Descubren los nombres de tres reyes asirios desconocidos que fueron borrados deliberadamente de la historia oficial hace 2.800 años

Durante más de un siglo, los historiadores confiaron en la exactitud de los contenidos de las Listas de los reyes asirios, como si de un documento del registro civil se tratara. Estas tablillas cuneiformes, compuestas hace casi 3.000 años, parecían enumerar sin fisuras a todos los monarcas que gobernaron Asiria. Ningún hueco, ninguna duda, ninguna sombra.
Sin embargo, las sombras estaban bien presentes. Un vaso ritual de plata, una estela del desierto con un nombre cancelado y una tablilla de concesión de tierras mal leída durante 125 años han obligado a reescribir el árbol genealógico de los reyes de Asiria. Tres gobernantes, cuyos nombres se borraron de forma deliberada del registro oficial, acaban de recuperar su lugar en la historia.
El hallazgo, publicado por Alexander Johannes Edmonds (Universidad de Münster) y Eckart Frahm (Universidad de Yale) en la revista académica Journal of Cuneiform Studies, demuestra que el trono asirio fue mucho más disputado de lo que se pensaba. La propia listas de los reyes asirios, lejos de ser documentos neutrales, funcionaron como una herramienta de propaganda.
Un grano de plata fundido en un vaso ritual, una estela del desierto con un nombre cancelado y una tablilla de concesión de tierras mal leída durante 125 años han permitido recuperar los nombres de tres reyes asirios.

El eclipse, motor de una rebelión en el corazón de Asiria
En el año 763 a. C., un eclipse solar total oscureció los cielos de Asiria durante el mes de simanu (mayo-junio). Para una cultura que interpretaba el firmamento como espacio de los mensajes divinos, aquello solo podía significar una cosa: el soberano reinante estaba condenado a morir.
Un hijo del difunto monarca Šamšī-Adad V aprovechó ese momento de pánico para alzarse con el poder. Se dirigió a Aššur, la ciudad donde tradicionalmente se coronaba a los soberanos, y reclamó el trono para sí. Adoptando el nombre real de Tiglat-Pileser, gobernó allí de forma paralela al rey oficial, Aššur-dān III, durante casi dos años.
La prueba de este golpe político se encontraba escondida en una tablilla dañada, hallada en Nínive y conservada en el Museo Británico. Durante 125 años, se consideró que el texto mencionaba al rey Adad-nārārī III. Edmonds y Frahm, por el contrario, sostienen que los signos cuneiformes, mal restaurados desde la primera edición de 1898, corresponden en realidad al nombre de este rey rebelde hasta ahora desconocido. Los epónimos asirios (un sistema de datación por el que a cada año de gobierno de un rey se le da el nombre de un evento relevante acaecido durante el año en cuestión) confirmarían, además, que se produjo un levantamiento en Aššur precisamente en ese periodo.
En el año 763 a. C., un hijo del difunto monarca Šamšī-Adad V aprovechó un momento de crisis política para alzarse con el poder. Adoptó el nombre de Tiglat-Pileser y gobernó durante dos años de forma paralela al rey oficial, Aššur-dān III.

Salmanasar: el nombre borrado que resolvía un enigma real
En 1894, unas autoridades otomanas descubrieron en Tell Abta, Irak, una estela de piedra dedicada a un funcionario llamado Bēl-Ḫarrān-bēlu-uṣur. El texto menciona el nombre del rey una sola vez, pero, curiosamente, ese nombre se raspó y se sustituyó por otro ya en la Antigüedad: donde antes decía «Salmanasar» ahora se leía «Tiglat-Pileser».
Durante décadas, los especialistas asumieron que el nombre original pertenecía a Salmanasar IV o a Salmanasar V, dos figuras históricas bien conocidas. Con todo, tal interpretación presentaba algunos problemas históricos: ninguna de estas dos opciones encajaba con el estilo de ropa que luce el funcionario en el relieve ni con el contexto político descrito en la inscripción.
Edmonds y Frahm proponen una solución distinta. El nombre borrado correspondería a un Salmanasar hasta ahora ignorado, que reinó apenas un año y medio, entre 747 y 745 a. C., justo antes de que Tiglat-Pileser III tomara el poder tras una revuelta en Kalḫu. Un curioso documento griego, el Canon Ptolemaico, respaldaría esta idea. En este texto, se denomina Salmanasar al primer rey de Babilonia de esa época, un dato que solo cobra sentido si existió un monarca asirio con ese nombre que hubiera accedido al trono ese año.
Un desconocido Salmanasar habría reinado apenas un año y medio, entre 747 y 745 a. C., justo antes de que Tiglat-Pileser III tomara el poder tras una revuelta en Kalḫu.

Un vaso de plata guardaba el rastro de un rey fantasma
En 2009, el asiriólogo Eckart Frahm publicó una breve inscripción hallada en Aššur que documentaba la restauración de un vaso ritual de plata, usado para libar cerveza al dios Aššur. La tablilla explica que el recipiente fue fabricado por Tukultī-Ninurta I, luego reparado por un tal Aššur-uballiṭ y, por último, restaurado, siglos más tarde, por Tukultī-Ninurta II. Sin embargo, según la lista oficial ningún rey llamado Aššur-uballiṭ gobernó Asiria en ese intervalo
La respuesta al enigma se encontró en una estela mutilada, descubierta en 1909 por el arqueólogo Walther Andrae. Se trata de una antigua estatua real, decapitada y despojada de sus insignias, que se reconvirtió en un monumento de eponimato. Todo apunta a que Adad-nārārī II usurpó el trono hacia el año 912 a. C. a costa de este Aššur-uballiṭ, cuyo nombre solo sobrevivió, sin títulos ni genealogía, como una incómoda nota al pie en el vaso restaurado.
Adad-nārārī II habría usurpado el trono hacia el año 912 a. C. a costa del legítimo rey Aššur-uballiṭ, cuyo nombre solo sobrevivió en una copa de plata.

Un hallazgo que cambia nuestra forma de ver la historia asiria
Los tres reyes cuyos nombres acaban de descubrirse están unidos por un patrón revelador. Todos ejercieron su poder en Aššur, gobernaron poco tiempo y fueron eliminados del registro oficial. La Lista de los reyes asirios, considerada durante décadas la columna vertebral de la cronología asiria, no documentaba a todos los monarcas que existieron, sino solo a los que sus editores consideraron legítimos.
Esto no significa que la cronología de la realeza asiria deba reescribirse por completo. Los propios autores subrayan que las fechas posteriores al año 911 a. C. permanecen firmes, gracias a otros registros independientes. Sin embargo, sí implica aceptar que el poder en Asiria fue, desde sus orígenes, un asunto mucho más disputado y sangriento de lo que la propaganda real quiso transmitir.
Referencias
- Edmonds, Alexander Johannes y Eckart Frahm. 2026. «Three New Kings of Assyria». Journal of Cuneiform Studies, 78: 27–59. DOI: https://doi.org/10.1086/741239
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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