Lo que Joaquín López aprendió cuando llegó a Estados Unidos sin saber cómo funcionaba el dinero

Lapatilla
Joaquín López, especialista financiero radicado en Estados Unidos, habla del error que cometen la mayoría de los emprendedores hispanos cuando se enfrentan al sistema de crédito por primera vez.
El primer empleo de Joaquín López en Estados Unidos lo consiguió después de enviar alrededor de mil quinientas solicitudes. Quince días después de llegar al país. En la compañía de arquitectura donde entró, entre casi doscientos empleados, era el único hispano. Durante ese tiempo empezó a ahorrar, que era lo que sabía hacer, lo que tenía sentido desde el lugar donde había crecido: guardar antes de gastar, no deber, no arriesgar lo que no se tiene asegurado.
Lo que no sabía todavía era que ese principio, aplicado al sistema financiero estadounidense, funcionaba diferente. Que ahorrar y apalancarse no son lo mismo. Y que el sistema no premia al que guarda sino al que sabe moverse dentro de la estructura.
“El error más común es pensar que primero hay que ahorrar durante años para poder invertir”, dice Joaquín López. “En Estados Unidos, el sistema está diseñado para que las personas puedan apalancarse a través del crédito.”
La frase choca de frente con lo que muchos inmigrantes traen incorporado. Y no es un error de valores sino de contexto: la lógica del ahorro funciona bien en economías donde el crédito es escaso o costoso. En Estados Unidos, el crédito bien construido es la herramienta de acceso al capital, no el ahorro. Ignorar eso no frena el crecimiento de manera gradual. A veces lo cancela por completo.
Cuando Joaquín López empezó a invertir en bienes raíces y necesitó capital para sus propios proyectos, se topó con algo que no esperaba. No era el monto lo que el banco miraba primero. Era el historial. Y el historial no era solo el número del puntaje. Lo que falta en esa ecuación es la arquitectura del perfil: con qué instituciones se trabajó, qué tipo de cuentas lo componen, qué proporción de uso tiene cada una, qué antigüedad acumula. Un perfil puede estar limpio y ser invisible para el banco al mismo tiempo.
“Mucha gente cree que tener un puntaje de 700 significa automáticamente tener un buen crédito, pero eso no siempre es cierto”, dice. “El crédito no se trata únicamente de un número.”
Eso es lo que Joaquín López tuvo que aprender a los golpes antes de poder enseñarlo. En tres meses, una vez que entendió cómo funciona el sistema, logró estructurar su empresa y obtener ciento veinte mil dólares en financiamiento al cero por ciento de interés. No porque tuviera más ahorros. Sino porque aprendió a leer las reglas del juego.
Según la Encuesta de Crédito para Pequeñas Empresas de la Reserva Federal de 2024, el cuarenta y dos por ciento de los solicitantes hispanos fueron rechazados en sus solicitudes de préstamo, una tasa significativamente más alta que la del promedio nacional. El rechazo llega como respuesta administrativa. No dice qué faltó. No dice cómo corregirlo. Y el emprendedor queda sin herramientas para saber si el problema estaba en el historial, en la estructura del negocio, en las instituciones con las que trabajó, o en el orden en que hizo las cosas. Quien escucha a Joaquín López hablar de esto nota que no lo plantea como denuncia. Lo plantea como un problema de información con solución concreta.
El ahorro no desaparece de la ecuación. Sigue siendo parte. Pero ya no es el único movimiento disponible, y en muchos casos tampoco es el primero.
Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com
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