300 piezas de oro de un tesoro pirata de 1717 desmontan uno de los mitos europeos más arraigados sobre el comercio en África occidental

Codiciado por su valor y su relativa rareza, el oro de África Occidental fue uno de los grandes motores del comercio global. Antes incluso de la expansión atlántica europea, este metal precioso ya viajaba por las rutas transaharianas hacia el Mediterráneo y alimentaba redes económicas de enorme alcance. Más tarde, con la llegada de los portugueses, los neerlandeses, los ingleses y los franceses a la llamada Costa de Oro (la actual Ghana), aquel flujo se intensificó hasta convertir la región en uno de los principales centros de intercambio del mundo moderno. A pesar de la importancia de este comercio, una cuestión había permanecido abierta durante siglos: ¿era realmente puro ese oro con el que comerciaban los pueblos akanes?
Muchos cronistas europeos de los siglos XVII y XVIII insistieron en que los comerciantes africanos adulteraban el metal, mezclándolo con plata, cobre e incluso materiales de escaso valor para engañar a los compradores extranjeros. Estas acusaciones, repetidas una y otra vez, acabaron consolidándose como una especie de verdad histórica aceptada.
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista npj Heritage Science ha permitido revisar esa vieja narrativa desde una perspectiva científica. Gracias al análisis de piezas de oro recuperadas del célebre naufragio del barco pirata Whydah Gally, hundido en 1717 frente a las costas de Massachusetts, los investigadores han podido estudiar directamente la composición del metal de la Costa de Oro africana con el que se comerciaba en la Edad Moderna.
Con la llegada de los portugueses, los neerlandeses, los ingleses y los franceses a la llamada Costa de Oro (la actual Ghana), el comercio del oro se intensificó, pero ¿era realmente puro ese oro con el que comerciaban los pueblos akanes?

El naufragio del Whydah: un tesoro excepcionalmente conservado
El Whydah Gally fue originalmente un barco inglés dedicado al comercio atlántico. En 1716, partió hacia África Occidental. Probablemente recorrió distintos puntos entre Senegambia, el golfo de Benín y la Costa de Oro, donde adquirió mercancías valiosas, entre ellas oro akan. En un segundo momento, mientras navegaba hacia Jamaica, fue capturado por el célebre pirata Samuel Bellamy, conocido como “Black Sam”, quien convirtió la nave en su buque insignia.
En abril de 1717, el barco naufragó durante una tormenta frente a Cape Cod, en Massachusetts. Habría que esperar hasta 1984 para que se pudiera recuperar su cargamento y, con él, una de las colecciones más importantes de objetos procedentes de un pecio pirata. Se trata, además, de la mayor colección de oro akan, fechada y arqueológicamente contextualizada, del mundo.
Entre ese conjunto, aparecieron más de 300 piezas de oro:pequeñas cuentas, pepitas, fragmentos de joyería y objetos decorativos elaborados mediante la técnica de la cera perdida, característica de la metalurgia akan. Muchas de ellas presentaban perforaciones, cortes y huellas de golpes de martillo, señales que sugieren que se habían examinado para comprobar su autenticidad o se habían dividido para ajustar su peso en transacciones comerciales.
Mientras navegaba hacia Jamaica, la nave Whydah Gally fue capturada por el célebre pirata Samuel Bellamy, conocido como “Black Sam”, quien convirtió la nave en su buque insignia.

La vieja acusación europea: ¿oro adulterado o simple prejuicio?
Desde el siglo XVII, diversos comerciantes europeos dejaron testimonios en los que aseguraban que los mercaderes akan manipulaban el oro en su propio beneficio. Pieter de Marees, por ejemplo, afirmaba que los africanos habían aprendido de los portugueses a fundir oro con plata para rebajar su calidad. William Bosman, por su parte, insistía a comienzos del siglo XVIII en que muchas pepitas eran, en realidad, aleaciones de plata y cobre.
Estos relatos, sin embargo, procedían exclusivamente de observadores europeos, muchos de ellos interesados en justificar conflictos comerciales o en reforzar prejuicios coloniales. Además, tales afirmaciones se basaban, sobre todo, en opiniones y rumores, y no en análisis directos del metal. Aunque los africanistas han advertido que estas fuentes debían leerse con cautela, faltaban pruebas materiales directas que permitieran comprobar hasta qué punto aquellas sospechas eran ciertas.
El Whydah Gally naufragó en 1717, llevando consigo más de 300 objetos de oro. Se trata de la mayor colección de oro akan, fechada y arqueológicamente contextualizada, del mundo.

Ciencia frente al mito: analizar el oro con tecnología moderna
Para resolver esa cuestión, los investigadores examinaron 70 piezas del tesoro del Whydah. Seleccionaron 27 de ellas para someterlas a análisis químicos mediante fluorescencia portátil de rayos X (pXRF) y microscopía electrónica de barrido con espectroscopía de dispersión de energía (SEM-EDS). Los resultados mostraron que el contenido de oro oscilaba entre el 73,5 % y el 96,7 %, con una media cercana al 87,5 %. La principal impureza procedía de la plata, presente en proporciones de hasta el 22 %, mientras que el cobre aparecía generalmente en cantidades bajas, con una media inferior al 1 %.
Los estudiosos, además, compararon la composición de las piezas con la del oro de los depósitos geológicos naturales del cinturón aurífero Ashanti, una de las principales regiones mineras de Ghana. En esta zona, el oro presenta importantes variaciones en su contenido de plata de forma natural. Se constató que la mayoría de las piezas analizadas encajaban perfectamente en esa variabilidad natural. Por tanto, no había pruebas claras de una adulteración sistemática e intencionada por parte de los akanes.
Los resultados mostraron que el contenido de oro oscilaba entre el 73,5 % y el 96,7 %, con una media cercana al 87,5 %.

El papel de la plata y el cobre: más geología que engaño
La presencia de plata fue precisamente uno de los argumentos clásicos de los comerciantes europeos para denunciar un supuesto fraude. Sin embargo, el estudio demuestra que esa plata probablemente no se añadió de manera artificial, sino que formaba parte de la composición natural del mineral. Solo una muestra presentaba valores ligeramente superiores a los máximos conocidos en los yacimientos de Prestea, una de las minas más ricas en plata del cinturón Ashanti. El resto se ajustaba a composiciones geológicas perfectamente plausibles.
Con el cobre ocurrió algo similar. En las piezas fundidas, aparecieron niveles ligeramente superiores a los presentes en las pepitas naturales. Con todo, seguían siendo bajos. Los investigadores plantean dos explicaciones: una contaminación accidental derivada del uso de crisoles empleados también para trabajar cobre, latón o plata, o una pequeña adición intencionada para endurecer el metal y mejorar su resistencia mecánica.
El estudio demuestra que esa plata probablemente no se añadió de manera artificial, sino que formaba parte de la composición natural del mineral.

Reescribir una vieja historia
Aunque el análisis del oro del Whydah Gally no resuelve todas las preguntas, sí permite desmontar una idea muy arraigada: la de que los comerciantes akan engañaban sistemáticamente a los europeos ofreciéndoles oro adulterado. Más bien parece que los europeos interpretaban como fraude lo que en realidad era una característica natural del mineral africano: su riqueza en plata y su variabilidad geológica. En ese sentido, el tesoro pirata del Whydah invita a revisar los viejos prejuicios coloniales.
Referencias
- Skowronek, Tobias B.; Clifford, Brandon; DeCorse, Christopher R. 2026. “Pirate gold provides new insights into West African trade using pXRF and SEM-EDS analysis”. npj Heritage Science. DOI: https://doi.org/10.1038/s40494-026-02441-7
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
En la sección: Muy Interesante
También te puede interesar




