El azulejo, la química o el plástico: los otros grandes sectores afectados por la guerra en Irán

La guerra en Oriente Medio entre Estados Unidos, Israel e Irán ya está dejando una huella visible en la economía española. A todos los sectores les atraviesa un mínimo común múltiplo: energía más cara, materias primas al alza, logística tensionada y financiación menos favorable. La suma de estos elementos, independientemente de los eventuales alto al fuego o de aperturas o cierres de estrechos, ha empezado a trasladarse a los precios.
El Índice de Precios de Consumo (IPC) subió en marzo un 1,1% respecto a febrero y elevó su tasa interanual al 3,4%, una décima por encima de lo previsto al cierre de mes, impulsado por el encarecimiento de los carburantes. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, se situó en el 2,9%, dos décimas más de lo avanzado, en una señal de que la nueva tensión geopolítica ya se está filtrando al resto de la economía. Pero el impacto no es uniforme: los sectores más perjudicados son los más intensivos en gas y petróleo, los que dependen de insumos petroquímicos y aquellos con mayor exposición al transporte internacional.
«El aumento de costes, la mayor inflación y la subida de los costes resultante del encarecimiento de la energía perjudica a la gran mayoría de las empresas. Las más afectadas son las que son más intensivas en los inputs encarecidos (como por ejemplo las empresas de transporte, agrícolas, industria electrointensiva), así como las empresas que tienen un mayor nivel de endeudamiento con referencias variables y las empresas con menos margen para soportar estos aumentos de costes», explican a este medio fuentes de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). «Esto sucede, especialmente, en las empresas de menor dimensión y/o antigüedad y en general a aquellas que estaban ya en una situación de pérdidas y/o que entran en pérdidas por esta crisis sobrevenida», añaden.
Entre los más golpeados figura la industria química, donde el conflicto en el Golfo Pérsico está afectando al mismo tiempo a la energía, a las materias primas y a la logística. Según datos recientes compartidos por la Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique), el diferencial de precios del gas natural en marzo respecto a febrero alcanza los 20,5 euros por megavatio-hora (MWh), con un sobrecoste estimado de 40 millones de euros para el sector. En electricidad, el diferencial se sitúa en 23,6 euros por MWh, con otro impacto adicional de unos 20 millones. Y a ello se suma la subida de productos como la nafta y la urea, con alzas del 67% y el 48%, además de recargos de entre 3.000 y 4.000 dólares por contenedor y mayores primas de seguro. El riesgo, según el sector, está en que una prolongación del conflicto siga elevando el precio del gas y termine agravando la presión sobre toda la cadena industrial.
Otro sector altamente golpeado por el conflicto en Oriente Medio es la industria del plástico, que ya está acusando una subida media del 30% en sus materias primas, según una encuesta de la Asociación Española de Industriales de Plásticos (Anaip). Más de la mitad de las empresas consultadas soporta incrementos superiores al 30% y casi el 14% sitúa esa subida en el 50% o más. Además, el 41% comunica alzas del transporte marítimo por encima del 20% y el 60% asegura sufrir retrasos en el suministro de materias primas. Esa tensión se extiende a la tecnología sanitaria, muy dependiente del plástico para productos como guantes, cánulas, jeringas o bolsas de orina. Fuentes del mercado sitúan ya en hasta el 50% el encarecimiento de algunos de estos suministros, mientras la Federación Española de Empresas de Tecnología Sanitaria (Fenin) alerta de un incremento de costes «sin precedentes», al tensionarse la cadena de suministro. En paralelo, la Sociedad Española de Radiología Médica (Seram) ha advertido de escasez de helio, gas esencial para las resonancias magnéticas.
La industria farmacéutica comparte esa presión, aunque por ahora sin incidencias críticas generalizadas. Farmaindustria ha advertido de que, si la situación se prolonga, podría repetirse un escenario parecido al de la guerra de Ucrania, cuando el sector asumió un impacto superior a 900 millones de euros por el aumento de los costes energéticos y de las materias primas. La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) no ha comunicado problemas graves de suministro, pero las compañías sí trasladan disrupciones en transporte aéreo, rutas marítimas y costes logísticos.
Incidencia en la manufactura
La cerámica y el calzado se sitúan también entre las actividades manufactureras más expuestas. En el azulejo, el gas natural puede representar alrededor de una cuarta parte de los costes de fabricación. Tanto es así que los hornos de azulejeras y esmalteras concentran el 7% del consumo industrial de gas de España y el 55% del de la Comunidad Valenciana. Los incrementos del 60% en los precios de referencia han reactivado ajustes de producción y expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) en algunas fábricas, en un sector que exporta más del 70% de su negocio —en menos de un mes, tres empresas han recurrido a este mecanismo para alrededor de 230 empleados—.
En el calzado, el primer golpe ha llegado por la logística, con fletes disparados y marcas recurriendo incluso al avión para cumplir plazos, pero también por las subidas de hasta el 70% en derivados del petróleo usados para las suelas y los inyectados. La Federación de Industrias del Calzado Español (FICE) ha pedido «prudencia y soluciones institucionales» ante el deterioro del comercio y la incertidumbre sobre la demanda, agravada por la tensión política entre España y Estados Unidos.
Metales, turismo o papel
En la industria pesada, siderurgia y metal vuelven a quedar entre los sectores más sensibles. Algunas empresas siderúrgicas estiman ya que el impacto sobre sus costes variables se mueve entre el 20% y el 25%, en un entorno que está dificultando la contratación de pedidos y la planificación comercial. La Unión de Empresas Siderúrgicas (Unesid) considera que las medidas del Real Decreto-ley 7/2026 pueden amortiguar parte del golpe sobre la industria electrointensiva, con rebajas en peajes, impuestos y compensaciones por costes indirectos de dióxido de carbono (CO?), aunque supedita su efecto a la evolución de los precios energéticos.
En el metal, la Confederación Española de Organizaciones Empresariales del Metal (Confemetal) constata una desaceleración clara al inicio de 2026: el indicador de facturación cae moderadamente (a 45 puntos sobre 100) en el primer trimestre, y los niveles de costes de energía, transporte y materias primas se sitúan ya muy por encima de los niveles de estabilidad.
El campo constituye otro de los focos más vulnerables, por la dependencia del gasóleo agrícola y de los fertilizantes. La Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (Asaja) recuerda que alrededor del 40% de los fertilizantes nitrogenados procede de países del Golfo Pérsico. La urea se ha encarecido un 33%, los fosfatos hasta un 40% y la potasa alrededor de un 20%, mientras que el gasóleo agrícola cuesta ya casi un 40% más de media desde el inicio de la guerra. En paralelo, la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (Fiab) ha alertado de la «alta volatilidad» que introduce esta combinación de energía, transporte y materias primas agrarias más caras, con riesgo de traslado al consumidor.
En la construcción y el acceso a la vivienda coinciden el encarecimiento de los materiales con el deterioro de la financiación. Gloval Analytics calcula que, en un escenario de tensión persistente, los costes de construcción podrían aumentar entre un 6% y un 10%, después de que la obra nueva ya se haya encarecido más del 32% entre 2020 y 2025.
A esa presión se suma un mercado hipotecario más caro: el euríbor cerró marzo con una tasa media provisional del 2,56%, 31,1 puntos básicos por encima de febrero. Altos ejecutivos del sector bancario ya advirtieron de que la guerra podía traducirse en «hipotecas mayores» si el Banco Central Europeo endurece más la política monetaria.
La Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón (Aspapel) calcula que solo el alza del gas podría suponer entre 20 y 30 millones de euros mensuales para su sector, característico por el elevado consumo térmico, a lo que se añade el encarecimiento de los fletes y la contención de la demanda.
Otro bloque es el vinculado al transporte, la logística y el turismo. En mercancías, las tensiones en el Mar Rojo y el Golfo están elevando los fletes entre un 40% y un 60%, con retrasos de entre cinco y diez días en las conexiones con Asia. Ese encarecimiento afecta ya a alimentos, energía y bienes industriales. En el transporte de viajeros, el alza del queroseno y el cierre de espacios aéreos en Oriente Medio están obligando a rediseñar operaciones. La española Level, del grupo International Airlines Group (IAG), ha recortado parte de sus frecuencias a América y otras compañías, como Lufthansa o KLM, dejarán parte de su flota en tierra. En turismo, España puede captar parte de la demanda desviada desde destinos percibidos como menos seguros, pero ese posible efecto refugio convive con mayores costes operativos y con una inflación que puede recortar el gasto en hostelería y ocio.
Sectores menos afectados
En un escalón por debajo quedan sectores con una exposición significativa, pero más indirecta o más diversificada, como los bienes de equipo, la automoción o la banca.
En bienes de equipo ya se anticipa una ligera caída en el primer trimestre, por encima del 2%, en una actividad muy internacionalizada, ya que el 80%de sus ingresos provienen de mercados exteriores.
En automoción, compañías de componentes como CIE Automotive, Gestamp o Antolin siguen de cerca la evolución de los costes energéticos y del transporte en Asia, aunque por ahora el suministro está relativamente cubierto por contratos a largo plazo. Y lo mismo ocurre entre los grupos automovilísticos que tienen capacidad productiva en España. Con hasta 17 fábricas en el territorio nacional, las fábricas todavía no están acusando la crisis en sus costes operativos, si bien siguen con atención la evolución del conflicto.
En defensa, pese a que cabe esperar que los conflictos bélicos contribuyan a su negocio, fuentes del sector aseguran que los pedidos se suelen hacer a largo plazo, y que las planificaciones ya se consolidaron con los planes de rearme europeos. Así, su carga de trabajo se limita actualmente a mantenimientos y reparaciones de activos.
En banca, la exposición directa al conflicto es reducida, del 0,5% de los activos, según los datos de la Autoridad Bancaria Europea (EBA). No obstante, el verdadero riesgo está en el efecto indirecto sobre el crecimiento y la morosidad de los sectores más afectados.
Información elaborada por Alba Brualla, Ángel Álvarez, Celia López, Diego Estebanez, Eva Contreras, Javier Romera, Nacho Martín, Rocío Antolín, Sergio Guinaldo y Víctor de Elena.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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