Una cartera moderada acaba el año con un 50% más de retorno que lo presupuestado

El cierre del ejercicio financiero (quedan 16 sesiones y media) tiene algo de liturgia laica. Se revisan las cotizaciones en la penumbra de la única luz del ordenador y habla el silencio. Ese silencio donde los números dicen la verdad. Y la verdad de este año es que una cartera diseñada moderada, mitad bolsa y mitad renta fija, va a entregar un rendimiento que supera en un 50% el plan de ruta del 4,5% que se había fijado como meta (en torno al 2% para la deuda, como objetivo de rentabilidad con duración de muy corto plazo; y un 7% para la bolsa, como resultado de expectativa de rentabilidad de la inversa del multiplicador de beneficios que se paga).
No es poca cosa un 50% más de lo previsto (7%). Es una barbaridad que cualquiera habría firmado allá por enero, cuando lo importante era cumplir con lo presupuestado. Aunque lo verdaderamente sorprendente es que se ha hecho recuperando la compostura con enorme facilidad ante los vaivenes de siempre -todos los años llega algún temporal-, esta vez disfrazado en abril en la tabla de los aranceles de Trump, que cayó sobre los mercados como un cañonazo de aviso en mitad de la madrugada. A muchos echó de la parte de riesgo y muy pocos fueron los que tuvieron la disciplina de aprovechar los desplomes para utilizar su munición.
El año empezó con aire de victoria prematura. A mediados de febrero, la estrategia ya había logrado la mitad del terreno marcado para una cartera moderada: más de un 2% de avance con un viento amable en las velas. Pero las bolsas, como los viejos soldados, saben que la suerte nunca dura demasiado. En abril, con los aranceles, llegó el golpe seco -pérdidas cercanas al 3% para una cartera modera-, suficiente para recordar que nadie sale a patrullar sin riesgo de emboscada.
A partir de ahí, sin embargo, el camino fue otro. Más limpio. Más decidido. Un paseo militar, que lleva la rentabilidad de 2026 hasta el entorno del 7%. Gracias al empuje bursátil disciplinado de una Europa y unos Estados Unidos que han firmado avances superiores al 15% (Wall Street en dólares, que en euros se quedan en pocos puntos de rentabilidad).
Ahora bien, conviene no dejarse arrastrar por el espejismo del año perfecto. Los mercados tienen memoria corta y humor cambiante. Y si algo nos enseñan es que no existe la fórmula mágica, sólo la gestión del riesgo y una cierta humildad para no creerse más listos. Por eso el próximo ejercicio no debería tener nada de ambición. Con fortuna, el regreso al mismo punto de partida que el de inicio de 2025 para una cartera 50%/50%: otro 4,5%. Esta vez la expectativa de rentabilidad construida por algunas décimas más de ganancia por la parte de renta fija y algunas menos por la bolsa respecto al presupuesto para 2025.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.eleconomista.es
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