Arranca el Mundial: el mes en el que podemos poner los cuernos a toda nuestra vida | elmundo.es

El gol mundialista que más celebré fue en Sudáfrica 2010, pero no lo marcó Iniesta. Estados Unidos había empatado contra Inglaterra y Eslovenia, remontando los dos partidos, y se la jugaba contra Argelia. A las cuatro de la tarde de ese 23 de junio, recién acabado primero de carrera, nos sentamos Murillo y yo a vivir el partido como si nos fuera la vida en ello. Llegó el éxtasis casi a las seis, en el descuento. Una parada de Tim Howard, una distribución que limpió a media selección argelina pero que nunca se vio en televisión, Altidore la mete al área, el portero saca el remate de Dempsey y Landon Donovan la manda a la red y se tira al suelo en plancha. Era el amanecer futbolero americano, el gigante dormido que despertaba. La Federación distribuyó vídeos con celebraciones masivas desde un centro comercial de Chattanooga hasta una base militar en Afganistán. La nuestra, dos amigos de la infancia en Fuenlabrada, habría merecido estar en esa compilación: nos abrazamos, corrimos por toda la casa, saltamos un par de sofás. Nos eliminó Ghana en octavos unos días después. Una gran desilusión.
Habíamos elegido a Estados Unidos ese año como otras veces a Australia. La tradición nació en la Eurocopa de 2004 con la Letonia de Maris Verpakovskis, leyenda del Pro 4. Mi amigo es del Atleti, yo del Real Madrid, pero disfruto de la pax internacional, de ponerle los cuernos por un mes a la obligación de ganar, entregarme al improbable y vivir la pasión con el corazón de otros.
En 2018 me fui a Croacia a ver la final contra Francia con Andre, su familia y su perro, vestido con un trozo de mantel ajedrezado. Me sé de memoria todas aquellas canciones nacionalistas. Cómo disfruté con Manolo las matinales de Qatar. En la Eurocopa de 2024 cogí unos días libres para ir con Pablo y el primo Jorge a Dortmund y animar a Georgia contra Turquía. Se lo habíamos prometido a unos amigos caucásicos que no pudieron ir. Con María horneamos khachapuri en casa para ver el resto de los partidos. Así se va cimentando la vida del friki, más en las fases de grupos que en las finales.
Ya arranca otro Mundial. Con la ilusión, quizá, de acabar en Sarajevo o en Taskent.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es
En la sección: Deportes // elmundo
También te puede interesar




