América Latina ante una COP bisagra: oportunidades entre la crisis global : IPS Agencia de Noticias
Uno de los motivos centrales de unidad regional se vincula a los compromisos económicos, en particular, las discusiones que giran en torno a los artículos 9.1 y 2.1c del Acuerdo de París.
En otras palabras, la obligación de los países industriales -principales responsables de la crisis climática- en protagonizar “el flujo de fondos hacia el Sur global y alinear las inversiones con un desarrollo que cuide el planeta y reduzca la contaminación”.
El déficit de financiamiento para actuar frente a la crisis escala con cada segundo que pasa y la tensión geopolítica actual no ayuda a disminuirlo. Según el artículo 9.3 del Acuerdo de París, la mayor parte de esos fondos tienen que provenir de los países desarrollados definidos así por la Cmnucc. Sin embargo, desde que este documento entró en vigencia, jamás se cumplieron las metas planteadas.
El cálculo más reciente estipula que es necesario movilizar 1,3 billones (millones de millones) de dólares al año durante una década para poder actuar como corresponde.
No obstante, el año pasado, el flácido resultado de las nuevas metas determinó que se juntarían 300.000 millones de dólares por año, aunque Sandra Guzmán, directora y fundadora del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe (Gglac) puso en cuestión que se logre llegar a esta cifra.
Y es que, ante la pausa que Estados Unidos ha decidido hacer en el financiamiento para ayuda humanitaria y el desarrollo, la lista de países aportantes se hace más angosta.
Para darnos una idea, solo dentro del Fondo Verde para el Clima, este país aportó, según Soria, alrededor de 4000 millones de dólares. Guzmán vaticinó que esta medida se trasladará a los diferentes cauces del financiamiento climático.
“Obviamente, hay mucha presión sobre Europa. Los europeos, lo que han hecho es posicionarse y decir: ‘A nosotros, si nos interesa el tema. Vamos a seguir apoyando’. Pero claramente no es que vayan a cubrir lo que Estados Unidos deje de hacer”, ponderó Guzmán.
China, por su parte, seguirá aportando voluntariamente a los fondos climáticos, pero evita asumir el rol de país desarrollado o gran emisor. Esta postura arrastra desde hace años tensiones con la Unión Europea, que exige reconocer su responsabilidad ampliada.
Los problemas no solo se refieren a la cantidad de dinero que tiene que llegar, sino a dónde y para qué. Guzmán discutió que la mayor parte de los fondos climáticos están destinados a los países más pobres, y varios países de América Latina y el Caribe son, en realidad, naciones de renta media.
“La cuestión del acceso para la región es algo que se ha planteado en todos los espacios posibles, pero no sabemos qué tanto han integrado aspectos para gestión de este punto”, explicó.
Guzmán advirtió que la mayoría de los fondos climáticos se destinan a mitigación, mientras que América Latina, especialmente Centroamérica y el Caribe, necesita priorizar adaptación, y pérdidas y daños. Esta desalineación profundiza la inequidad. Dentro de esta discusión, tanto Estrada Oyuela como Nicolini destacaron el posible rol que los gobiernos subnacionales pueden tener al recibir directamente fondos.
“Si uno estimula a los gobiernos subnacionales a mitigar y adaptarse, ahí se puede empezar a hacer algo. Cuando se vean concreciones, otros se van a contagiar. Y esto no lo podría parar el gobierno nacional de turno. Trump no pudo parar los compromisos de California, por ejemplo”, retrató Nicolini, esperando que algo similar suceda en la Argentina administrada por el gobierno libertario y negacionista de Javier Milei.
La estrategia de la presidencia brasileña para la COP30 es la de atender los compromisos financieros para mitigación, adaptación y para subsanar las pérdidas y daños consecuencia de fenómenos asociados a la emergencia ambiental.
A través de la Hoja de ruta de Bakú-Belém —que se presentará en octubre—, la pretensión es que la ambición de recaudación escale de los 300 000 millones de dólares acordados durante la COP29 en la capital de Azeerbaiyán, a algo parecido a los 1,3 billones de dólares anuales hasta 2035.
¿Pero, cómo llegar?
Fuente de TenemosNoticias.com: ipsnoticias.net
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