Europa contra Europa | Mundial 2026 fútbol | elmundo.es

Antaño se analizaban los Mundiales como un enfrentamiento casi ontológico entre Europa y (Sud) América. Las demás áreas eran focos marginales (lo siguen siendo). Se hablaba de dos escuelas, dos modelos, dos estilos, dos formas de concebir y practicar el juego: el «fútbol-fuerza» europeo y el «fútbol-arte» americano.
Existía una tópica razón geográfica que influía en la personalidad y el carácter de la gente. La Europa fría producía un tipo industrioso de futbolista, en contraste con el indolente emanado de la América esencialmente cálida. En Europa se jugaba por deber. En América, por placer. Europa tenía con la pelota una relación laboral. América, sentimental.
No hay, sin embargo, y aunque pequeña, una sola Europa. En su seno, incluso, algunos países ni siquiera son homogéneos. En España, sin ir más lejos, siempre se habló del fútbol serio y recio del norte, poco dado al virtuosismo, y el del sur, y no digamos el canario, adscrito a la luminosidad y la alegría meridionales. La España húmeda producía atletas. La seca, artistas.
Hace tiempo que eso ha cambiado aquí y en todas partes. Ya no hay campos con barro que conduzcan a la laboriosidad y el sacrificio, contrapuestos a otros con tréboles que llamen a la sensualidad y el sibaritismo. La globalización ha llegado al fútbol para dotarlo de uniformidad entre continentes y concentrarla en el nuestro. Los mejores futbolistas del mundo se desempeñan, en su inmensa mayoría, en el Viejo Mundo. Entre ellos, y muy especialmente, los sudamericanos. Talentos que vienen del Nuevo, en un oceánico trayecto inverso de conquista.
En Estados Unidos, México y Canadá juega, en el fondo, Europa contra Europa. En la familiaridad con los jugadores, los partidos de este Mundial nos parecen, con distintas camisetas y a otras horas en estadios diferentes, la prolongación de la Champions. Dentro del Mundial de países se ventila otro de clubes. El aficionado se interesa por dos torneos: el que disputa su combinado nacional y el que libran los futbolistas de su equipo repartidos en las selecciones extranjeras. Goza y sufre por partida doble.
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