Antes de hablar de la película, hay que hablar del libro. Y antes de hablar del libro, hay que hablar de Lidia Yuknavitch, una de las escritoras más singulares y perturbadoras de la literatura estadounidense contemporánea. Nacida en Seattle en 1963, creció en el noroeste del Pacífico en medio de una infancia marcada por el abuso sexual de su propio padre, las adicciones y la pérdida (incluida la muerte de una hija recién nacida). Estas experiencias dolorosas se convirtieron en la materia prima de su obra más celebrada: La cronología del agua, publicada originalmente en 2011 por Hawthorne Books.
El libro, que Yuknavitch describe como una “memoria deslinealizada”, no es una autobiografía convencional. Es un torrente. Una voz que narra su vida a través del cuerpo, el agua, el atletismo competitivo, el sexo, las drogas, la literatura y la violencia; no como víctima, sino como narradora que se apropia de cada fragmento de su historia y lo convierte en literatura. En sus páginas, la autora reconstruye su relación con su hermana Claudia, con el alcohol, con los hombres y las mujeres que amó y la marcaron y con la escritura como salvación. El libro se convirtió en un fenómeno de culto y Yuknavitch fue aclamada como una voz que le devolvió el cuerpo y la verdad a la literatura de no ficción.
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Adaptar ese libro era, por decir lo menos, un imposible. O eso parecía. Hasta que llegó Kristen Stewart. La actriz conocida mundialmente por su trabajo en Crepúsculo, Spencer y La habitación del pánico debutó como directora con La cronología del agua, en lo que representa una de las apuestas más ambiciosas y personales del cine independiente reciente. La película se estrenó en el Festival de Cannes 2025 en la sección Un Certain Regard y llegará a los cines del país el 18 de junio. Stewart se ha referido al film como un poema cinematográfico: rodado en formato Super 16 milímetros, filmado entre Letonia y Malta y construido sobre una lógica no lineal que refleja la estructura fragmentada y visceral de la historia original.
La película está protagonizada por Imogen Poots en el papel de la joven Lidia, y Thora Birch interpreta a Claudia, la hermana mayor. Birch, de 44 años, debutó a los 9 años en Patriot Games y a los 11 ya era la niña de Hocus Pocus. Pero fue American Beauty, de Sam Mendes, la película que en 1999 la instaló definitivamente en el imaginario colectivo: su interpretación de Jane Burnham, la hija adolescente atrapada en el horror silencioso de los suburbios norteamericanos, le valió elogios unánimes y la puso en la lista de las actuaciones más memorables del cine de fin de siglo. Conversamos con ella sobre la película.
Imogen Potts (der.) junto a Thora Birch. Foto:Cineplex
El libro es una historia de culto. ¿Conocía el trabajo de la autora antes de unirse al proyecto?
Era consciente de su estatus en el mundo literario, específicamente en el noroeste del Pacífico. Pero no conocía su obra de manera directa y profunda. Cuando me llegó la propuesta, confié totalmente en que Kristen Stewart eligió una historia que era compleja y densa.
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¿Y qué significó para usted participar en un proyecto de culto?
Siempre es estimulante para un actor sumergirse en algo tan amado y personal. Es la historia de Lidia, y lo que más me impactó de esta fue la dinámica entre Lidia y Claudia como hermanas, que eran muy unidas, aunque no hubieran pasado gran parte de su vida adulta juntas. Tratar de entender eso fue un ejercicio fascinante. Yo interpreté una serie de memorias más que un personaje completo, y eso le dio un giro muy interesante a mi aproximación al personaje. Desde el principio, todo el equipo entendió que estábamos haciendo más un poema cinematográfico que una película. Cuando terminamos el rodaje, honestamente no tenía claro cómo sería el resultado final. Y cuando vi la película por primera vez, me quedé completamente atónita por lo que se había logrado… Todo lo que se le había añadido e intensificado, y lo visceral que resultó ser. Que es exactamente lo que uno espera de una buena adaptación.
Cuando terminamos el rodaje, honestamente no tenía claro cómo sería el resultado final. Y cuando vi la película por primera vez, me quedé completamente atónita por lo que se había logrado… Todo lo que se le había añadido e intensificado, y lo visceral que resultó ser. Que es exactamente lo que uno espera de una buena adaptación
¿Qué fue lo que más la conmovió del proyecto, de la historia y del personaje?
Lo que más me conmovió fue la esencia de Lidia misma. Su viaje. La manera en que ella internalizó todo. El retrato en carne viva de las emociones vividas. Y el enfoque no lineal de contar esta historia, la decisión de invitar al público a un tipo de recorrido diferente. No llamaría a la película experimental, pero tiene ese espíritu indie que extraño en otros cines. Y fue un gesto creativo de Kristen Stewart, que, si esto es su comienzo, no puedo esperar a ver a dónde va.
¿Cree que un proyecto así, tan en carne viva y devastador, contado por una mujer, podría haber existido en el cine hace cuarenta o cincuenta años?
Si fue difícil de hacer en esta época, habría sido igual de difícil entonces. Y creo que igual se hubiese hecho. Esta película tiene el espíritu de los años setenta. Kristen Stewart filmó en Super 16 milímetros, lo cual no era necesario, pero me encantó que lo haya hecho, al igual que haya decidido filmar en Letonia, un país que para nosotros representaba cortar con nuestra rutina habitual… Eso ayudó a que todos trabajáramos en sintonía, aislados del resto de la sociedad, en una burbuja. Eso también tiene un eco de otro tiempo; una manera más tranquila y silenciosa de hacer cine. No sé cuál habría sido la reacción hace cuarenta años comparada con ahora. Pero creo que habríamos recibido más rechazo y nos habrían atacado un poco más.
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Esta historia resuena profundamente con las mujeres. ¿Qué les diría a ellas para convencerlas de ver la película? ¿Y qué les diría a los hombres?
A las mujeres les diría que la vean con la esperanza de encontrar consuelo en ella. La lección es que sí, se puede superar cualquier cosa, y hay que atravesar ese camino de cometer errores, para luego reconocerlos y corregir el rumbo. No se trata de estar en constante superación personal, sino de ser consciente de la responsabilidad que tenemos con las personas que nos aman, de amarlas de vuelta y de dejarlas amarnos. Y espero que otras mujeres puedan darse cuenta de que no están solas, de que no son las únicas que sufren o que atraviesan algo que sienten que no pueden compartir, que constantemente sienten que deben internalizar las peores cosas que les han pasado. Debería ser al contrario: esas son las cosas que deberían unirnos más. Y les diría lo mismo a los hombres. Muchos hombres también van a identificarse con ese mundo emocional interno y esa lucha. Los hombres jóvenes también pasan por experiencias traumáticas, no todo es fácil para ellos. Y creo que la sociedad está en un lugar donde se espera más que las mujeres se abran emocionalmente en público, pero eso no se promueve tanto entre los hombres. Y creo que debería permitirse y no estigmatizarse como si fuera algún tipo de debilidad en su masculinidad.
Imagen de ‘La cronología del agua’ de Kristen Stewart. Foto:Cineplex
¿Qué sintió la primera vez que vio la película completa?
Quedé realmente impresionada con su destreza técnica. Su comprensión del sonido y el impacto que puede tener en la audiencia. Fue una revelación inesperada no porque no cumpliera las expectativas, sino porque fue una de esas cosas en las que piensas: “esto es todo lo que esperaba que fuera y un poco más”. Me habló directamente a esa parte de mí que ama una buena película punk rock, indie, de arte. El tipo de película que solo puedes ver una o dos veces al año, pero cuando son buenas, son realmente buenas. Y para mí, esta fue una de esas.
¿Cuánto investigó sobre Claudia más allá del libro y el guion?
Lo hice en la medida en que me fue posible y me resultó relevante. Mi enfoque con este personaje fue diferente al que uso con otros. Si hubiera estado interpretando a una persona real en un contexto distinto, quizás habría intentado una imitación más fiel. Pero esa no era mi función aquí. La función de Claudia es acercar al público a Lidia. Teniendo eso claro, yo estaba tratando de conectarme con el mundo interno de Imogen/Lidia para sostener sus emociones, más que hacer que todo girara en torno al viaje de Claudia. También tengo que darle mucho crédito a la actriz que interpretó a la Claudia joven. Ella hizo gran parte del trabajo pesado de mi personaje: el público ve su vida de niña, y luego cuando aparezco yo ve en qué se convirtió. Sentí que eso debería ser una especie de “ya está dicho”: el público puede verme, ver cómo soy en los momentos que Lidia me recuerda, en nuestras conversaciones o simplemente en mi presencia, y sentir que hay mucho amor, pero también arrepentimiento y dolor, como una gasa bien seca sobre esas cicatrices que todavía se aferra.
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Ha experimentado Hollywood como actriz infantil y ahora como actriz consagrada que elige proyectos independientes y trabaja como quiere. ¿Cómo ha cambiado su relación con el éxito a lo largo de los años?
Creo que tengo una comprensión más clara de no albergar expectativas poco realistas. De dejar morir un poco mi propio ego creativo. De abrazar la naturaleza colaborativa del proceso. Y en cuanto a la fama, de no engancharme con ella como si fuera un vudú que algunos tratan de manipular. No agarrarla y quedarme mirándola demasiado tiempo.