Firmantes de paz del Doncello, en Caquetá, recibieron 235 hectáreas de tierra para sembrar un futuro alejado del conflicto
📅 🕐 07 Sep 2025🔗 Fuente: eltiempo.com🕑 7 min de lectura
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En el corazón de la Amazonía colombiana, donde por décadas se libraron intensos combates entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP) y el Estado, hoy florece una nueva esperanza.
En el municipio de El Doncello, 41 familias firmantes del Acuerdo de Paz han recibido oficialmente 235 hectáreas de tierra, como parte de un proceso de reincorporación que busca transformar el legado de la guerra en un futuro de reconciliación y desarrollo.
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“Estas familias empiezan a echar raíces en su propia tierra, sembrando esperanza y aportando a la no repetición
Gonzalo Agudelo Hernández, asesor de la Dirección General de la ANT.
De zona de guerra a territorio de paz
Tierra para El Doncello, en el Caquetá Foto:ANT
El departamento del Caquetá fue uno de los epicentros del conflicto armado colombiano. Desde los años 80, la presencia de las FARC-EP se consolidó entre los municipios de San Vicente del Caguán, La Montañita, Cartagena del Chairá y El Doncello, donde los insurgentes establecieron campamentos, zonas de influencia y corredores estratégicos. Por décadas,La región vivió tomas guerrilleras, desplazamientos masivos, enfrentamientos del Ejército y Policía contra la guerrilla y una profunda crisis humanitaria.
En 1998, San Vicente del Caguán fue el escenario del fallido proceso de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las FARC, que culminó en 2002 sin resultados concretos.
La zona quedó marcada por la frustración, el estigma y el recrudecimiento de la violencia. Sin embargo, con la firma del Acuerdo de Paz en 2016 entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP se abrió un nuevo capítulo para los excombatientes y las comunidades afectadas.
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Una comunidad que resiste
Tierra para El Doncello, en el Caquetá Foto:ANT
Uno de los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) creados tras el acuerdo fue el de Miravalle, en San Vicente del Caguán.
Allí, decenas de exguerrilleros comenzaron su tránsito hacia la vida civil, apostando por proyectos productivos, educación y convivencia pacífica. Sin embargo, la falta de garantías, el incumplimiento estatal y las amenazas de grupos armados residuales obligaron a muchos a desplazarse nuevamente.
Fue así como los firmantes del ETCR Óscar Mondragón decidieron trasladarse a El Doncello, buscando seguridad y estabilidad.
Hoy, gracias a la adjudicación de tres predios por parte de la Agencia Nacional de Tierras (ANT), estas familias pueden echar raíces en un territorio propio, sembrando caña, cacao, yuca y café, y construyendo una nueva narrativa para Caquetá.
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Nos sentimos orgullosos porque, por fin, estamos sembrando en nuestra propia tierra y no tenemos que pagar arriendo. Ahora nuestras familias tienen una vivienda y una vida digna
Ángela Patricia, lideresa del ETCR y presidenta de la Asociación de Mujeres Reincorporadas (CREAPAZ)
Una articulación institucional sin precedentes
Tierra para El Doncello, en el Caquetá Foto:ANT
La entrega de tierras fue posible gracias a la articulación entre la ANT, la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), el Ministerio del Interior, la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y las autoridades locales. Este esfuerzo conjunto busca garantizar los derechos territoriales de los firmantes de paz, promover la no repetición y fortalecer la Reforma Agraria.
Gonzalo Agudelo Hernández, asesor de la Dirección General de la ANT, lo calificó como “un hecho histórico”, destacando el compromiso del presidente Gustavo Petro y del director Juan Felipe Harman con la implementación del acuerdo. “Estas familias empiezan a echar raíces en su propia tierra, sembrando esperanza y aportando a la no repetición”, afirmó.
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Voces de quienes sembraron paz
Ángela Patricia, lideresa del ETCR y presidenta de la Asociación de Mujeres Reincorporadas (CREAPAZ), expresó con emoción: “Nos sentimos orgullosos porque, por fin, estamos sembrando en nuestra propia tierra y no tenemos que pagar arriendo. Ahora nuestras familias tienen una vivienda y una vida digna”.
Por su parte, Mayra Alejandra Ramírez, otra firmante, subrayó que “la paz se construye con hechos concretos como la entrega de tierra. Esto nos devuelve la dignidad y nuestros derechos después de casi nueve años de haber firmado el acuerdo”.
Wilson Velázquez Cortés, vicepresidente del ETCR, agregó: “Le seguimos apostando a la paz. No nos equivocamos al dejar las armas e integrarnos a la vida. Sabemos que vienen muchos retos, pero este primer paso nos permite asentarnos y avanzar”.
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Proyectos productivos para la reconciliación
Los predios adjudicados están destinados a cultivos de pancoger y productos comerciales como el cacao y el café, que no solo garantizan seguridad alimentaria, sino que también impulsan la economía local. Estos proyectos son gestionados colectivamente, promoviendo el trabajo en comunidad y la equidad de género.
Además, se han establecido alianzas con entidades técnicas y comerciales para asegurar la sostenibilidad de los cultivos, el acceso a mercados y la capacitación continua. La meta es que estas familias no solo sobrevivan, sino que prosperen y se conviertan en referentes de paz y desarrollo rural.
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Caquetá: entre el dolor y la esperanza
El Caquetá sigue siendo una región con desafíos enormes: presencia de grupos armados ilegales, cultivos ilícitos, deforestación y pobreza estructural. Sin embargo, también es un territorio de resistencia, biodiversidad y potencial agrícola. La entrega de tierras a los firmantes de paz representa una apuesta por transformar esa realidad, desde lo local y con participación comunitaria.
Este proceso no está exento de tensiones. Algunos sectores aún miran con recelo a los excombatientes, y la estigmatización persiste. Por eso, la articulación institucional también busca fomentar el respeto y la confianza hacia los procesos de reincorporación, como lo señaló la ARN en su intervención.
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Nos sentimos orgullosos porque, por fin, estamos sembrando en nuestra propia tierra y no tenemos que pagar arriendo, lo cual limitaba mucho nuestra economía. Ahora nuestras familias tienen una vivienda y una vida digna. Aquí estamos cultivando caña, cacao y otros productos para garantizar nuestros ingresos y fortalecer la seguridad alimentaria en el país
Ángela Patricia, presidenta de la Asociación de Mujeres Reincorporadas (CREAPAZ).
Un paso hacia la no repetición
La adjudicación de tierras en El Doncello no es solo una política pública: es una declaración de voluntad.
Es el reconocimiento de que la paz se construye con tierra, con trabajo, con dignidad. Es el cumplimiento de una promesa hecha en La Habana, y que hoy se materializa en hectáreas sembradas de esperanza.
Para las comunidades en El Doncello, Caquetá, este hecho representa un nuevo capítulo. Uno donde las balas son reemplazadas por semillas, y donde el conflicto da paso a la reconciliación. Las 41 familias del ETCR Óscar Mondragón son testimonio vivo de que, incluso en los territorios más golpeados por la guerra, la paz es posible.
Y como dijo Ángela Patricia, con la mirada firme y las manos en la tierra: “Aquí estamos. Sembrando paz. Y no vamos a parar”.
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