Ir al contenido
Clasificadas

El giro silencioso del electorado colombiano 

📅 🕐 26 Mar 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 8 min de lectura
El giro silencioso del electorado colombiano 
Compartir:

Por estos días, en medio del ruido político habitual, hay un dato que pasa casi inadvertido pero que resulta decisivo: las encuestas de marzo no solo muestran cifras, sino que revelan una tendencia. Y en política, las tendencias importan más que las fotografías momentáneas. 

Durante meses, la narrativa dominante parecía clara. Iván Cepeda encabezaba con relativa comodidad la intención de voto y muchos analistas daban por descontado que su paso a segunda vuelta sería no solo seguro, sino prácticamente definitivo. Sin embargo, algo ha cambiado. Y ese cambio tiene nombre propio: Paloma Valencia. 

No se trata simplemente de que Valencia haya subido en las encuestas. Eso, por sí solo, no sería suficiente para hablar de un giro político. Lo verdaderamente relevante es la velocidad y consistencia de ese ascenso. En cuestión de semanas, pasó de ser una candidata con cifras modestas a consolidarse como la segunda opción clara del electorado, reduciendo la distancia frente al primer lugar y, más importante aún, alcanzando un empate técnico en los escenarios de segunda vuelta. 

Las encuestas publicadas en marzo de 2026 coinciden en tres elementos clave: 

Persistencia del liderazgo de Cepeda en primera vuelta 

Ascenso acelerado de Paloma Valencia 

Estancamiento o retroceso de otros candidatos 

Según la encuesta del CNC, Iván Cepeda lidera con aproximadamente 34,5% de intención de voto, mientras Paloma Valencia alcanza el 22,2%, ubicándose en segundo lugar. 

Este dato es especialmente relevante por dos razones: 

Es la primera vez que Valencia se consolida como segunda opción clara, desplazando a otros candidatos. Marca una reducción significativa de la distancia frente al primer lugar. 

El fenómeno no es aislado. El análisis longitudinal de las encuestas entre enero y marzo muestra que: 

Cepeda se mantiene relativamente estable (con ligeras variaciones a la baja). 

Valencia es la candidata con mayor crecimiento sostenido en todo el periodo. 

Otros aspirantes, como Abelardo de la Espriella, presentan estancamiento o retroceso. 

En síntesis, aunque el primer lugar no ha cambiado, la estructura de la competencia sí lo ha hecho profundamente. 

Ese es el dato que debería concentrar la atención. Porque si la primera vuelta ordena, la segunda define. Y en ese terreno, el liderazgo inicial pierde peso frente a la capacidad de construir mayorías. 

El elemento más significativo de las encuestas de marzo no está en la primera vuelta, sino en la proyección de segunda vuelta. 

Según el CNC, en un escenario entre Iván Cepeda y Paloma Valencia se presenta un empate técnico: 

Cepeda: 43,3% 

Valencia: 42,9%  

Este dato rompe completamente la narrativa dominante de meses anteriores. Hasta hace poco, Cepeda ganaba con relativa holgura en todos los escenarios de segunda vuelta. El cambio implica que: Valencia no solo crece, sino que se convierte en la única candidata capaz de competir directamente por la presidencia. La elección deja de ser predecible y se convierte en una contienda abierta. El voto opositor encuentra un punto de convergencia. Este empate técnico es, en términos políticos, más relevante que cualquier cifra de primera vuelta, pues indica viabilidad real de triunfo. 

Lo que muestran las encuestas de marzo es, en esencia, una convergencia. El voto que antes estaba disperso comienza a alinearse. Las candidaturas alternativas pierden fuerza, el centro político se diluye y el electorado empieza a comportarse como suele hacerlo en momentos decisivos: buscando opciones viables, no testimoniales. 

En ese contexto, Valencia aparece como el punto de encuentro de un amplio sector que, más allá de afinidades ideológicas estrictas, comparte una preocupación común frente al rumbo del país. Su crecimiento no es únicamente un fenómeno partidista; es, sobre todo, un síntoma de reorganización del electorado. 

Mientras tanto, Cepeda, aunque se mantiene en el primer lugar, parece haber alcanzado un techo. Sus cifras ya no crecen al mismo ritmo, y en algunos escenarios incluso muestran señales de desgaste. Esto no implica una caída abrupta, pero sí una estabilización que, en política, suele ser el preludio de una competencia más cerrada. Aquí es donde la lectura superficial puede inducir a error. Quedarse con el dato de quién lidera en primera vuelta es ignorar la dinámica real de la contienda. Las elecciones no se ganan en la intención inicial, sino en la capacidad de sumar apoyos en la recta final. Y en ese terreno, las encuestas sugieren que Valencia está mejor posicionada de lo que muchos anticipaban. 

Hay, además, un elemento estructural que refuerza esta interpretación: la polarización. Colombia parece encaminarse hacia un escenario en el que dos proyectos antagónicos concentran la mayor parte del respaldo ciudadano. En ese tipo de contextos, las opciones intermedias tienden a desaparecer y la decisión electoral se transforma en una elección binaria. Esa lógica favorece a quien logre consolidarse como el principal contrapunto del candidato puntero. Y hoy, según las cifras disponibles, esa figura es Valencia. 

No es casualidad, entonces, que su crecimiento coincida con el debilitamiento de otros aspirantes. El electorado no solo está eligiendo; está descartando. Y en ese proceso, la transferencia de apoyos juega un papel crucial. Cada punto que pierde un candidato menor no se dispersa en el vacío: se reasigna, se concentra, se vuelve estratégico. Desde esta perspectiva, la campaña ya no es una carrera de muchos, sino una disputa de dos. Y en esa disputa, la tendencia —insisto— es más importante que la posición actual. Porque la tendencia indica movimiento. Y el movimiento, en política, es sinónimo de oportunidad. 

Ahora bien, más allá de los números, hay una dimensión política de fondo que no puede ignorarse. La eventual llegada de Cepeda al poder representa la consolidación de un proyecto de izquierda con profundas implicaciones para el modelo institucional y económico del país. Sus propuestas, su trayectoria y sus alianzas configuran una visión que genera adhesiones firmes, pero también resistencias significativas. 

Es precisamente en esa resistencia donde se explica, en buena medida, el crecimiento de Valencia. No como un fenómeno aislado, sino como la expresión de un sector del electorado que busca una alternativa clara frente a ese proyecto. 

En ese sentido, la elección de 2026 no se perfila como una competencia convencional, sino como una definición de rumbo. Y cuando las elecciones se convierten en decisiones de rumbo, el voto tiende a concentrarse aún más. 

Por eso, el empate técnico en segunda vuelta no es un dato anecdótico. Es la evidencia de que existe una mayoría potencial dispuesta a inclinar la balanza en uno u otro sentido. Y también es la señal de que el resultado final dependerá menos de las lealtades iniciales y más de la capacidad de cada candidato para ampliar su base. 

Valencia, en este momento, parece estar en mejor posición para hacerlo. Su crecimiento reciente sugiere que aún no ha alcanzado su techo y que tiene margen para seguir sumando apoyos. Cepeda, en cambio, enfrenta el desafío de expandirse más allá de su núcleo duro, algo que, según las encuestas, no le resulta tan sencillo. 

Nada de esto significa que la elección esté definida. Sería un error caer en ese tipo de determinismos. Pero sí permite afirmar que el escenario ha cambiado de manera sustancial y que, por primera vez en meses, la posibilidad de una victoria de Valencia no solo es plausible, sino competitiva. 

En política, las campañas no se ganan únicamente con ventajas iniciales, sino con la capacidad de interpretar el momento. Y el momento actual parece favorecer a quien mejor encarne la alternativa frente al statu quo percibido por una parte significativa del electorado. 

Las encuestas de marzo, leídas con atención, no cuentan una historia de continuidad, sino de transformación. Una transformación silenciosa, progresiva, pero consistente. 

Y en esa transformación, la tendencia es clara: la elección está abierta, la competencia es real y el desenlace, lejos de estar escrito, dependerá de cómo evolucione esta dinámica en las próximas semanas. 

Si algo enseñan estos datos es que, en política, nada está decidido hasta que realmente lo está. Pero también que, cuando una tendencia se consolida, ignorarla suele ser el primer paso hacia la sorpresa electoral. Es imprescindible que se entienda el peligro de la continuidad de Petro, la consolidación de una dictadura del socialismo del Siglo XXI que quiere convertir a Colombia en un narcoestado.  

Desde esa perspectiva el giro silencioso es hacia no dejarse embaucar por el heredero de Petro y marcar la tendencia más favorable a la democracia colombiana: la comprensión de que paloma es la única que puede derrotar a Cepeda y el alineamiento electoral en torno a ella como la figura polarizante frente al narcoterrorismo, pero cuidado porque este no tiene escrúpulos y es capaz de cualquier cosa ( sí mataron a Miguel, pueden continuar en esa línea); la corrupción electoral a través de fondos sucios y gasto público desenfrenado y la repetición del terrorismo urbano del 2020-2021 son posibilidades ciertas para lo cual debemos estar preparados, pero la tendencia es positiva, se marca una posibilidad muy fuerte del triunfo de Paloma Valencia. 

Fuente de TenemosNoticias.com: www.elnacional.com

En la sección: EL NACIONAL

🔂 ¿Te gustó la noticia? Compártela:
Compartir:
🔗 Fuente original: TenemosNoticias.com ·

También te puede interesar

¡Copiado al portapapeles!

Mi resumen de noticias

WhatsApp