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Pinocchio, a real boy: reflexión y teatro coral

📅 🕐 hace 5 min🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Pinocchio, a real boy: reflexión y teatro coral
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Christian Ocón como Geppetto y Betsy Rodríguez como Pinocho en ‘Pinocchio, a real boy’, una puesta en escena que podrá verse nuevamente durante el XI Festival Casandra, en marzo de 2027.

La algarabía de actores, niños y niñas, familiares y público en general acompaña los aplausos finales de Pinocchio, a real boy en el Sandrell Rivers Theater. El espectáculo es el sexto realizado por El Ingenio Teatro junto al Centro Mater como resultado del campamento de verano que se celebra cada año.

Dirigida por la también actriz Lillian Vega y escrita por el dramaturgo y profesor Adyel Quintero, esta es una puesta en escena que invita a una reflexión contemporánea sobre la archiconocida historia del niño de madera. ¿Se puede comprar un corazón? ¿Se puede comprar la virtud de ser humanos?

Pinocchio, a real boy se despide por ahora tras una breve temporada en el Sandrell Rivers Theater, pero podrá verse nuevamente durante el XI Festival Casandra, en marzo de 2027.

Según Quintero, la principal referencia de la que partió para crear esta versión no fue el original de Carlo Collodi, sino —y he aquí un dato interesante para disfrutar y comprender mejor esta adaptación— que se basó directamente en la fábula, en su propia memoria del cuento y en la necesidad creativa que imponía el trabajo con los numerosos niños que participarían en el montaje.

Betsy Rodríguez en el papel de Pinocho, junto a Fanny Tachín, quien interpreta a una de las Gatas Malas.
Betsy Rodríguez en el papel de Pinocho, junto a Fanny Tachín, quien interpreta a una de las Gatas Malas. Foto Manuel Valladares / Cortesía El Ingenio Teatro

De manera que el resultado del proceso no transita solo por la apropiación personal del autor del clásico universal, sino también por las exigencias escénicas y narrativas que implicaba la inclusión de niños y niñas en escena. Por otra parte, la puesta en escena combina actores, títeres y figuras animadas, lo que le otorga al espectáculo una dinámica propia en la interacción entre los personajes y la historia.

El elenco infantil de la pieza no solo impregna el montaje de Vega de un alto dinamismo, sino que también les confiere a los personajes una especie de voz coral. Así sucede, por ejemplo, con varias niñas que interpretan al unísono a las hadas, o con la aparición simultánea de niños vestidos como Pinocho en escena. Así como en las coreografías y los movimientos escénicos, donde se refuerza lo colectivo y se difumina el rol individual.

Esta participación de los infantes como actores potencia también el sentido profundo de la historia, donde el personaje principal es un niño —ya sea de madera o real— que busca una verdad que no está en los libros, sino en la experiencia desafiante del camino, como también la están experimentando las niñas y los niños que actúan en la obra. ¿Es el arte también una manera de crecer, de superar peripecias, de ser más humanos? Christian Ocón en el papel de Geppetto.

Christian Ocón en el papel de Geppetto.
Christian Ocón en el papel de Geppetto. Foto Manuel Valladares / Cortesía El Ingenio Teatro

Se sabe que Pinocho —ese niño de pino o de ojos de pino— es también una metáfora del nacimiento y de la salvación, no solo real al transformarse en un niño de verdad, sino también moral.

En muchas obras de la literatura infantil, las tramas contienen violencia, tristeza, pero también resolución y resiliencia. Pinocho deberá pagar por el error de desobedecer a su padre, quien le pidió que fuera a la escuela. Como en el original, aquí también el personaje se encontrará con el simpático Pepe Grillo, su voz interior, con los malhechores que lo engañan y lo roban, con el circo que lo tienta; también se verá perdido, desconsolado y solo; en la oscuridad de la ballena encontrará a su padre y sobrevivirá.

Sin embargo, es el error cometido inicialmente el que lo conduce por el camino del aprendizaje y del renacimiento como un “niño de verdad”. Pero como anuncian los niños al final de esta versión, aun alcanzando su humanidad como un niño verdadero, Pinocho seguirá siendo un eterno aprendiz. No basta con tener el corazón que anhelaba.

Betsy Rodríguez como Pinocho y Kirenia Vega como Pepe Grillo.
Betsy Rodríguez como Pinocho y Kirenia Vega como Pepe Grillo. Foto Manuel Valladares / Cortesía El Ingenio Teatro

La riqueza visual del espectáculo está presente en todos los elementos de la pieza: la proyección de imágenes, como telones animados para cada escena; los vistosos y coloridos vestuarios de los personajes principales, así como de los niños y niñas que complementan cada suceso; la materialidad de los diferentes objetos sobre el escenario que aluden al universo infantil, etc.

Los músicos en vivo también forman parte del paisaje multicolor de la obra. Vestidos como clowns, interpretan gran parte de la banda sonora —muy pocos temas son grabados; en algunos reconocemos la voz de Gema Corredera o de Kelvis Ochoa, por ejemplo— y, al inicio de la pieza, interactúan con el público.

La selección musical, que incluye canciones compuestas originalmente para el montaje, también aporta un vasto universo de melodías populares, como el son, el rap, el jazz, el merengue, la samba o la bossa nova, y, en ocasiones, escuchamos fragmentos de música clásica. Es este un sello particular de las producciones de El Ingenio Teatro donde la música se filtra con naturalidad en el tejido dramático de la puesta en escena.

Geppetto, interpretado por Christian Ocón.
Geppetto, interpretado por Christian Ocón. Foto Manuel Valladares / Cortesía El Ingenio Teatro

La historia definitiva publicada por Carlo Collodi a finales del siglo XIX ha dado lugar, a lo largo de los años, a disímiles versiones en todo el mundo. Estas adaptaciones se han representado en diferentes formatos, que van desde el teatro hasta el cine y la televisión.

Una de las más recientes fue la de Guillermo del Toro, que empleó la técnica de stop motion y que ganó la admiración de críticos y de la audiencia. Sin embargo, es en el teatro donde Pinocho quizá encuentra su entorno más natural, pues él mismo es una marioneta que, al ser animada, adquiere vida propia.

Actores, niños y niñas, familiares y público al finalizar la representación en el Sandrell Rivers Theater.
Actores, niños y niñas, familiares y público al finalizar la representación en el Sandrell Rivers Theater. Geppetto, interpretado por Christian Ocón.

Quizá esta también haya sido una de las razones por las que el montaje de Vega no renuncia a este tipo de títere en la obra. Una de las escenas más conmovedoras es cuando Geppetto contempla a Pinocho en la oscuridad de la ballena, mientras que el espectador observa la cercanía entre ambos gracias a la proyección de las siluetas en forma de sombras, como un juego primigenio de la imaginación.

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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnuevoherald.com

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