Un bebé neandertal de 6 meses desconcierta a los científicos: era mucho más grande que un bebé sapiens y ahora la ciencia podría saber qué aceleró su crecimiento

Un esqueleto hallado en Israel ha revelado que algunos bebés neandertales crecían a una velocidad sorprendente. La investigación, publicada en Current Biology, abre una nueva ventana sobre cómo sobrevivía una especie humana adaptada a climas duros y paisajes imprevisibles.
La imagen clásica del neandertal adulto —robusto, musculoso y preparado para el frío— es bien conocida. Mucho menos clara era la historia de sus primeros meses de vida. Los restos infantiles son escasos en arqueología y, cuando aparecen, suelen estar incompletos. Por eso cada hueso cuenta. Y pocas veces se ha reunido un conjunto tan valioso como el conocido como Amud 7.
El hallazgo procede de la cueva de Amud, al norte de Israel, excavada en la década de 1990. Allí apareció el esqueleto casi completo de un individuo muy joven que vivió hace entre 51.000 y 56.000 años. Desde entonces se convirtió en una pieza clave para estudiar el desarrollo de los neandertales, nuestros parientes humanos más cercanos ya desaparecidos.
Hasta ahora, buena parte de los análisis se habían centrado en el cráneo y en la dentición. Los dientes son especialmente útiles porque conservan señales precisas del crecimiento. Igual que los troncos de un árbol, el esmalte registra ritmos biológicos. Gracias a ello, los investigadores sabían que Amud 7 murió con una edad muy temprana.
Un rompecabezas entre dientes y huesos
Lo inesperado llegó cuando el equipo examinó el resto del cuerpo. Tal y como ha revelado el nuevo trabajo, los científicos estudiaron 111 fragmentos óseos, reconstruyeron digitalmente el esqueleto en tres dimensiones y compararon cada proporción con la de bebés humanos actuales.
Entonces apareció una paradoja. Los dientes indicaban una edad de alrededor de seis meses. Sin embargo, brazos, piernas, talla corporal e incluso el volumen cerebral apuntaban a un desarrollo propio de un niño moderno mucho mayor.
No se trataba de una simple diferencia de centímetros. Las proporciones corporales situaban al pequeño neandertal en rangos comparables a los de un niño humano de entre 12 y 14 meses. En otras palabras: su calendario biológico no seguía el mismo ritmo que el nuestro.

Los investigadores contrastaron además estos datos con otros dos niños neandertales conocidos: Dederiyeh 1, en Siria, y un individuo hallado en Roc de Marsal, Francia. El patrón era parecido. Todo sugiere que no estamos ante una rareza individual, sino ante una estrategia de crecimiento propia de la especie.
Los dientes indicaban unos 6 meses de edad, pero sus huesos parecían los de un bebé humano mucho mayor.
El gran secreto: crecer deprisa para sobrevivir
La conclusión cambia una idea asentada durante décadas. Los neandertales no solo eran diferentes de adultos; también podían serlo desde la cuna. Tal y como indica el estudio, durante los primeros años de vida habrían experimentado una fase de crecimiento corporal acelerado, más intensa que la de Homo sapiens.
Ese impulso tenía un precio: enormes necesidades energéticas. Un bebé que crece rápido necesita más alimento, más cuidados y una red social capaz de sostenerlo. Esto sugiere grupos familiares eficaces, madres con fuerte apoyo comunitario y estrategias de crianza más complejas de lo que a veces se imagina para la Prehistoria.
La explicación más plausible apunta al clima. En ambientes fríos, los cuerpos compactos conservan mejor el calor. Alcanzar pronto una constitución robusta podía aumentar las posibilidades de supervivencia. Para una especie extendida por Eurasia glacial, no era un detalle menor.
Curiosamente, esa ventaja temprana parece moderarse después. Según plantean los autores, hacia los siete años las trayectorias de crecimiento entre neandertales y humanos modernos se acercaban de nuevo. La gran diferencia estaba concentrada en la primera infancia.

Amud 7 es el esqueleto infantil neandertal más completo hallado hasta ahora.
Mucho más que un bebé fósil
Amud 7 también demuestra otra cuestión fascinante: varios rasgos físicos típicos neandertales ya estaban presentes en edades muy tempranas. Algunas estructuras óseas robustas y determinadas formas del tórax aparecen cuando apenas había comenzado la vida fuera del útero.
Eso significa que la identidad anatómica neandertal no surgía solo al crecer, sino que estaba marcada desde los primeros meses. La evolución había moldeado incluso la infancia para responder a un mundo exigente.
Durante años se presentó a los neandertales como una rama humana torpe y condenada al fracaso. Hallazgos como este corrigen esa caricatura. Eran poblaciones adaptadas, eficientes y capaces de desarrollar soluciones biológicas propias.
El pequeño Amud 7 murió hace más de 50.000 años, pero sus huesos siguen contando una historia poderosa: la supervivencia humana también se decidió en brazos de quienes aún no sabían caminar.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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