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Irán asegura haber creado un “cerebro artificial” con neuronas humanas vivas. La promesa es enorme, pero el salto real todavía está encerrado en el laboratorio

📅 🕐 hace 4 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 7 min de lectura
Irán asegura haber creado un “cerebro artificial” con neuronas humanas vivas. La promesa es enorme, pero el salto real todavía está encerrado en el laboratorio
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Durante décadas, la computación avanzó siguiendo una ruta bastante clara: más transistores, más potencia, más centros de datos, más energía. Pero en los últimos años empezó a crecer una idea mucho más extraña: quizá el futuro de algunos procesadores no esté hecho solo de silicio, sino también de células vivas.

Irán acaba de sumarse a esa carrera con un anuncio llamativo. Según informó Mehr News Agency, Ataollah Pour-Abbasi, secretario del grupo iraní para el desarrollo de ciencias y tecnologías cognitivas, aseguró que el país ha desarrollado un prototipo de “cerebro artificial” a escala de laboratorio usando neuronas humanas vivas cultivadas fuera del cuerpo. Esas células, según el funcionario, serían capaces de formar sinapsis y redes neuronales con capacidad de aprendizaje.

No es un cerebro como el nuestro

El nombre impresiona, pero necesita una aclaración importante. Hablar de “cerebro artificial” no significa que Irán haya creado una mente en una placa de laboratorio, ni un órgano consciente, ni una computadora biológica lista para reemplazar a los chips actuales. Lo que describe el anuncio encaja mejor dentro de un campo emergente conocido como inteligencia organoide o biocomputación neuronal.

Según un trabajo publicado en Frontiers in Science, la inteligencia organoide busca desarrollar computación biológica mediante cultivos tridimensionales de células cerebrales humanas (organoides cerebrales) conectados a interfaces electrónicas capaces de estimularlos y registrar su actividad. La idea es aprovechar una propiedad muy concreta de las neuronas: su capacidad para reorganizarse, responder a estímulos y aprender patrones con un consumo energético bajísimo.

En otras palabras, no se trata de fabricar un cerebro humano completo. Se trata de cultivar redes neuronales vivas, conectarlas a hardware y estudiar si pueden funcionar como una forma de procesamiento biológico.

La promesa del millón de veces menos energía

La cifra más llamativa del anuncio iraní es la energética. Pour-Abbasi afirmó que estos procesadores basados en células podrían consumir hasta un millón de veces menos energía que los chips convencionales de silicio. Es una afirmación ambiciosa, pero no aparece de la nada: el campo de la inteligencia organoide lleva años apoyándose en una comparación parecida entre la eficiencia del cerebro y la de las máquinas actuales.

El artículo de Frontiers in Science recuerda que el cerebro humano consume alrededor de 20 vatios, mientras que algunos superordenadores modernos requieren megavatios para realizar tareas computacionales masivas. Esa diferencia no significa que un organoide vaya a superar mañana a una GPU entrenando modelos de IA, pero sí explica por qué tantos laboratorios están mirando hacia la biología como posible vía para una computación mucho más eficiente.

La comparación, aun así, debe manejarse con cuidado. El cerebro y los chips no hacen exactamente las mismas tareas, ni de la misma manera. Una red de neuronas vivas puede ser muy eficiente aprendiendo ciertos patrones, pero mantenerla con vida, alimentarla, controlarla, leer sus señales y convertirlas en resultados útiles sigue siendo un desafío enorme.

Una carrera que ya empezó antes de Irán

© Shutterstock / monsitj.

Irán no está entrando en un campo vacío. En los últimos años, varios grupos han mostrado sistemas híbridos donde neuronas vivas se cultivan sobre chips y se conectan a ordenadores. Cortical Labs, por ejemplo, afirma haber combinado neuronas cultivadas con chips de silicio y haber creado una plataforma en la que esas células pueden recibir estímulos, responder y aprender tareas simples. La empresa suele citar su experimento de 2021, en el que neuronas sobre un chip aprendieron a jugar una versión básica de Pong.

También existen trabajos académicos alrededor de los llamados sistemas de reservoir computing con organoides cerebrales, una aproximación donde el tejido vivo actúa como una red dinámica capaz de transformar señales de entrada en patrones que luego pueden ser interpretados por un sistema externo. Nature Electronics ya recogía en 2023 esta línea como una de las vías más interesantes dentro de la computación con organoides cerebrales.

La diferencia es que, en el caso iraní, todavía faltan datos abiertos. El anuncio no aporta el nombre de la empresa, detalles técnicos del dispositivo, número de neuronas, tipo de cultivo, arquitectura de electrodos, tareas realizadas, métricas de aprendizaje ni publicación científica revisada por pares. Por eso la noticia es relevante, pero todavía debe leerse como una declaración de avance, no como una demostración completa.

Cómo funcionaría una computadora con neuronas vivas

La lógica general de estos sistemas es bastante simple de explicar y muy difícil de ejecutar. Primero se cultivan neuronas humanas en laboratorio, normalmente a partir de células madre o líneas celulares especializadas. Luego se colocan sobre una matriz de microelectrodos, una especie de chip capaz de enviar pequeños estímulos eléctricos y leer la actividad que producen las células.

Si la red neuronal responde de forma estable, puede entrenarse con señales repetidas. El sistema externo envía información, las neuronas reaccionan con patrones eléctricos y un algoritmo interpreta esa actividad. Con el tiempo, la red puede modificar su comportamiento. Eso es lo que hace que los investigadores hablen de aprendizaje.

El gran atractivo es que las neuronas no procesan información como una CPU tradicional. No siguen instrucciones paso a paso de la misma forma. Funcionan como redes adaptativas, paralelas, plásticas. Pueden ser lentas para cálculos exactos, pero muy interesantes para reconocer patrones, adaptarse a datos incompletos o explorar formas de aprendizaje que el silicio imita, pero no reproduce biológicamente.

La parte ética no es secundaria

Cuanto más se acerca la biocomputación al tejido cerebral humano, más preguntas aparecen. ¿Qué grado de complejidad puede alcanzar un organoide? ¿Qué tipo de consentimiento se necesita para usar células humanas en sistemas computacionales? ¿Cómo se regula una plataforma que no es exactamente una computadora, pero tampoco es solo un cultivo celular?

El artículo de Frontiers in Science insiste en que el desarrollo de inteligencia organoide debe avanzar junto a una ética integrada, con equipos interdisciplinarios que evalúen cuestiones de consentimiento, privacidad, posible sensibilidad, gobernanza y límites experimentales. No porque estos sistemas sean conscientes hoy, sino porque el campo apunta precisamente a hacerlos más complejos, más duraderos y más capaces.

Ese punto es clave para evitar dos extremos: ni imaginar pequeños cerebros pensantes atrapados en placas de laboratorio, ni reducir el tema a un simple componente electrónico sin implicaciones biológicas.

Un anuncio prometedor, pero todavía incompleto

Lo más interesante del caso iraní no es que el país haya creado una “mente artificial”, porque eso no es lo que sabemos. Lo interesante es que Irán afirma haber alcanzado el conocimiento técnico para cultivar neuronas humanas, formar redes funcionales y conectarlas a un prototipo de procesamiento biológico. Si esa afirmación se confirma con publicaciones, datos y pruebas independientes, sería una señal de que la carrera por la biocomputación empieza a expandirse más allá de los laboratorios más visibles de Estados Unidos, Europa o Australia.

Por ahora, el titular necesita una segunda frase. Sí, Irán dice haber desarrollado un prototipo de cerebro artificial con neuronas vivas. Pero el verdadero desafío empieza después: demostrar qué aprende, cómo procesa, cuánto consume, cuánto dura, cómo se controla y si puede hacer algo que un chip convencional no haga mejor.

La computación biológica tiene una promesa casi irresistible: máquinas que aprendan con la eficiencia energética de la vida. Pero esa promesa todavía está en una etapa delicada, entre la placa de cultivo y el laboratorio de ingeniería. Más que un reemplazo inmediato del silicio, lo que estamos viendo es el primer boceto de una pregunta enorme: qué pasa cuando dejamos de imitar al cerebro y empezamos a usar sus propias células como parte de la máquina.

Fuente de TenemosNoticias.com: es.gizmodo.com

En la sección: Gizmodo en Español

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