La falsa seguridad digital sale cara a las empresas

La gran paradoja de la ciberseguridad corporativa en 2026 es que muchas empresas se sienten razonablemente preparadas justo cuando más expuestas están. No hablamos de una amenaza hipotética. Hablamos de una falsa sensación de control alimentada por la confianza excesiva en ciertas herramientas y por una lectura poco profunda en plena era de la inteligencia artificial.
Los datos son elocuentes. De 1800 compañías encuestadas, el 95% cree que podría recuperarse de un ataque de ransomware. Sin embargo, el 40% sufrió uno durante el último año, y casi la mitad de ellas fue atacada más de una vez. Este optimismo no está respaldado por la experiencia real. Aún más revelador: solo el 15% de las víctimas logró restaurar la totalidad de sus datos, mientras que un 2% no recuperó absolutamente nada. La distancia entre percepción y capacidad efectiva de recuperación es, sencillamente, alarmante.
La irrupción masiva de la IA agrava ese desfase. El 88% de las organizaciones permite a sus empleados utilizar herramientas de IA generativa, pero únicamente el 48% dispone de una política formal para regular su uso. El resultado es un entorno donde la productividad avanza más rápido que la gobernanza. No sorprende, entonces, que el 52% de las empresas afirme haber detectado un aumento de los casos de phishing o ransomware impulsados por IA, ni que el 44% haya presenciado intentos de suplantación mediante deepfakes.
Este contexto pone de manifiesto que no basta con confiar en que la recuperación será posible. Hay que rediseñar la resiliencia desde la base. Eso exige diversificar infraestructuras, blindar copias de seguridad y pensar el almacenamiento como un activo estratégico, no como una simple partida de coste.
La actualidad recupera la tecnología de cinta LTO otorgándole la relevancia que muchos daban por superada. Su valor no está en la nostalgia tecnológica, sino en su capacidad para responder a tres exigencias críticas del actual contexto europeo: resiliencia operativa, soberanía del dato y continuidad de negocio. En un escenario marcado por inestabilidad geopolítica, presión regulatoria y crecimiento explosivo del volumen de información asociado a IA y machine learning, disponer de soportes seguros, duraderos y de bajo coste deja de ser una decisión técnica para convertirse en una decisión de negocio.
Las pymes españolas necesitan menos aprobación digital y más arquitectura de confianza. La seguridad ya no consiste solo en impedir el ataque, sino en garantizar que, cuando llegue, la empresa pueda seguir operando, proteger su información crítica y preservar su autonomía.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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