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¿Existe una nueva forma de hacer la guerra? ¿Se trata de una evolución o de una revolución? | elmundo.es

📅 🕐 hace un momento🔗 Fuente: elmundo.es🕑 12 min de lectura
¿Existe una nueva forma de hacer la guerra? ¿Se trata de una evolución o de una revolución?
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La forma en que se libran las guerras está cambiando a gran velocidad, a medida que las nuevas tecnologías transforman por completo las doctrinas militares en todos los ámbitos, desde la adquisición de material hasta la ejecución de las operaciones.

Sin embargo, ¿hasta qué punto será radical esta transformación en los próximos años? Y los cientos de miles de millones de dólares que Estados Unidos, sus aliados y sus rivales están invirtiendo en nuevos carros de combate, aviones y buques de guerra, ¿van a equivaler a comprar caballos y flechas en vísperas de la aparición de las ametralladoras y los obuses?

En un principio, muchos líderes militares occidentales restaron importancia a la guerra entre Rusia y Ucrania, considerándola un conflicto que no les aportaba demasiadas lecciones porque EEUU y sus aliados, en caso de combatir, dispondrían de superioridad aérea y de potentes municiones de precisión para asestar un golpe rápido y devastador. La incapacidad de Estados Unidos e Israel para infligir una derrota estratégica a una potencia media como Irán, tras agotar una gran parte de estas municiones de precisión, ha echado por tierra esa idea.

La guerra centrada en los drones y, con ella, la accesibilidad a un gran volumen de municiones de precisión baratas, ha llegado para quedarse. Lo mismo ocurre con la proliferación de otras capacidades, como los misiles cruceros y balísticos de largo alcance, que antes eran coto exclusivo de las grandes potencias e, incluso para ellas, resultaban demasiado caros para un uso masivo. Mientras tanto, el desarrollo de sistemas autónomos guiados por inteligencia artificial presagia un giro aún más trascendental.

En las guerras actuales, lo que antes era una retaguardia segura a cientos de kilómetros de la línea del frente es ahora zona de conflicto, ya sea en las bases estadounidenses del golfo Pérsico o en las instalaciones militares rusas alejadas de Ucrania. La proliferación de sensores baratos también ha dificultado enormemente cualquier maniobra en masa -como una ofensiva blindada similar al asalto estadounidense a Irak en 2003-, ya que cualquier concentración de tropas puede ser detectada rápidamente y atacada mucho antes de llegar al campo de batalla.

En los ministerios de defensa y cuarteles generales de todo el mundo, todo el mundo presta atención y trata de dilucidar qué lecciones extraer.

«El carácter de la guerra está cambiando de raíz», afirmó el general Carsten Breuer, jefe de la defensa de Alemania. «Las fuerzas armadas deben ser capaces de adaptarse más rápido, integrar nuevas tecnologías y aprender a gran velocidad. Si no logramos adaptarnos, no podremos vencer».

Su homólogo neerlandés, el general Onno Eichelsheim, dio una voz de alarma similar. «La tecnología cambiará muy rápido cuando se esté en guerra», señaló. «Si no cambiamos nosotros mismos hacia la adaptabilidad y la flexibilidad, perderemos también las primeras semanas de la guerra, demasiado terreno y demasiadas vidas; y entonces nos adaptaremos, pero ya será demasiado tarde».

¿Evolución o revolución?

Los líderes militares, los gobiernos y las empresas de defensa no se ponen de acuerdo sobre si calificar los acontecimientos actuales de revolución que justifique una revisión completa de las doctrinas existentes.

«Las revoluciones en la guerra se anuncian a menudo, pero rara vez llegan. La mayoría de los avances militares, como las tendencias actuales en el uso de drones y ataques de precisión, son evolutivos«, explicó Michael Kofman, miembro sénior del Carnegie Endowment en Washington. «Nadie duda del impacto de la pólvora, pero estuvo en el campo de batalla durante cientos de años, junto a caballeros y piqueros».

Sea o no una revolución, pocos dudan de que la forma de hacer la guerra está experimentando un cambio rápido y acelerado. La autonomía mediante el uso de IA ya se ha convertido en un factor clave para EEUU a la hora de elaborar listas de objetivos para la guerra aérea contra Irán. Drones autónomos operados por Ucrania, incluidos los suministrados por el fabricante alemán Helsing, patrullan las carreteras del sur ocupado de Ucrania en busca de objetivos como camiones cisterna mediante el reconocimiento de patrones por IA, para luego perseguirlos por su cuenta una vez autorizados por un operador humano. Para misiones similares, Rusia ha empezado a utilizar drones Molniya guiados por IA que prescinden de la intervención humana en el proceso, ya que las fuerzas rusas carecen de acceso a Starlink para su guiado.

«La autonomía está empezando a llegar al campo de batalla ahora mismo, pero será el factor de cambio más importante en los próximos cinco a diez años, porque lo abarca todo y transforma de manera fundamental lo que antes era un campo de batalla centrado en el ser humano», afirmó el codirector ejecutivo de Helsing, Gundbert Scherf.

Louis Mosley, responsable de las operaciones en el Reino Unido y Europa de Palantir -una empresa estadounidense de tecnología y Defensa que participó intensamente en la guerra contra Irán y presta un apoyo fundamental a la campaña de Ucrania contra Rusia-, señaló que es probable que este año marque un punto de inflexión histórico.

«No me sorprendería que el año 2026 se recuerde durante siglos como el año en el que se produjo un gran avance en la tecnología militar, comparable al de la pólvora y similares, que es la autonomía», afirmó.

La característica clave de la guerra entre Rusia y Ucrania, y probablemente de otros grandes conflictos venideros, es que lo que antes eran armas y tecnologías de vanguardia se quedan obsoletas en cuestión de meses. «Si tienes un adversario con capacidad de adaptación, lo que importa es la velocidad de iteración y la tasa de aprendizaje, más que la tecnología en sí», añadió Mosley.

La revolución de las compras

Un ejemplo de adaptabilidad es el nuevo sistema de adquisición de Ucrania para drones -que representan más del 90 % de las bajas enemigas-, sistemas de guerra electrónica y algunas otras armas clave. Es radicalmente distinto de cómo operan los ejércitos occidentales, con sus presupuestos de defensa centralizados.

Bajo un sistema implantado el pasado mes de agosto, a las brigadas ucranianas se les asignan puntos electrónicos (e-points) en función de cuántos soldados y piezas de equipo rusos logren alcanzar con éxito, utilizando las grabaciones de vídeo de los drones como prueba de estos combates. Al convertir estos puntos electrónicos en dinero a través de Delta, la red de gestión del campo de batalla del país, las brigadas pueden comprar rápidamente nuevos sistemas directamente a los fabricantes a través de un mercado en línea clasificado. A medida que se desarrollan relaciones directas, el arma se convierte, en cierto modo, en un servicio de suscripción en lugar de un objeto, actualizándose y rediseñándose constantemente para adaptarse a las cambiantes condiciones del campo de batalla.

«Se ha producido una revolución mental a nivel de adquisiciones, y a nivel de liderazgo político y militar», afirmó Iryna Terekh, directora ejecutiva y responsable tecnológica de Fire Point, una de las principales empresas de Defensa de nueva generación de Ucrania que fabrica drones y misiles. «Hemos abandonado el modelo en el que los ingenieros reciben un pedido preciso para fabricar un determinado misil, carro de combate o dron, y hemos pasado a un modelo en el que los ingenieros están en la línea de frente, sentados, fumando y tomando café con las tropas para averiguar cuál es el problema y cómo resolverlo juntos».

La guerra de drones también ha transformado conceptos básicos como la superioridad aérea. EEUU podría tener el control total de los cielos iraníes con aviones ultramodernos como el F-35 y, sin embargo, no pudo proteger sus bases e instalaciones clave en el golfo Pérsico de los drones y misiles iraníes en marzo y abril. Incluso un país sin una fuerza aérea convencional puede lograr ahora una superioridad aérea localizada gracias a los drones.

En lugar de tratar a los drones como un arma más dentro de la estructura militar existente, Ucrania ha reconocido la guerra de drones como un dominio independiente. «El dominio es el tiempo. El objetivo es acortar la cadena de ataque (kill chain), eliminando los pasos humanos y manuales, lo que significa que en cada turno llegas a la decisión de atacar, y a la ejecución del ataque, más rápido que tu enemigo», explicó Oleg Rogynskyy, director ejecutivo de Uforce, un fabricante de drones navales y aéreos.

El reto de la flexibilidad

El enfoque innovador y acelerado de Ucrania es, por supuesto, difícil de replicar para países que no están implicados de forma real en una guerra y que, por tanto, no consumen grandes cantidades de munición que deba ser reemplazada.

«Si en Europa decidimos empezar a fabricar millones de drones de corto alcance, del tipo de los que hacen en Ucrania, y en ocho meses todos quedan obsoletos, ¿qué hacemos con ellos?«, se preguntaba Mauro Gilli, profesor de estrategia y tecnología militar en la Hertie School de Berlín.

En este entorno, la capacidad de cambiar rápidamente al compás de la tecnología se convierte en un componente crucial de la defensa.

«Ahora mismo no se puede imaginar la guerra sin drones, pero nunca se sabe qué pasará dentro de cinco años, dónde estará el campo de batalla y si los drones serán lo mejor que se pueda utilizar allí», señaló la ministra de Defensa neerlandesa, Dilan Yeilgöz-Zegerius. «Por lo tanto, se necesita una industria, y también un ejército y un gobierno, que sean flexibles; y, para ser sinceros, los gobiernos no se mueven rápido».

Para no quedarse atrás, tanto los fabricantes de Defensa como los mandos militares tienen que replantearse cómo operan, y qué parte del equipamiento y la doctrina tradicionales encajan en la nueva forma de hacer la guerra. «Sigue siendo una evolución, pero lo que importa es la velocidad de los ciclos de mejora y el ritmo de aprendizaje gracias al desarrollo tecnológico, que van tan rápido que puede malinterpretarse como un enfoque revolucionario», apuntó el general Michael Claesson, jefe de la defensa de Suecia. «No hemos acabado con el legado del pasado, y ese legado tendrá que acompañarnos, en parte, hacia el futuro».

Qué tipo de legado, por supuesto, es la gran pregunta. El problema para los mandos militares es que, al mismo tiempo que intentan adaptarse a la guerra del futuro, todavía tienen que considerar las amenazas que existen hoy en día. Para las fuerzas armadas alemanas y de otros países europeos, se trata ante todo de la posibilidad de un conflicto con Rusia.

La transformación no puede significar poner en pausa la preparación operativa, concluyó el general Breuer, y Alemania debe modernizar sus fuerzas armadas manteniendo al mismo tiempo las capacidades de respuesta inmediata (fight tonight) necesarias para defender Europa: «No podemos detener la disuasión y decirle al adversario que vuelva en 2039».

Contenido con licencia de The Wall Street Journal. Traducido del inglés por V. Hdez.



Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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