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The New York Times | ‘Vámonos para La Guaira’: las voces de los rescatistas en Venezuela – AlbertoNews

📅 🕐 hace 3 min🔗 Fuente: albertonews.com🕑 5 min de lectura
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Se precipitaron a salir. Algunos huyeron para salvarse. Pero otros venezolanos también corrieron para ayudar, dispuestos en varios grupos informales de voluntarios, se preparaban para adentrarse en los vecindarios devastados por el terremoto.

Por The New York Times

Algunos, entre ellos bomberos jubilados, enfermeros y paramédicos, además de rescatistas profesionales y aficionados, poseían habilidades de vital importancia. Otros eran ciudadanos comunes: estudiantes, ingenieros e incluso surfistas.

Todos acudieron a La Guaira, una ciudad costera devastada por los sismos más fuertes que se han registrado en Venezuela en un siglo. A pesar de que había mucha gente sepultada bajo los escombros, aún existía la esperanza de poder salvar vidas. Al final, murieron al menos 5100 personas, pero es probable que esa cifra sea mayor.

Casi de manera instintiva muchos voluntarios supieron que, tras décadas de corrupción y mala gestión en Venezuela, tendrían que, en mayor medida, arreglárselas por su cuenta. Y así lo hicieron.

No solo fue la imperiosa necesidad de ayudar lo que los impulsó a excavar entre interminables montañas de escombros, a menudo con las manos desnudas.

En sus propias palabras, estas fueron sus motivaciones.

El corazón me dijo: ‘Vámonos para La Guaira’. Agarré mi moto junto a otro compañero, dos motos, y nos vinimos a La Guaira”.

Alexander Padulo, 29 años
Miembro del equipo voluntario Grupo de Rescate Metropolitano de Caracas (GREMCA)

Hicimos un grupo de WhatsApp, recogimos ropa, compramos agua, unas colchonetas y bajamos”.

José Campos, 27 años
Fisioterapeuta y voluntario

Al día siguiente automáticamente me fui al cuerpo de bomberos más cercano porque sé que hay deficiencia en personal ahorita”.

Jhony Vargas, 42 años
Bombero retirado

Es el momento de poner en práctica todo eso que en el aula una vez te dijeron”.

Oreanna Añangure, 28 años
Miembro de la brigada de paramédicos «Ángeles de la Autopista», afiliada al Ministerio de Transporte

Fue la frustración y la impotencia de no tener las herramientas en ese primer momento lo que nos llevó a tejer redes solidarias”.

Alejandro Padrón, 35 años
Rescatista voluntario

Ni siquiera años de entrenamiento los pudieron preparar para el caos que iban a presenciar.

Las hileras de torres frente al mar quedaron reducidas a enormes montones de hormigón.

Los equipos de rescate —desde civiles hasta equipos internacionales con amplia experiencia— se hacían la misma pregunta abrumadora:

¿Por dónde empezar?

Una vez entramos a la escena era algo así como ‘The Walking Dead.’ Pero no eran zombis, eran personas llenas de tierra. Arrastrándose, otros cargándose entre otros. Cuando veían la ambulancia, se atravesaban en la vía pidiendo auxilio”.

Wilbani León, 35
Director de la brigada de paramédicos “Ángeles de la Autopista,” afiliada al Ministerio de Transporte

Aquí tu edificio de 15 pisos quedó reducido a tres… Y es terrible, porque quedó la gente aplastada”.

José Luis Núñez, 65
Cofundador de la brigada voluntaria de rescate GREMCA»

Vimos muchos cuerpos en las calles (…) Los policías no hallaban qué hacer, los bomberos no hallaban qué hacer. No tenían las herramientas”.

Daniel Mérida, 50
Paramédico que fue a La Guaira en busca de sus familiares

Era una total oscuridad. Cada 50 metros, veías a, no sé, 30 o 40 personas pidiéndote ayuda a la vez, algunos heridos, algunos pidiendo que ayudes a un familiar que estaba bajo los escombros”.

Padulo
Rescatista voluntario

Un compañero ha salvado más de 50 personas y ha sacado entre vivos y muertos. Y él no usaba guantes, camisa, nada para protegerse”.

Hernán Sandoval, 26
Vecino y rescatista voluntario que buscaba a su hijo de 8 años

Los rescatistas se convirtieron en los rostros de la esperanza.

Los equipos internacionales trabajaron con precisión quirúrgica, buscando señales de vida con perros entrenados y cortando gruesas losas de concreto con equipos especializados.

Las autoridades venezolanas desplegaron miles de soldados y cientos de trabajadores de emergencias. Pero había una grave escasez de maquinaria pesada tras años de un gobierno autoritario que desmanteló las instituciones necesarias para responder a este tipo de desastres.

Bajo la mirada de la sociedad desesperada del país y, por momentos, de todo el mundo, los rescates, algunos de los cuales duraron días, fueron aclamados como pequeños milagros.

Comenzamos como cuando estás pelando una cebolla, capa a capa, quitando piezas para poder llegar hasta donde está la persona”.

Núñez
Rescatista voluntario

Mi sobrino me dice: ‘Mira tío, hay una persona y el brazo de la persona’. Y empezamos sacando piedra tras piedra. Era una mujer de unos 40, 50 años. Le dije: ‘No tenemos los equipos, pero te vamos a ayudar. Estás viva, gracias a Dios’”.

Mérida
Paramédico

Sacamos a una mujer con vida. Tenía 28 años. Y ese mismo día sacamos a una familia completa. Los tres hermanos y la madre. Estaban vivos”.

Añangure
Paramédica

Duramos días sin nada, donde los trabajadores éramos nosotros mismos. Echando pico y pala”.

Sandoval
Residente de la zona y rescatista voluntario

Unos 300 voluntarios son los que traen el cable, combustible, bajan y suben máquinas. Esos voluntarios son civiles venezolanos”.

Francisco Lermanda, 54 años
Líder de Topos Chile, grupo voluntario independiente de búsqueda y rescate chileno

En la fundación ayudábamos a más de 50 niños. Murieron casi todos. Pero ayer llegó uno que pensaba que había muerto. Nos vimos, nos abrazamos, empezó a llorar”.

Luis Carlos Pimienta Aparicio, 43 años
Residente local, rescatista voluntario y fundador de una academia de surf para niños

En medio de la desesperanza hubo momentos de alegría.

El rescate de una niña de 12 años, una de las primeras operaciones que fueron captadas en video y se difundió por el mundo, impulsó a la gente en La Guaira a seguir cavando en busca de otros sobrevivientes.

La niña, Fabiana Blanco, dijo que sobrevivió comiendo queso y kétchup que rescató de las ruinas de su cocina mientras estuvo atrapada durante 32 horas.

Su madre, Karina, estuvo buscándola con desesperación entre los escombros de lo que había sido su hogar. “Corría de un lado a otro. Y le gritaba, y le gritaba, ‘Fabi hija, por favor’”, dijo.

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