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Descubren en un pecio romano de 2.200 años las 5 reparaciones que explican cómo sobrevivían los barcos antiguos

📅 🕐 25 Abr 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
Descubren en un pecio romano de 2.200 años las 5 reparaciones que explican cómo sobrevivían los barcos antiguos
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Un barco romano hundido frente a la costa croata ha permitido reconstruir algo mucho más valioso que su ruta: la manera en que los navegantes de hace más de dos milenios mantenían sus naves operativas durante largos viajes.

El pecio, conocido como Ilovik-Paržine 1, fue localizado en aguas poco profundas de la bahía de Paržine, en la isla de Ilovik. Desde su descubrimiento en 2016, los arqueólogos habían documentado ánforas, piedras de lastre y restos del casco ensamblado con la clásica técnica de espigas y mortajas. Pero ahora una investigación publicada en Frontiers in Materials ha revelado un detalle inesperado: el barco conserva huellas químicas y biológicas de sucesivas reparaciones.

No se trata de una cuestión menor. La historia marítima suele fijarse en la madera, en la carga o en la arquitectura naval, pero rara vez en las sustancias que hacían posible navegar sin que el mar devorara el casco. Sin impermeabilización, cualquier travesía prolongada podía convertirse en una condena.

El material invisible que sostenía el comercio romano

Los especialistas analizaron diez muestras de recubrimiento adheridas a distintas zonas del casco. Para ello emplearon espectroscopía infrarroja, cromatografía de gases, espectrometría de masas y análisis polínico. Tal y como indica el estudio, la combinación de estas técnicas permite identificar tanto la composición del material como el entorno vegetal donde fue fabricado o aplicado.

El resultado inicial parecía previsible: la mayor parte del revestimiento estaba elaborada con pez o brea de coníferas, una sustancia resinosa obtenida calentando madera o resina de pino en ausencia de oxígeno. Fue uno de los grandes recursos navales del Mediterráneo antiguo.

La pez actuaba como sellador, protegía la madera del agua salada y dificultaba el ataque de microorganismos y moluscos perforadores. En otras palabras, era una tecnología discreta, barata y eficaz, imprescindible para sostener el comercio marítimo romano.

Sin embargo, cuanto más avanzaba el análisis, más compleja se volvía la historia del barco.

Recreación de un mercante romano similar al Ilovik-Paržine 1 navegando por el Adriático
Recreación de un mercante romano similar al Ilovik-Paržine 1 navegando por el Adriático. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez

Un ingrediente inesperado

Una de las muestras no coincidía con las demás. Junto a la pez aparecieron compuestos característicos de cera de abeja. Esa mezcla era conocida en la Antigüedad y autores clásicos como Plinio el Viejo ya mencionaban preparados similares retirados de fondos de embarcaciones.

¿Por qué mezclar ambos materiales? Porque la cera mejoraba la flexibilidad del sellante, reducía su fragilidad en frío y facilitaba la aplicación cuando se calentaba. En términos modernos, era una mejora técnica.

Eso significa que la tripulación —o los astilleros que atendieron la nave— no se limitaban a repetir fórmulas tradicionales. Ajustaban materiales según necesidades concretas, teniendo en cuenta el clima, desgaste, urgencia o la propia disponibilidad local de los materiales.

Y ese hallazgo era solo la antesala de lo verdaderamente revelador.

El análisis químico del casco detectó varias capas de pez de coníferas, el sellante más usado para impermeabilizar barcos en la Antigüedad.

El polen contó la vida secreta del barco

La pez tiene una propiedad decisiva para los arqueólogos: atrapa partículas del ambiente. Entre ellas, granos de polen que pueden conservarse durante siglos.

Al estudiar esas diminutas trazas, los investigadores detectaron paisajes muy distintos: encinas mediterráneas, pinos, enebros, acebuches, avellanos, matorral costero, especies de humedal como alisos y fresnos, e incluso señales de zonas montañosas con hayas y abetos.

Tal y como ha revelado el trabajo científico, esa mezcla no apunta a un único lugar. Apunta a varios.

Los datos estadísticos sugieren entre cuatro y cinco aplicaciones diferentes de recubrimiento en distintas fases de la vida del barco. Algunas zonas del casco comparten composición; otras muestran lotes claramente distintos, especialmente en la proa.

En términos prácticos, el mercante fue reparado repetidas veces, probablemente en puertos diferentes del Adriático y del Mediterráneo central.

Mapa del pecio romano y de la zona costera donde fue hallado el naufragio
Mapa del pecio romano y de la zona costera donde fue hallado el naufragio. Fuente: Charrié-Duhaut et al., Front. Mater., (2026)

Un barco construido para durar

Investigaciones previas sobre el lastre ya habían señalado Brundisium, la actual Brindisi, como posible lugar de construcción. Era uno de los grandes puertos del Adriático romano y un punto estratégico para conectar Italia con la costa balcánica y el mundo griego.

Ahora, el estudio sugiere que algunas capas protectoras pudieron aplicarse allí, mientras otras se añadieron más al este, cerca de la zona donde terminó hundiéndose.

La imagen que emerge es fascinante. Y es que no se trata de un barco efímero destinado a una sola travesía, sino una nave mantenida, reparada y adaptada durante años. Cada nueva capa de sellante era una inversión para seguir navegando.

Eso obliga a revisar una idea muy extendida sobre la navegación antigua. Los barcos romanos no eran simples herramientas reemplazables, sino activos valiosos sometidos a mantenimiento técnico continuo.

El pecio demuestra que los mercantes romanos no eran embarcaciones desechables, sino inversiones valiosas sometidas a mantenimiento continuo.

Mucho más que un pecio

Ilovik-Paržine 1 demuestra que la arqueología no solo habla a través de monedas, ánforas o estatuas. También lo hace mediante restos casi invisibles: una película negra pegada a una tabla, un grano de polen atrapado en resina, una fórmula artesanal repetida en cubierta.

Gracias a ellos sabemos hoy que, hace 2.200 años, la supervivencia en el mar dependía tanto del comercio y la navegación como de algo más humilde: saber reparar a tiempo.

Referencias

  • Adhesive coatings in naval archaeology: molecular and palynological investigations on materials from the Roman Republican wreck Ilovik– Paržine 1 (Croatia), Frontiers in Materials (2026). DOI: 10.3389/fmats.2026.1758862

Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com

En la sección: Muy Interesante

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