Descubren en Turquía un mosaico romano de 1.800 años que rinde culto a un dios fluvial casi desconocido

Bajo las piedras de una de las ciudades más célebres de la antigua Panfilia dormía un secreto artístico que ha tardado 1.700 años en salir a la luz. Los arqueólogos que trabajan en el yacimiento de Aspendo, en la provincia turca de Antalya, han desenterrado un pavimento de mosaico con la representación de una divinidad fluvial. Se trata de un motivo iconográfico del que apenas existen ejemplos documentados en el mundo antiguo.
El inusual conjunto musivo forma parte de una construcción monumental situada junto a la histórica Calle del Teatro, la arteria que durante siglos unió la acrópolis de la ciudad con su célebre teatro romano. El equipo del Ministerio de Cultura y Turismo turco responsable del descubrimiento ha declarado que se trata de un hallazgo de enorme relevancia científica para comprender el arte anatólico durante el periodo romano. Así fue como la ciudad de Aspendo rindió homenaje, a través de la piedra y el color, al río que la alimentó.
Los arqueólogos que trabajan en el yacimiento de Aspendo, en la provincia turca de Antalya, han desenterrado un raro pavimento de mosaico con la representación de una divinidad fluvial.

El río que dio nombre y vida a Aspendos
La ciudad de Aspendos no habría existido sin el curso de agua que hoy se conoce como Köprüçay y que en la Antigüedad recibía el nombre de Eurimedonte. Este afluente mediterráneo sostuvo durante siglos la agricultura, el comercio y las rutas de comunicación de la urbe panfilia, razones que explican su personificación como divinidad en el repertorio artístico antiguo.
Los arqueólogos identificaron al protagonista del mosaico como el Joven Eurimedonte, una representación que evoca renovación y vitalidad. Este motivo, que enfatiza la juventud, contrasta con la imagen más tradicional de un anciano barbado, habitual en otras personificaciones fluviales del mundo grecorromano. La elección de una figura juvenil para representar al dios fluvial, por tanto, refuerza el vínculo entre el río y la idea de fertilidad y abundancia.
El propio ministro turco de Cultura y Turismo, Mehmet Nuri Ersoy, subrayó que la figura central simboliza el río que dio vida a la ciudad, una conexión que los arqueólogos consideran clave para entender la identidad simbólica de Aspendo en el mundo panfilio. Esta región de Anatolia meridional fue históricamente un centro agrícola de primer orden. Los cursos de agua que la atravesaban se convirtieron en objeto de veneración cotidiana. Representar a un río como una divinidad joven buscaba transmitir la idea de un caudal eternamente renovado.
Los arqueólogos identificaron al protagonista del mosaico como el Joven Eurimedonte, una personificación del río que evoca juventud, renovación y vitalidad.

Una construcción de 150 m² junto al teatro
El mosaico se localizó en la plaza oriental de la Calle del Teatro, el corredor que conectaba la acrópolis con el teatro romano de Aspendo y uno de los mejor conservados de la Antigüedad. Fue en ese espacio, entre la plaza y las murallas orientales, donde los equipos de excavación sacaron a la luz una estructura arquitectónica de aproximadamente 6×25 metros.
Las primeras valoraciones apuntan a que el edificio se construyó como una piscina o ninfeo a comienzos del siglo III d. C. Hasta ahora, se ha excavado una sección de unos 6×7,5 metros, si bien el pavimento musivo continúa extendiéndose hacia zonas todavía sin exacavar.
Los investigadores creen que, tras el devastador terremoto del año 262 d.C., la construcción original se subdividió mediante paredes para crear distintas estancias. Tras el desastre, Aspendo reorganizó su trazado urbano y adaptó los edificios preexistentes a las nuevas necesidades sin renunciar a su decoración original.
El mosaico se encontró en un edificio de 6×25 m que, probablemente, sirvió de piscina o ninfeo a comienzos del siglo III d. C.

Juncos, ánforas y peces: la gramática simbólica del agua
La calidad técnica de la obra ha sorprendido a los especialistas. El uso de teselas de pequeño tamaño permitió a los artesanos crear transiciones de color extraordinariamente sutiles. Este recurso, que exigía una notable pericia, sitúa esta pieza entre los ejemplos de mayor refinamiento técnico hallados en la región.
El mosaico se organiza en dos paneles. El primero presenta una decoración geométrica que funciona como antesala del segundo, en el que se despliega la escena figurativa principal. Allí, el dios Eurimedonte, apoyado sobre un ánfora de la que mana agua, aparece representado con hojas de junco en la cabeza y en la mano.
Cada motivo decorativo codifica una idea concreta sobre la naturaleza del río. El junco remite a la vegetación de ribera. El ánfora derramando agua simboliza el caudal inagotable. Los peces que nadan alrededor del dios representan la riqueza biológica que el curso fluvial sostenía. En conjunto, la escena funciona como una declaración visual de prosperidad agrícola y abundancia.
El junco remite a la vegetación de ribera; el ánfora derramando agua simboliza el caudal inagotable; los peces que nadan alrededor del dios representan la riqueza biológica que el curso fluvial sostenía.

Una iconografía excepcional para el arte romano de Anatolia
Según los responsables de la excavación, el hallazgo no solo certifica la riqueza artística de la ciudad, sino que también aporta datos científicos relevantes sobre el desarrollo de las técnicas de mosaico romano en Anatolia, una región donde la fusión entre las tradiciones griegas y romanas generó soluciones decorativas propias. La combinación de una iconografía infrecuente con una ejecución técnica depurada explica el entusiasmo de los arqueólogos ante este descubrimiento.
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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