Radev gana en Bulgaria, según los primeros sondeos a pie de urna | elmundo.es

La coalición Bulgaria Progresista, el bloque de centroizquierda liderado por el ex presidente Rumen Radev, se ha impuesto este domingo en las elecciones legislativas en Bulgaria, según los sondeos a pie de urna. Las primeras proyecciones le atribuyen en torno al 32% del voto, por delante de GERB, el partido de Boyko Borisov -la principal fuerza de centroderecha y proeuropea del país-, que quedaría en torno al 18%.
La victoria de Radev no ha sido una sorpresa. El ex presidente llevaba semanas encabezando con claridad las encuestas. La incógnita real era -y sigue siendo- con qué apoyos contará para gobernar, porque es ahí donde reaparece el bloqueo crónico de la política búlgara. A ello se suma una participación relativamente baja (en torno del 40%), algo por encima de anteriores comicios, pero mayoritariamente en línea con la creciente fatiga electoral que arrastra el país a tras ocho elecciones en cinco años, un desgaste que sigue debilitando la legitimidad y la capacidad de salida del actual bloqueo político.
Aunque Bulgaria Progresista se sitúa muy por encima del resto de partidos, todo apunta de nuevo a un Parlamento fragmentado y a una aritmética muy difícil para formar una mayoría estable. Entre las fuerzas que previsiblemente estarán también en la nueva Asamblea figuran la coalición liberal y proeuropea PP-DB, el Movimiento por los Derechos y las Libertades y la ultranacionalista Vazrazhdane. Ese mapa vuelve a dibujar un Parlamento muy fragmentado, en el que ni el vencedor parece tener socios obvios ni Borisov deja de ser un actor central en cualquier ecuación de gobierno.
Esa dificultad se explica también por la relación casi irreconciliable entre Radev y Boyko Borisov. Durante la Presidencia de Radev, ambos mantuvieron un enfrentamiento político constante, lo que hace muy difícil imaginar una coalición sólida entre los dos. Borisov descartó este domingo participar en cualquier coalición, afirmando que «no ve con quién podría formar Gobierno» y que decidirá su estrategia «después de las elecciones». El ex primer ministro también aseguró que su partido será una «oposición constructiva» en ámbitos como Defensa.
La campaña ha estado marcada por un choque frontal: Radev ha prometido «desmantelar el modelo de corrupción oligárquica», mientras sus rivales le acusan de poner en riesgo la estabilidad europea del país con posiciones euroescépticas y cercanas a Moscú. Ese enfrentamiento define también el escenario postelectoral, en el que el vencedor deberá traducir su victoria en una mayoría parlamentaria en un sistema profundamente fragmentado.
Sobre el papel, la suma de fuerzas como los liberal-reformistas de PP-DB, el Movimiento por los Derechos y las Libertades -tradicionalmente pragmático- o incluso la ultranacionalista Vazrazhdane podría acercar a Radev a la mayoría. En la práctica, sin embargo, esas alianzas son profundamente contradictorias entre sí: cualquier combinación viable obligaría al vencedor a renunciar a parte de su discurso o a asumir un coste político considerable, lo que refuerza la idea de que estas elecciones no cierran la crisis, sino que la prolongan.
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