Dicen que existen los derechos de las audiencias frente a los medios y redes. Según la legislación mexicana y los defensores de la libertad de expresión son:
Derecho a recibir contenidos que reflejen el pluralismo político, social, cultural y lingüístico de la sociedad.
Necesidad que se respeten los derechos humanos, el interés superior de la niñez, la igualdad de género y la no discriminación.
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Se prohíbe toda discriminación que atente contra la dignidad humana por motivos de origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil…
Derecho de réplica.
Derecho a recibir programación oportuna que incluya diferentes géneros que respondan a la diversidad y pluralidad.
Derecho a que se respeten los horarios de los programas y se incluya avisos parentales.
Obligación a que se aporten elementos para distinguir entre publicidad y contenidos.
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Si se analiza nuestros medios hay que concluir que no respetan los derechos de las audiencias ya que sus contenidos en su mayoría, sobre todo en las noticias, discriminan, atentan contra la dignidad humana, no respetan la diversidad y el pluralismo. Por eso como sugiere Observacom, el centro de pensamiento en libertad de expresión en América Latina, “regular es un deber de los Estados, ya que la sostenibilidad de la industria y los modelos de negocio no pueden construirse a costa de los derechos de niños, niñas y adolescentes”.
De otra parte, cumplir esos derechos para los productores y canales es imposible de hacer, ya que comunicamos como espejos de la sociedad, y allí somos machistas, racistas, clasistas, homofóbicos, xenófobos. Y porque no es solo lo que se dice sino también el cómo se dice, los tonos, los encuadres y los modos del relato.
Tal vez, necesitamos derechos más cercanos y cotidianos a la gente. Por eso, le pregunté a mis estudiantes cuáles eran sus derechos como audiencia y me contestaron que derecho a criticar, a recibir contenidos confiables y verificados, calidad de los contenidos y a que les indiquen bajo qué sesgo político (uribista, petrista…) están informando. Estos criterios son más posibles de hacer para los canales y emisoras de radio.
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A mí me parece que los derechos de las audiencias se reducen a tres: Derecho al entretenimiento o sea a gozar en mi gusto y que respeten mi dignidad; derecho a cambiar de canal o plataforma; derecho a apagar el aparato y hacer otra cosa. Si hiciéramos estos tres principios, no necesitaríamos leyes.
Lo que si debería ser ley es que los canales dejen de decir que este contenido es tanto de sexo y violencia, eso no sirve para nada y además de una moral tonta. Y que en cambio indiquen antes de cada programa cuál es su línea política (petrista, uribista, charista, fiquista, galanista) y el porcentaje de machismo, clasismo, racismo, sexismo que tiene el contenido (¡esto es lo grave de nuestros medios!). ¡Sería muy educativo!