Microfósiles revelan que los alfareros de la antigua Sicilia usaban arcilla marina del Pleistoceno para fabricar ladrillos hace 2.500 años

En el noreste de Sicilia, entre las laderas del Etna y las aguas del Jónico, los alfareros griegos y romanos levantaron una industria cerámica que perduró más de 1.000 años. Sus hornos cocieron ladrillos y tejas desde el siglo VI a. C. hasta el III d. C. para abastecer a las colonias, las termas y los teatros. Nadie podía imaginar que, atrapados en esas piezas de barro, sobrevivieron millones de organismos microscópicos capaces de revelar, dos milenios después, exactamente de dónde procedía la arcilla y cómo se elaboró cada una de las piezas.
Un estudio publicado en 2026 en la revista Geosciences por investigadores de las universidades de Perugia y del Instituto Nacional de Oceanografía de Italia (OGS) ha analizado once fragmentos cerámicos procedentes de los yacimientos arqueológicos de Naxos y Taormina. Lo que han halladoresulta sorprendente. Los microfósiles calcáreos incrustados en la pasta cerámica funcionan como una firma geológica que apunta, sin margen de error, a los afloramientos arcillosos del Pleistoceno temprano situados en las localidades de Bruderi y Cretazzi, apenas unos kilómetros al noroeste de la antigua Naxos.
El trabajo combina micropaleontología, petrografía y química para demostrar que estas criaturas (los foraminíferos y los nanofósiles calcáreos) son herramientas arqueométricas de primer orden. Y, como si eso no bastara, plantean una paradoja que desafía los libros de texto en lo que respecta a la tecnología cerámica antigua.
Atrapados en piezas cerámicas milenarias, sobrevivieron millones de organismos microscópicos capaces de revelar exactamente de dónde procedía la arcilla usada por los alfareros.

Los testigos del fondo marino
Los foraminíferos son organismos unicelulares que habitaron los mares durante el Pleistoceno. Sus carcasas calcáreas se acumularon en los sedimentos del fondo marino entre 1,8 y 2,5 millones de años AP. Cuando los alfareros de Naxos extraían arcilla de los yacimientos de Bruderi y Cretazzi, incorporaban, sin saberlo, a sus pastas cerámicas millones de estos microorganismos fosilizados.
El estudio ha identificado en las piezas analizadas un elenco de especies planctónicas y bentónicas, entre ellas Orbulina universa, Globigerinoides spp. y Amphistegina spp. La presencia de Amphistegina resulta especialmente reveladora, pues este género abunda en los sedimentos del afloramiento de Bruderi, pero no en el de Cretazzi, lo que permite distinguir qué cantera concreta abastecía a cada taller. Junto a los foraminíferos, los investigadores detectaron nanofósiles calcáreos (cocolitos de apenas cinco micrómetros) pertenecientes a géneros como Gephyrocapsa y Coccolithus pelagicus, cuya asociación confirma la edad del Pleistoceno temprano de las arcillas utilizadas.
La comparación entre los conjuntos de microfósiles presentes en las cerámicas y los hallados en muestras de los afloramientos actuales de Bruderi y Cretazzi resulta concluyente. Los talleres de alfarería se aprovisionaron de arcillas locales durante todo el período estudiado, desde las primeras producciones arcaicas del siglo VI a. C. hasta los ladrillos del teatro romano del siglo II d. C., construido bajo el mandato del emperador Trajano.
La clave se encuentra en los foraminíferos, organismos unicelulares que habitaron los mares durante el Pleistoceno.

La paradoja del horno: supervivientes a 900 grados
Aquí es donde el estudio introduce una contradicción que sacude los fundamentos de la arqueometría cerámica clásica. La teoría convencional establece que los microfósiles calcáreos se destruyen a partir de 600 °C y no pueden sobrevivir a temperaturas superiores a los 800 °C. Sin embargo, los análisis mineralógicos de las mismas piezas revelan evidencias de vitrificación de la matriz y la presencia de minerales de alta temperatura, como el diopsido, la anortita y la gehlenita, que solo se forman por encima de 850-900 °C. ¿Cómo es posible que los microfósiles estén perfectamente conservados en piezas cocidas a esa temperatura?
La respuesta se halla en la naturaleza cinética de la descomposición de la calcita. La transformación del carbonato cálcico en óxido de calcio depende no solo de la temperatura máxima alcanzada, sino también del tiempo de exposición, la atmósfera del horno y la presión local de CO₂. Los investigadores proponen que los alfareros de Naxos y Taormina empleaban ciclos de cocción rápidos oflash firing, que elevaban la temperatura lo suficiente para vitrificar la superficie y formar silicatos cálcicos, pero durante períodos demasiado breves para destruir los carbonatos del interior de la pieza.
A ello se suma el papel protector de la porosidad cerámica. La mezcla heterogénea de arcilla marina y desgrasante volcánico procedente de los basaltos del río Alcántara, próximos a Naxos, creaba zonas de baja permeabilidad donde el CO₂ liberado durante la incipiente descomposición de la calcita se acumulaba. Este proceso desplazaba el equilibrio químico hacia la estabilidad del carbonato y blindaba así a los microfósiles frente a la degradación térmica. Los gradientes de temperatura entre la superficie y el núcleo de la pieza podían alcanzar los 50-100 °C, lo que significa que el interior nunca llegó a las temperaturas que registraban las paredes exteriores.
Los investigadores proponen que los alfareros de Naxos y Taormina empleaban ciclos de cocción rápidos. Elevaban la temperatura lo suficiente para vitrificar la superficie, pero durante períodos demasiado breves para destruir los carbonatos del interior de la pieza.

Un sistema de datación y rastreo sin precedentes
El estudio publicado en Geosciences confirma que la micropaleontología cerámica es un método arqueométrico eficaz, capaz de rastrear las canteras de aprovisionamiento de arcilla con una precisión que supera las técnicas convencionales de análisis químico y petrográfico cuando se aplica de forma aislada.
En el caso de Naxos y Taormina, el método no solo ha identificado los dos afloramientos que sirvieron de abastecimiento, sino que ha permitido distinguir qué piezas procedían de Bruderi y cuáles de Cretazzi. Los resultados se alinean con evidencias arqueológicas que sitúan en el área de Giardini-Naxos un importante barrio de alfareros activo desde la fundación de la primera colonia griega de Sicilia en el siglo VIII a. C.

Referencias
- Baldanza, A.; Triscari, M.; Di Bella, M. y Sabatino, G. 2026. «Foraminifera and Calcareous Nannofossils in Archaeological Ceramics of Eastern Sicily: Survivors or Archaeometric Tool?». Geosciences, 2026, 16, 124. DOI: https://doi.org/10.3390/geosciences16030124
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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