones creados artificialmente que la mayoría de la gente no tiene cómo satisfacer, porque una dieta cuesta mucho aun haciéndola a base de yuca y lentejas, un gimnasio también, los productos y las cremas embellecedoras, los cambios en la estructura anatómica, nalgas, senos, y cirugías de todo tipo son fórmulas inmorales de malgastar el dinero en una sociedad sin finalidad, vacía culturalmente, castrada heurísticamente.   

Sucede que el mercado es infinito, pero los consumidores de ese mercado cada vez más insinuante, sensual, seductor, se hacen cada día más finitos, pues el universo de los que tienen cómo participar realmente en él se hace cada día más constreñido. Cada día son menos los que tienen más y se preguntan cómo malgastarlo y cada día son muchos más los que no tienen nada, solo acceso a los celulares para hacerse la idea de que también participan como consumidores en ese gran mercado que son las redes sociales. La mayoría de los habitantes del planeta tienen acceso a un celular, pero esa mayoría por igual tiene su acceso vetado al mercado, porque no tiene los ingresos para ganarse la condición para ser consumidor activo.

Lamentablemente, el hambre que crea el mercado en todas las direcciones por un bienestar totalmente ilusorio y un estilo de vida que no está a la mano sino de unos pocos, una salud ideal que casi nadie puede compensar por el costo cada vez más elevado de los medicamentos preventivos y curativos, el apetito de marcas de ropa, lencería, automóviles, estímulos gastronómicos de alto vuelo, patrones de estética femenina ensambladas a fuerza de cirugías, estímulos a la sexualidad mediante imágenes de modelos imposibles de compartir, crean un estado mental de tensión permanente, estresante, depresivo, que conduce inevitablemente a los desequilibrios psicológicos y a estados inquietantes de desasosiego, especialmente en los más jóvenes. No es extraño que las figuras con más seguidores en el mundo sean dos seres humanos que viven de dar patadas: Cristiano Ronaldo con 662 millones de seguidores y Leonel Messi con 506 millones. 

Conclusiones

He aprendido que el valor no es la ausencia de miedo, sino el triunfo sobre él. Nelson Mandela

Hace falta ser un estoico para escapar a las ondas sonoras que hacen entonar las redes sociales, como cantos de sirenas, a marineros hambrientos de amor, de auténtica belleza, de verdad y ternura. La vida del mundo parece cíclica. Un amigo muy suficiente me decía que lo que ocurre con las nuevas tecnologías de la comunicación ocurrió en su momento con la aparición de la televisión, a la que algunos investigadores llamaron el huésped alienante. Lamento estar en radical desacuerdo con él: no es lo mismo. 

Al distorsionar la utilidad de lo que Peter Drucker anunciaba como los mejores instrumentos- Internet y las redes sociales- para una sociedad del conocimiento en ciernes, se transformaron en el camino más útil para la id iotización, la confusión, la mentira y el dominio absoluto del mercado y la explotación hasta de las partes íntimas del cuerpo y el alma humana.

Cada día creo más en el extraordinario poder del individuo para poder librarse de todo lo que le ate al atraso económico y a la parálisis del crecimiento personal y el desarrollo humano. No me cansaré de reiterar que cada uno de nosotros lleva dentro de sí su propio influencer que nos empuja a querer ser influyentes y al que no limitan el mercado ni las nuevas y viejas tecnologías; las pautas las impone el gigantesco esfuerzo de conocernos a nosotros mismos lo más temprano posible, para defendernos con lo bueno que traemos y creamos, y controlar hasta donde nos es humanamente posible lo que nos afecta. Exorcizar de nuestra personalidad lo que nos limita y nos hace pesados a los otros.

Pero lo primero que tenemos que vencer es el miedo. Miedo a no poder, miedo a fracasar, miedo a no gustar, miedo a no ganar, miedo a no experimentar, miedo a perder, miedo a que nos digan que no, miedo a llegar a sentir que cada uno -como mi solitaria hermana que lo descubrió antes de morir- es diferente y único y que entre los 8 mil millones y más de seres que pueblan el planeta, no hay dos seres humanos idénticos y que por lo tanto no hay prescripciones espirituales que sirvan ni siquiera a dos de forma simultánea. 

Debo confesar que, de las últimas biografías que he leído, me he enamorado perdidamente de Anna Eleanor Roosevelt, y especialmente de uno de sus pensamientos que mejor define la robustez y hermosura de su rica personalidad: El coraje es más estimulante que el miedo, y a la larga es más fácil. No tenemos que convertirnos en héroes de la noche a la mañana. Solo hay que ir poco a poco. Confrontar cada cosa que se presente, ver que no es tan terrible como parecía y descubrir que tenemos la fuerza para hacerlo.   

León Sarcos, agosto 2025 

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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