estas cebollas tiernas catalanas se degustan ya en media España

Parrilla, papel de periódico y babero… ¡A comer calçots! Son los brotes de una variedad de cebollas tiernas y ahora estamos en plena temporada. Los calçots son uno de los platos típicos de la gastronomía catalana, pero en los últimos años se han hecho tan populares que ya es posible disfrutarlos en media España.
El calçot es una cebolla blanca, la Allium Cepa L. Su «arrancada» comienza en noviembre, cuando se sacan de la tierra las primeras unidades. La temporada de estas cebollas tiernas, entre puerro y cebolleta, alargadas, y ligeramente dulces, llegará hasta abril.
El calçot de Valls está protegido por una indicación geográfica. Se otorga a los cultivos de calçots que cumplen con unos determinados requisitos. Entre ellos está la cebolla que se debe usar (la «Blanca Tardana de Lleida»), la técnica de cultivo, las medidas de los calçots resultantes, y la presentación de los manojos, entre otros.
¿Por qué se llaman calçots?
- El calçot debe su nombre a la manera especial de cultivar la cebolla. Para alargarla se «calza» («calçar» en catalán) con más tierra. Esto es, se añade tierra a su base para que la cebolla tenga que «estirarse» en busca de la luz, explican en Calsots.com. Este proceso se repite 2 o 3 veces durante su cultivo, hasta conseguir una parte blanca lo suficientemente larga. Según la reglamentación de la IGP, esta longitud debe estar entre 15 y 25 cms.
Los calçots se comen mucho con salsa romesco o salvitxada, completando con un segundo plato compuesto por carnes y butifarras típicas. Pero ante todo, se comen con los demás, como en una fiesta.
Los calçots son una fiesta porque se comen acompañados de familiares y amigos. Familiares, amigos, visitantes, turistas… se reúnen en torno al calçot. Todos se «arman» de babero para disfrutarlos y divertirse poniéndose negros los dedos por el tiznado de sus capas exteriores (esas que se retiran para comerlos).
Que se quemen… por fuera
Primero se cortan las hojas verdes a una determinada medida y se eliminan las raíces. Después los calçots se asan a la parrilla, con fuego de sarmiento y se sirven acompañados de salsa salvitxada –que muchos ya llaman salsa romesco–, hecha con ajos, tomates, almendras, avellanas, pan, vinagres, aceite, sal y pimento ñora.
La receta tradicional de los calçots habla de brasas de sarmientos y platos que son tejas… pero no siempre es posible tener una cocina de leña. El festín se completa con un segundo plato compuesto por carnes y butifarras típicas. De postre se solía comer una naranja, pero últimamente se ha hecho sitio la deliciosa crema catalana.
A la hora de cocinarlos no hay que tener miedo a que se quemen por fuera; al contrario, es la garantía de que el calçot se está cociendo por dentro. Los retiramos de las brasas cuando estén llorando, o sea, soltando jugo. En ese momento, sabremos que ya están tiernos por dentro.
El calçot es un alimento de muy bajo contenido calórico, que se ve incrementado por la salsa romesco que suele acompañarle. Esta cebolla dulce tiene hidratos de carbono en pequeña cantidad, es rica en potasio y aporta mucha fibra.
Fuente de TenemosNoticias.com: www.20minutos.es
En la sección: 20MINUTOS.ES – Gastronomía
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