‘Menem’, una historia sobre la persona detrás del político

En los años noventa, Argentina sorteó la década bajo la presidencia de Carlos Menem, un líder carismático que llevó el país adelante frente a las transformaciones económicas, como el auge del neoliberalismo. Abogado y de raíces sirias, Menem llegó al poder en 1989 y gobernó durante diez años consecutivos, dejando una huella profunda tanto en la economía como en la cultura popular.
Mientras implementaba reformas de libre mercado, se mostraba cercano al fútbol, al espectáculo y a las cámaras. Salía con modelos, se fotografiaba con Madonna, saludaba a los Rolling Stones y se paseaba en Ferrari. Menem convirtió la política en un show mediático. Su estilo marcó una época que, en la memoria colectiva argentina, mezcla euforia, excesos y profundas fracturas sociales.
A más de 25 años de haber dejado el poder, Prime Video lanza la serie Menem, una ambiciosa producción de ficción basada en hechos reales, protagonizada por Leonardo Sbaraglia. El proyecto no busca hacer un juicio histórico ni una defensa política, sino retratar una era a través de un personaje que parece sacado de una novela, pero que realmente fue presidente de un país.
En entrevista con EL TIEMPO, Mariano Varela, creador de la serie, habla sobre el origen del proyecto, su vínculo personal con Menem –a quien conoció antes de su muerte– y el desafío de contar una historia que aún hoy divide opiniones en Argentina, pero que también dialoga con los populismos, los liderazgos mediáticos y la política del espectáculo.
¿Por qué alguien que no es argentino y que no vivió esto podría interesarse en la serie?
Bueno, para empezar, esta es una serie de entretenimiento. Pero más allá de eso, como latinoamericanos, podemos identificarnos con muchos de los elementos que presenta, especialmente por la época en la que está ambientada: los años noventa, con todo lo que implicaron en términos políticos y sociales, y que resuenan en muchos países de la región. Porque habla de un fenómeno que marcó a la región tras la caída del Muro de Berlín: el reordenamiento político y económico que definió el rumbo de muchos gobiernos, especialmente en el mundo occidental.
Como latinoamericanos, podemos identificarnos con muchos de los elementos que presenta, especialmente por la época en la que está ambientada: los años noventa, con todo lo que implicaron en términos políticos y sociales, y que resuenan en muchos países de la región
Mariano VarelaCreador de ‘Menem’
Así como a uno le cuesta separar al artista de la persona cuando este ha cometido un abuso, ¿se puede separar al político de la persona?
En primer lugar, uno siempre llega con prejuicios y preconceptos. Es inevitable. Sería mentira decir que no tienes una idea previa cuando vas a dormir sabiendo que mañana vas a ver a tal persona. Te informas, piensas: “¿Qué hizo? ¿Qué representa?”. Todos llegamos con algo en la cabeza. Y, en ese sentido, creo que sí se pueden separar las cosas. En lo personal, logré, en algún momento, tratar de llegar a la persona y entender sus motivaciones, más allá de sus actos. Porque una cosa es la intención y otra es cómo se manifiestan esos actos. Y creo que es ahí donde uno puede hacer esa división. En el equipo de trabajo, todos teníamos preconceptos distintos. Algunos eran muy críticos, otros habían vivido bien esa época, y otros, todo lo contrario. Entonces nos recordamos que estábamos aportando una narrativa y no estábamos izando una bandera política.
Y eso se nota en la serie. No intenta lavar la imagen de nadie ni reivindicar políticamente a ningún personaje. No busca tomar partido, sino retratar una época.
Lo que intentamos fue hacer un retrato de una sociedad, en un momento y en un lugar específicos, con lo bueno y con lo malo. Y, sobre todo, intentamos que la serie nos permitiera mirarnos a nosotros mismos como sociedad. Hasta el mismo personaje de Juan Minujín tiene un dilema moral que nos atraviesa a todos. Es un outsider, ajeno a la política, que cae en ese mundo casi por casualidad. Y creo que eso nos sirvió como punto de entrada. Con el aporte profesional de muchísima gente, logramos meternos de lleno en esta historia…
Carlos Menem gobernó Argentina durante la década de los 90. Foto de archivo. Foto:Getty Images
¿Por qué decidió contar la historia de Menem sobre otros hechos importantes que han ocurrido en Argentina?
Bueno, él siempre me ha parecido un personaje fascinante. No es una figura total, pero sí una persona muy interesante en muchos aspectos, te guste o no. Como dice la serie, nadie lo puede negar, especialmente quienes vivieron esa época. Menem era un personaje muy atípico: un caudillo que se convierte en presidente, que amaba el deporte, que tenía algo de rockstar en muchas cosas. Como personaje, te diría que es uno de los presidentes más interesantes y más cinematográficos que tuvimos en la historia argentina. Desde el momento en que surgió la idea, me obsesioné con la época. Empecé a estudiar, a leer, a investigar, a escribir… y mientras más profundizaba, más cosas me aparecían que había vivido, pero no recordaba. Y con un personaje como Menem, tan histriónico, tan único, ya teníamos la materia prima para contar no una, sino miles de historias. Lo más difícil, junto al equipo de guionistas, fue decidir qué dejar afuera. Porque había muchísimo material. Menem con los Rolling Stones, por ejemplo. También había cuestiones dramáticas. La serie tiene de ambos elementos. Así que sí, teníamos una materia prima increíble, ilimitada, y eso fue uno de los factores que nos facilitó –y a la vez desafió– en el desarrollo de la historia.
A raíz de toda la investigación que le tocó hacer para la serie, debe haber descubierto muchas cosas. De todo eso que descubrió, ¿qué fue lo que más le llamó la atención?
Tratar de entenderlo a él. Lo conocí personalmente y lo llegué a conocer por la serie. Me reuní con él, y creo que lo más interesante era justamente eso: cómo funcionaba él en cualquier contexto. Podía estar hablando con Claudia Schiffer y seducirla desde su magnetismo, su empatía, su carisma… Igual con Madonna o los Rolling Stones. Veía que había un patrón común: su personalidad. Amigos y enemigos decían lo mismo. Hablaban de su capacidad camaleónica para adaptarse y conectar con personas muy distintas entre sí. Y yo me preguntaba: ¿cuántos Menem hubo? Porque todo eso estaba condensado en una sola persona. Y eso fue lo más poderoso que descubrí. Un tipo totalmente versátil, un animal político, alguien que parecía predestinado a ser presidente por su personalidad magnética, por lo que generaba en los demás. Tuve acceso a anotaciones que él escribió estando en la cárcel, en un pueblito, en las que se leía: “Yo voy a ser presidente”. Cuando ves ese recorrido –su convicción, su seguridad, su presencia–, sorprende él como personaje, sin entrar a juzgar sus políticas.
Amigos y enemigos decían lo mismo. Hablaban de su capacidad camaleónica para adaptarse y conectar con personas muy distintas entre sí. Y yo me preguntaba: ¿cuántos Menem hubo? Porque todo eso estaba condensado en una sola persona. Y eso fue lo más poderoso que descubrí. Un tipo totalmente versátil, un animal político, alguien que parecía predestinado a ser presidente
Mariano VarelaCreador de ‘Menem’
Cuando se sentó con él para decirle expresamente: “Quiero hacer una serie sobre usted”, ¿cómo fue ese encuentro?
Fui a su casa con esta idea bajo el brazo. Él estaba viendo un partido de fútbol en la tele de las ligas menores de Argentina. Empezamos a hablar y me preguntó si era periodista. Al principio, lo noté como desconfiado. Le hablé con respeto, lo miré a los ojos, y él rápidamente se enganchó. Le dije que no quería hacer nada político, sino contar una historia sobre su vida y la Argentina de los años noventa. En la segunda reunión, le empecé a preguntar por anécdotas concretas y divertidas. No me interesaba tanto lo político, sino sus motivaciones más profundas: por qué había elegido entrar en política, cómo veía a la gente, qué entendía él por el bien común. Me interesaba ver cómo contaba esas historias. Después, le hice una entrevista más formal. Pero todo se fue dando de manera muy natural. Él se enganchaba, le gustaba hablar, compartir. Le gustaba que alguien lo escuchara. Y sentí que le importaba su legado.
De hecho, hay muchos que no lo dejan pasar y no se quieren ir nunca porque no pueden soportar no ser relevantes…
Pero el tiempo es el tiempo. Es inevitable. Todo pasa. Entonces, creo que eso es lo que siento. No lo hablé abiertamente con él, pero tengo la impresión de que le gustaba tener estas charlas conmigo, como con cualquier persona que quisiera escucharlo o que se interesara por sus momentos de gloria… o por sus momentos más difíciles. Y así fue como se fue gestando el proyecto. Obviamente, eso fue solo una parte.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eltiempo.com
En la sección: EL TIEMPO.COM -Cultura
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