Científicos descubren por qué los monos de Gibraltar comen tierra

Gibraltar acaba de ofrecer una de esas historias que parecen menores hasta que se observan de cerca. Los únicos monos salvajes de Europa llevan años conviviendo con visitantes, cámaras, bolsas de comida y excursiones rápidas. Ahora, un trabajo científico ha revelado que esa relación cotidiana podría estar alterando su comportamiento de una forma inesperada.
En las laderas del Peñón vive una población de macacos de Berbería acostumbrada a compartir espacio con miles de personas. Son animales inteligentes, oportunistas y extraordinariamente adaptables. Saben abrir envases, detectar despistes y aprovechar cualquier ocasión. Pero esa habilidad tiene un coste que no siempre se ve a simple vista.
Las autoridades locales les proporcionan frutas, verduras y otros alimentos adecuados. Sin embargo, tal y como indica la investigación publicada en Scientific Reports, una parte relevante de su dieta sigue llegando por otra vía: comida entregada por turistas o arrebatada en segundos de distracción. Helados, galletas, pan, snacks salados o restos ultraprocesados forman parte de una escena demasiado habitual.
El problema no es solo nutricional. Para una especie acostumbrada a otra composición alimentaria, el exceso de azúcar, grasa, sal y lácteos puede convertirse en una presión fisiológica constante. Y cuando los científicos comenzaron a seguir de cerca a estos animales detectaron algo que llamó la atención desde el primer momento.
Un gesto repetido que no parecía casual
Los investigadores observaron que muchos ejemplares se detenían junto a pequeños afloramientos del terreno, recogían fragmentos con precisión y se los llevaban a la boca. No buscaban semillas ni insectos. Tampoco parecían jugar. Estaban comiendo suelo.
Ese comportamiento se conoce como geofagia: la ingestión deliberada de tierra, barro o arcillas. Está descrito en numerosas especies animales y también en humanos. Puede responder a varias causas: aporte mineral, neutralización de toxinas o alivio digestivo. Lo relevante en Gibraltar era saber por qué aparecía aquí con tanta frecuencia.
Para resolverlo, el equipo registró casi un centenar de jornadas de observación entre 2022 y 2024. Documentaron decenas de episodios y compararon grupos, estaciones del año, zonas más turísticas y hábitos alimentarios. El patrón empezó a dibujarse con bastante claridad.

Los macacos situados en áreas más visitadas consumían más comida humana. Y, al mismo tiempo, también eran los que más recurrían a comer tierra. En cambio, un grupo con contacto muy limitado con turistas no fue visto practicando esa conducta durante el estudio.
El estudio documentó que, cuando baja la afluencia de visitantes en invierno, también descienden tanto el consumo de comida humana como los episodios de geofagia entre los animales.
La clave estaba en el verano
Cuando aumentaba la presencia de visitantes, especialmente en verano, también crecían las probabilidades de que los animales comieran productos humanos. Y junto a ello subía la frecuencia de geofagia. En invierno, con menos presión turística, ambas conductas descendían.
Tal y como ha revelado el paper, algunos individuos incluso fueron observados ingiriendo suelo poco después de consumir helado, pan o galletas. Esa secuencia reforzó la hipótesis principal: no buscaban un capricho extraño, sino una forma de compensar algo.
Los autores plantean que determinadas tierras arcillosas podrían actuar como barrera digestiva, adsorber compuestos irritantes o aliviar molestias gastrointestinales. En otras palabras: los macacos habrían encontrado un remedio conductual frente a los efectos de la comida basura humana.
La hipótesis mineral perdió fuerza porque no se detectó un aumento claro en hembras gestantes o lactantes, donde cabría esperar mayores necesidades nutricionales. Todo apuntaba más bien al estómago que a la carencia de minerales.

Para los autores, esta conducta podría haberse convertido en una tradición aprendida socialmente, transmitida entre generaciones dentro de cada grupo.
Una tradición nacida junto a los humanos
Hay otro aspecto fascinante. No todos los grupos elegían exactamente el mismo tipo de suelo. Algunos mostraban preferencia por la clásica tierra rojiza del Peñón, mientras otros recurrían incluso a restos terrosos mezclados con alquitrán en zonas asfaltadas. Eso sugiere aprendizaje social y costumbres transmitidas dentro de cada grupo.
Es decir, no solo estaríamos ante una respuesta biológica, sino también cultural. Los jóvenes observan a los adultos, repiten conductas útiles y consolidan tradiciones locales. Algo muy conocido en primates, pero pocas veces tan ligado al turismo moderno.
El caso de Gibraltar resume una paradoja contemporánea. Los visitantes buscan contacto con la naturaleza, pero ese mismo contacto modifica a los animales que desean contemplar. Los macacos siguen adaptándose, como llevan siglos haciendo. La pregunta es cuánto deben hacerlo por nosotros.
La investigación deja una conclusión práctica evidente: reducir la alimentación ilegal no solo ordenaría la convivencia, también podría mejorar la salud de una de las poblaciones animales más singulares de Europa. Porque quizá esos monos no comen tierra por rareza. Puede que simplemente intenten curarse de nuestra comida.
Referencias
- Frater, J., Nicourt, M., Landi, F. et al. Geophagy in Gibraltar Barbary macaques is a primate tradition anthropogenically induced. Sci Rep 16, 13139 (2026). DOI: 10.1038/s41598-026-44607-0
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
En la sección: Muy Interesante
También te puede interesar




