Madre reconstruyó ante la CorteIDH la masacre de El Junquito

Zeila Agostini, mamá de Abraham Agostini, uno de los asesinados en la masacre de El Junquito, en la que murió Óscar Pérez y otras seis personas en enero de 2018, ofreció su testimonio en una audiencia en la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Caracas. “Estaban totalmente destrozados”, “me lo entregaron en estado de descomposición”, “pretendían cremar los cuerpos”, “no nos querían entregar los cuerpos”. Estas son algunas de las frases del testimonio que ofreció ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) Zeila Agostini, madre de Abraham Agostini, uno de los asesinados en la “masacre de El Junquito”.
“Los exhibieron a todos, a los seis hombres y la dama que estaba allí, que los habían asesinado. Fue terrible para todos, yo sentí que mis pulmones, mi corazón se paralizó”, dijo Agostini frente a los jueces de la CorteIDH, este 17 de junio una audiencia sobre el caso de Óscar Pérez, José Alejandro Díaz Pimentel, Jairo y Abraham Lugo Ramos, Daniel Soto, Abraham Agostini y Lisbeth Ramírez, víctimas de ejecución extrajudicial el 15 de enero de 2018, luego de que se alzarán en contra del gobierno de Nicolás Maduro.
Aunque la mamá de Óscar Pérez no pudo ofrecer su testimonio por presentar un problema de salud, que fue atendido este mismo miércoles informó la corte, la madre de Agostini respondió a las preguntas de los abogados y de los jueces, quienes recordaron que el Estado venezolano no envió representación legal a esta audiencia.
“Por el país”
Agostini narró ante la CorteIDH los momentos vividos por su familia antes, durante y luego del operativo en el que mataron a su hijo y a sus compañeros de lucha. Destacó que busca que haya reparación para todos los dolientes de los asesinados y justicia para ellos que han sido tildados de terroristas.
“Que se haga justicia por Venezuela, por reivindicar el nombre de cada uno de ellos, ellos fueron tildados de terroristas (pero) ellos asumieron lo que dicta el artículo 350. Agradezco sobre todo justicia, que se limpie el nombre de cada uno de ellos. Lo demás está bajo su voluntad y el proceso de llevar el caso”, dijo al agradecer a la CorteIDH por mostrar interés en el caso e investigar.
Al respecto, destacó que solo la Asamblea Nacional de 2015, con mayoría opositora, se interesó por investigar los hechos y acompañar a las familias.
Sobre su hijo, Agostini relató que tenía 33 años cuando fue asesinado y que dejó cuatro niñas, aún menores de edad.

“Aunque me duele en el alma, Abraham entregó su vida por su país (…) lo considero un héroe, un patriota, con sus pensamientos libertarios”, enfatizó durante su testimonio.
Las irregularidades
Agostini contó que su hijo se comunicó con ella a las 7:30 a. m. de ese 15 de enero, poco antes de que se registrara el ataque a la vivienda en la que estaban escondidos, y le aseguró que “él estaba en la lucha por la libertad de Venezuela pero habían sido descubiertos, que estaba herido pero que le dijera a todos que la lucha era por Venezuela”.
Relató que supo por televisión sobre la “desarticulación de la célula terrorista”, como lo relató el Gobierno y que desde el 16 de enero sostuvieron comunicación constante con el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf), pues los querían obligar a firmar documentos que daban cuenta de que habían visto los cuerpos cuando no era así y porque se negaban a que fueran cremados, cómo sugerían los funcionarios.

“Se violaron todos los protocolos regulares de la morgue”, denunció esta madre y agregó que las familias de todos los fallecidos se negó a ceder a las solicitudes del Senamecf hasta que lograron concretar la presencia de un fiscal del Ministerio Público y les permitieron ver los cuerpos.
Relató que su hijo tenía un disparo en la cabeza y varias heridas que no describió. Aunque aseguró que en ese momento no le fue posible ver todo el cuerpo, antes del entierro pudo levantar la tapa del ataúd y hacer fotos del cadáver que tenía “más de 50 perforaciones en el cuerpo y heridas de arma blanca (…) tenía perforaciones en el pecho”.
Aseguró que los informes de defunción que le fueron entregados reportaban disparos en la cabeza en todos los casos, salvo en el de Lisbeth Zurita, que tenía “un disparo en la nuca y también uno en la frente”, dijo.

“Un entierro cruel”
Agostini calificó como “un entierro cruel” la forma en la que sepultaron a su hijo y las otras personas asesinadas, pues nunca les entregaron los restos para un “velatorio digno” y las familias fueron “secuestradas” hasta llegar a la parcela 28 del Cementerio del Este, donde enterraron los siete cadáveres.
“Nos dijeron que por razones de insalubridad no nos podían entregar los restos. De allí salimos secuestradas, nos quitaron los celulares, salimos por un sótano con un funcionario de la Defensoría, un sacerdote y otros funcionarios (…) ya tenían hechas las fosas”, dijo.
Aseguró que solo les dieron 15 minutos frente a las fosas y que “los entregaron ya en estado de descomposición, en un cajón con papel y tela clínica”. Se quedaron con la ropa y sábanas que llevaban para vestir a los difuntos.

Agostini contó que tras el entierro su vivienda en La Pastora fue allanada, sus hijas vivieron persecución y se vieron obligadas a salir del país y pedir asilo en naciones como Perú, donde también vivió un hecho que puso en riesgo sus datos y la obligó a migrar a Costa Rica, donde reside actualmente.
El testimonio de la mujer reafirmó los hallazgos de la relatora para Venezuela de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Gloria de Mees, quien resaltó que en el caso, funcionarios del Estado dispararon múltiples veces contra un grupo “en estado de rendición” y que no hubo investigación sobre sus muertes.
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Fuente de TenemosNoticias.com: cronica.uno
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