encuentran un marsupial “extinto” hace 6.000 años en una selva de Nueva Guinea con un dedo muy peculiar

En uno de los lugares más inaccesibles del planeta, donde la selva parece haber detenido el tiempo y la ciencia aún camina con cautela, un grupo de investigadores llevaba años siguiendo una pista casi imposible. No se trataba de una especie nueva ni de un animal desconocido, sino de algo mucho más desconcertante: criaturas que, en teoría, ya no existían.
Durante décadas, la isla de Nueva Guinea ha sido un territorio de enigmas biológicos. Su aislamiento geográfico y su compleja historia geológica han convertido a esta región en un auténtico refugio de biodiversidad, donde especies antiguas han logrado sobrevivir lejos de la presión humana. Tal y como han señalado numerosos estudios previos, esta isla es uno de los últimos bastiones donde aún pueden esconderse fragmentos del pasado evolutivo de Australia.
En ese contexto, la península de Vogelkop —una región montañosa cubierta por selvas densas— ha despertado el interés de científicos desde hace años. Su particular origen geológico, como fragmento del antiguo continente australiano, la convierte en una cápsula del tiempo natural. Tal y como ha adelantado el equipo liderado por el investigador Tim Flannery, esta zona podría albergar especies que desaparecieron en otros lugares hace miles de años.
Pero el problema era evidente: no había pruebas concluyentes. Solo fósiles fragmentarios, algunos restos hallados en cuevas y registros dispersos que situaban a ciertos animales en el pasado, especialmente durante el Pleistoceno y el inicio del Holoceno. Después, silencio.
Durante más de 6.000 años, varias especies simplemente desaparecieron del registro científico. No se extinguieron necesariamente… pero tampoco volvieron a ser vistas.
Un rompecabezas científico que comenzó con huesos
La historia de este hallazgo no comienza en la selva, sino en el laboratorio. Fue allí donde los científicos empezaron a revisar antiguos restos fósiles procedentes de Nueva Guinea. Entre ellos, destacaban fragmentos de mandíbula y dientes que pertenecían a un pequeño marsupial de características muy particulares.
Tal y como indica el propio estudio científico, estos restos —datados entre hace 7.500 y 6.000 años— correspondían a una especie diminuta dentro de un grupo de marsupiales conocidos como petaúridos. Durante años, se consideró extinguida.
Sin embargo, algunos detalles no encajaban. La morfología de estos fósiles sugería adaptaciones muy especializadas, difíciles de explicar en un animal que hubiera desaparecido sin dejar rastro. Además, ciertas colecciones de museos contenían ejemplares mal clasificados que empezaron a levantar sospechas entre los investigadores.
A partir de ahí, comenzó una auténtica investigación detectivesca. Fotografías tomadas por exploradores independientes, testimonios locales e incluso ejemplares olvidados en colecciones científicas fueron encajando poco a poco en un mismo patrón. Algo estaba ahí fuera.

La pista definitiva estaba en la selva
A medida que avanzaban las investigaciones, la clave dejó de estar en los fósiles y pasó a depender del trabajo de campo. Y en ese punto, el conocimiento local resultó decisivo.
Comunidades indígenas de la región ya conocían a algunos de estos animales, aunque no bajo nombres científicos. Para ellas, no eran criaturas desaparecidas, sino parte de su entorno cotidiano, aunque raras y difíciles de observar.
Tal y como han revelado los investigadores, la colaboración con estas comunidades permitió localizar zonas concretas donde podrían habitar estas especies. La selva de Vogelkop, prácticamente intacta en muchos puntos, ofrecía el escenario perfecto.
Y entonces llegó la confirmación.
al y como han señalado los investigadores, el hallazgo no solo confirma la supervivencia de estas especies, sino que obliga a replantear cómo entendemos la extinción en contextos tropicales poco explorados.
El regreso de un “fantasma” de la evolución
Contra todo pronóstico, los científicos documentaron ejemplares vivos de una especie que llevaba milenios considerada extinta: el diminuto Dactylonax kambuayai.
Según el estudio publicado en Records of the Australian Museum, este pequeño marsupial —el más pequeño de su grupo— presenta características únicas. Su rasgo más llamativo es un dedo extremadamente alargado, adaptado para extraer larvas de insectos del interior de la madera, un comportamiento altamente especializado.
Pero el hallazgo no terminó ahí. Junto a este animal, los investigadores confirmaron la existencia de otro marsupial igualmente enigmático, relacionado con los planeadores australianos, que también se creía desaparecido desde hacía miles de años.
Ambas especies comparten una historia evolutiva ligada al antiguo continente australiano. Tal y como ha revelado el equipo científico, su presencia en Nueva Guinea refuerza la idea de que esta región actuó como refugio para especies que desaparecieron en otros lugares tras los cambios climáticos del final de la última glaciación.

Un descubrimiento que reescribe la historia natural
Más allá de lo sorprendente del hallazgo, su importancia científica es enorme. No solo confirma la existencia de especies consideradas extintas, sino que obliga a revisar la evolución y distribución de todo un grupo de marsupiales.
El propio estudio también redefine la clasificación del género Dactylonax, diferenciando claramente varias especies que hasta ahora se consideraban una sola . Este tipo de revisiones taxonómicas son clave para entender cómo evolucionan las especies y cómo se adaptan a distintos entornos.
Además, el caso de estos animales pone sobre la mesa una cuestión inquietante: ¿cuántas especies más podrían estar ocultas en regiones poco exploradas?
Los científicos advierten que estos ecosistemas están bajo amenaza. La expansión de la tala y otras actividades humanas podría poner en peligro a especies que ni siquiera han sido estudiadas en profundidad.
En este sentido, el hallazgo no es solo una historia fascinante, sino también una llamada de atención. Tal y como han subrayado los investigadores, proteger estas regiones no solo implica conservar la biodiversidad actual, sino también preservar fragmentos vivos de la historia evolutiva del planeta.
Referencias
- Tim F. Flannery et al. 2026. Found alive after 6,000 years: modern records of an ‘extinct’ Papuan marsupial, Dactylonax kambuayai (Marsupialia: Petauridae), with a revision of the systematics and zoogeography of the genus Dactylonax. Rec. Aust. Mus 78 (1): 17-34; DOI: 10.3853/j.2201-4349.78.2026.3003
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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