La idea de abandonar temporalmente las redes sociales, la comida rápida o las plataformas digitales con la promesa de “resetear” el cerebro se extendió como una práctica asociada al llamado “detox de dopamina”.
Según quienes la promueven, reducir las actividades que generan recompensas inmediatas permitiría recuperar la sensibilidad del sistema de recompensa y volver a disfrutar de estímulos simples.
El déficit de dopamina hace que las personas se sientan irritables o aburridas. Foto:iStock
LEA TAMBIÉN
Sin embargo, especialistas y estudios citados por ‘The Economist’ precisan que esta explicación no refleja cómo funciona la dopamina en el cerebro. Aunque la abstinencia puede alterar la forma en que una persona interactúa con su entorno digital y social, el concepto de “reinicio” químico carece de sustento científico.
El “detox de dopamina” se presenta como una reinterpretación contemporánea de costumbres vinculadas a la abstinencia, como la Cuaresma o los periodos sin consumo de alcohol conocidos como “Enero seco”. La diferencia radica en que esta versión moderna incorpora una narrativa pseudocientífica.
De acuerdo con sus defensores, la exposición continua a aplicaciones, juegos de azar o alimentos ultraprocesados saturaría el sistema dopaminérgico y disminuiría la sensibilidad de las neuronas asociadas al placer. Como consecuencia, proponen una pausa radical de varias semanas para “restaurar” el equilibrio.
El déficit de dopamina hace que las personas se sientan irritables o aburridas. Foto:iStock
¿Qué explica la ciencia sobre la dopamina?
Los fundamentos de esta teoría no coinciden con la evidencia disponible. ‘The Economist’ recoge el análisis de Christian Lüscher, neurocientífico de la Universidad de Ginebra, quien afirmó: “La dopamina claramente no es la molécula del placer”. Señaló que esta sustancia participa en procesos de aprendizaje, movimiento y formación de hábitos, y no funciona como un recurso finito.
LEA TAMBIÉN
Una ausencia profunda de dopamina, como ocurre en la enfermedad de Parkinson, provoca consecuencias graves debido a la pérdida de las neuronas encargadas de su producción.
La función principal de la dopamina está ligada al llamado “error de predicción de recompensa”, un mecanismo que evalúa la diferencia entre lo esperado y lo recibido. Las neuronas dopaminérgicas incrementan su actividad ante experiencias mejores de lo previsto y la reducen cuando no cumplen las expectativas.
Este sistema actúa como señal de aprendizaje y contribuye a reforzar conductas útiles, un principio que ha inspirado modelos de aprendizaje por refuerzo en inteligencia artificial.
Con el tiempo, acciones que requerían atención consciente pueden transformarse en hábitos automáticos, activados incluso por estímulos mínimos como una notificación. Aunque estos hábitos optimizan el gasto de energía mental, también pueden mantenerse pese a haber perdido su capacidad de generar satisfacción.
El déficit de dopamina hace que las personas se sientan irritables o aburridas. Foto:iStock
La relación entre dopamina y redes sociales es central en este fenómeno. Georgia Turner, neurocientífica de la Universidad de Cambridge, citada por ‘The Economist’, explicó que muchas aplicaciones incorporan recompensas impredecibles de bajo esfuerzo, un diseño que facilita la formación de hábitos.
LEA TAMBIÉN
Los defensores del detox aciertan al indicar que una pausa puede interrumpir este ciclo. No obstante, ‘The Economist’ aclara que estos cambios provienen de la plasticidad cerebral natural, la capacidad del cerebro para modificar conexiones, y no de una supuesta “recarga” dopaminérgica.
La evidencia científica muestra resultados mixtos sobre los beneficios de alejarse de las redes sociales. Diversos estudios señalan que los descansos breves generan efectos limitados en el bienestar, dado que también implica desconectarse de la red social más cercana.
Cuando la abstinencia se realiza en grupos y durante lapsos mayores, los efectos son más visibles. ‘The Economist’ menciona un experimento en una escuela del Reino Unido en el que los estudiantes evitaron las redes sociales durante tres semanas y, al finalizar, reportaron mejoras en el sueño y el estado de ánimo.
En conjunto, los hallazgos sugieren que los beneficios provienen de modificar hábitos que dejaron de ser funcionales, más que de un reinicio químico del cerebro.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación. Además, contó con la revisión del periodista y un editor.