El corazón del Viejo Oeste emerge como nuevo ‘hub’ de centros de datos pero muestra las costuras de la IA ante la falta de agua

Los titanes de Silicon Valley están librando una auténtica pugna por situarse a la vanguardia del desarrollo de la IA. Para ello han acelerado el desarrollo de centros de datos donde tratar la información necesaria para entrenar los avanzados modelos de esta tecnología, y muchas regiones estadounidenses quieren albergar estas instalaciones ante las oportunidades económicas que ofrecen. En este contexto, el estado de Arizona, donde se extiende parte del desierto de Sonora, está convirtiéndose en un importante núcleo de centros de datos, revelando una enorme contradicción, pues se trata de una zona con estrés hídrico y estas instalaciones precisan de una enorme cantidad de agua. Todo ello manda un mensaje a países como España, donde se está apostando por los centros de datos y existe, al mismo tiempo, calor extremo y problemas de sequía.
El estado de Arizona alberga la segunda mayor concentración de centros de datos de EEUU, después del denominado ‘callejón de los centros de datos’ ubicado en el estado de Virginia, según el APM Research Lab. Esta región, lugar de numerosas aventuras de Billy The Kid, atrae a las compañías por situarse en una conexión de fibra óptica clave que se extiende hasta Texas y California y por ofrecer numerosas exenciones fiscales -de hasta el 80% del IBI-, ayudas a los fabricantes de centros de datos y leyes laborales laxas. Sin embargo, la falta de agua está planteando problemas en los planes de los titanes tecnológicos y generando tensión con los vecinos de la zona.
Buen ejemplo de ello es la ciudad de Tucson, donde los vecinos se levantaron este verano contra el Project Blue, un plan de Beale Infrastructure, subsidiaria de Blue Owl, para levantar un centro de datos cerca de la metrópoli y que inicialmente iba a contar con financiación de Amazon Web Services. La polémica saltó en julio, cuando el ayuntamiento de Tucson estuvo cerca de vender a Beale Infraestructure un terreno que hubiera permitido a la compañía acceder al suministro público de agua y usar este recurso para el sistema de refrigeración del ‘data center’.
Aquel plan generó un fuerte rechazo en una comunidad muy concienciada con el cuidado de su ecosistema. Se crearon organizaciones como ‘No Desert Data Center Coalition’, y se difundió el eslogan ‘No drop for data’ (ni una gota para los datos) y la oposición alcanzó tal magnitud que, en agosto, el ayuntamiento votó por unanimidad acabar con el Project Blue. Aunque Beale Infraestructure ha seguido empeñada en sacar adelante este proyecto, su viabilidad está en entredicho, especialmente después de que Amazon decidiera desvincularse de él esta misma semana.
Los habitantes de Tucson reaccionaron y se movilizaron ante el enorme consumo de agua que requieren los centros de datos, alertados por las informaciones que llegaban de la vecina Goodyear. Según datos de Microsoft, el uso anual de agua potable por parte de su centro de datos ubicado dicha ciudad superó los 200 millones de litros. Se trata de un volumen equivalente al uso anual de agua en 670 casas de Goodyear, es decir, al 1,9% de su población.
Las sedientas grandes tecnológicas
Son precisamente los titanes de Silicon Valley, los denominados hiperescaladores, quienes concentran más del 80% del agua utilizada por los centros de datos. Se trata de un tema espinoso, por lo que algunas de ellas, como Amazon y Meta, han prometido en los últimos años que aumentarán el uso de agua sucia -la cual es necesario filtrar- y que repondrán el agua que utilicen. Sin embargo, Google señaló en 2023 que solo el 22% del agua total usada (excluyendo la de origen marino) en sus centros de datos a nivel global era agua no potable.
Precisamente Google se negó en 2021 a hacer público el uso de agua en el Condado de Morrow (Oregón), de 16.000 habitantes. A pesar de la oposición del gigante tecnológico, aquella información acabó haciéndose pública a través de un periódico local: la subsidiaria de Alphabet empleaba más de 1.000 litros al año en sus centros de datos, el equivalente a un 25% de la utilización anual de agua en la ciudad. La reacción de la big tech fue contundente: participó en un proceso de denuncia contra el medio que había dado la noticia.
El gigante de Silicon Valley también es reflejo del impacto del auge de la IA en el uso de agua en sus centros de datos. Así, estas instalaciones emplearon, a nivel global, 31.000 millones de litros de agua en 2024, un volumen superior a los 24.000 millones de litros empleados el año anterior. La mayor parte de este recurso se destina a la refrigeración la cual constituye un elemento fundamental en el funcionamiento de los centros de datos. De hecho, según un informe de McKinsey and Company, la eficiencia de estas instalaciones depende del grado de refrigeración: «cuanto más cercanos entre sí estén los servidores, mayor será la producción por metro cuadrado«, señala el documento.
El dilema de los centros de datos
En este sentido, la temperatura ambiente ideal de los centros de datos se sitúa entre los 20º y los casi 28º, para lo cual es necesario emplear mecanismos de refrigeración. Sin embargo, en zonas tan áridas como Arizona, el enfriamiento del aire expulsado por los servidores mediante almohadillas húmedas, el más efectivo, es problemático. La clave está en que esta fórmula requiere más agua que la refrigeración con ventiladores tradicionales, los cuales, por contra, demandan más energía.
Adicionalmente, fuentes energéticas como las centrales nucleares, que han emergido como alternativa para suministrar energía, también necesitan agua para funcionar. Así las cosas, pese a los grandes incentivos de Airzona, hay voces que no lo consideran un buen lugar para albergar un importante núcleo de centros de datos. Ed Hendel, presidente de Sky Island AI, compañía localizada en Tucson, señaló en conversaciones con The Guardian que levantar centros de datos «en un desierto caliente en plena sequía es absurdo, porque el agua es muy valiosa».
Un problema a nivel global
Por otro lado, el riesgo de que los centros de datos aumenten el estrés hídrico en zonas con problemas del suministro de agua se extiende por todo el mundo. Según S&P Global, a lo largo de la presente década, el 43% de los centros de datos a nivel global operaran en regiones con elevado estrés hídrico. Entre los lugares donde se registrará un mayor impacto se encuentran países europeos como Bélgica, Grecia y España.
En definitiva, el agua constituye uno de los recursos clave para el funcionamiento de los centros de datos, por lo que la ubicación y operación de los mismos debe tener en cuenta la disponibilidad de este recurso. Una de las soluciones es emplear agua sucia, o incluso recuperar el agua de la lluvia para utilizarla en los procesos de refrigeración.
Además, a todo ello hay que sumarle los potenciales riesgos que pueden generar los ‘data center’ en el suministro energético, encareciendo la tarifa de la luz y elevando el peligro de apagones. En este último caso, es preciso señalar las ventajas que ofrece el mercado español, concretamente en materia de uso de energía renovable. Un enfoque sensible al medioambiente también podría contribuir a reducir los problemas vinculados al uso del agua en el desarrollo de la inteligencia artificial.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
En la sección: elEconomista tecnologia
También te puede interesar




