Hallazgo histórico en la Patagonia: descubren el enterramiento más antiguo con 10.800 años, acercando la solución al gran enigma de los primeros pobladores de América del Sur

La historia de los primeros pobladores de América del Sur acaba de dar un giro tan inesperado como revelador. Un descubrimiento fortuito, surgido en un contexto tan cotidiano como la construcción de una vivienda, ha abierto una nueva ventana al pasado remoto del continente. Y lo ha hecho en un lugar donde, hasta ahora, el silencio arqueológico parecía dominar el relato.
Durante décadas, el foco de la investigación se ha centrado en las rutas de migración humana hacia el sur del continente. Las hipótesis han sido múltiples: desde corredores interiores hasta desplazamientos por la costa del Pacífico. Esta última opción ha sido, durante mucho tiempo, la más respaldada por evidencias arqueológicas, especialmente por la abundancia de yacimientos tempranos en esa franja occidental.
Sin embargo, la costa atlántica ha permanecido como una incógnita. Los registros eran escasos, fragmentarios y, sobre todo, mucho más recientes. Esto generaba una asimetría difícil de explicar: ¿por qué un litoral aparentemente favorable para la vida humana había sido ocupado tan tarde?
Las respuestas, en parte, se han buscado en factores geológicos. El final de la última glaciación provocó un aumento significativo del nivel del mar, sumergiendo amplias zonas costeras que pudieron albergar asentamientos humanos hoy desaparecidos. Este fenómeno ha dificultado enormemente la reconstrucción del poblamiento temprano en el Atlántico sudamericano.
En este contexto, cada nuevo hallazgo adquiere una relevancia extraordinaria. No solo por lo que aporta en términos de datación, sino porque permite reconstruir comportamientos, rutas y modos de vida que hasta ahora permanecían en la sombra.
Un hallazgo inesperado que cambia el relato
El punto de inflexión llegó en una pequeña localidad de Camarones, en plena Patagonia. Allí, en octubre de 2020, el hallazgo de restos humanos durante una obra doméstica desencadenó una investigación que, con el tiempo, se revelaría crucial.
Tal y como ha revelado el estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports, los arqueólogos identificaron finalmente dos individuos, ambos jóvenes, enterrados en lo que resultó ser un complejo funerario mucho más antiguo de lo esperado.
Las primeras estimaciones sorprendieron incluso a los propios investigadores. Las dataciones por radiocarbono situaron estos enterramientos entre hace aproximadamente 10.800 y 9.800 años. Esto supone un salto temporal de varios milenios respecto a las evidencias previas en la región, que apenas alcanzaban los 6.000 años.

El hallazgo no solo adelanta la presencia humana en esta zona, sino que obliga a reconsiderar el papel del Atlántico en las rutas de expansión de los primeros grupos humanos. Lejos de ser un territorio marginal o tardío, podría haber sido un espacio ocupado mucho antes de lo que se creía.
Pero la importancia del descubrimiento no reside únicamente en su antigüedad.
Más que huesos: cultura, territorio y memoria
Uno de los aspectos más reveladores del hallazgo es el contexto en el que fueron enterrados estos individuos. Lejos de tratarse de un depósito casual, los restos muestran claros indicios de prácticas funerarias elaboradas.
Tal y como indica la investigación, uno de los cuerpos fue enterrado con ocre rojo, un elemento cargado de simbolismo en muchas culturas prehistóricas. Además, se hallaron alrededor de 50 cuentas elaboradas con huesos de ave, probablemente formando un collar de considerable longitud.
Estos detalles no son menores. Sugieren la existencia de rituales, de una concepción simbólica de la muerte y, en definitiva, de una estructura cultural más compleja de lo que cabría esperar en grupos tan antiguos.
A esto se suma otro dato significativo: el lugar fue reutilizado siglos después. Este hecho apunta a una memoria territorial, a la transmisión de conocimiento entre generaciones que regresaban al mismo espacio para enterrar a sus muertos.
No estamos, por tanto, ante grupos nómadas sin arraigo, sino ante comunidades que conocían su entorno y mantenían vínculos duraderos con él.
Según los autores del estudio, la antigüedad de los restos obliga a reconsiderar las rutas tradicionales de migración y el papel del Atlántico en la expansión humana.
Vivir junto al mar hace 10.000 años
Otro de los grandes interrogantes era cómo vivían estos primeros pobladores. ¿Eran simples exploradores o comunidades asentadas?
Los análisis isotópicos realizados sobre los restos aportan una respuesta clara. Como ha adelantado el equipo investigador, la dieta de estos individuos incluía una proporción significativa de recursos marinos. Esto indica que no solo conocían el litoral, sino que lo explotaban de manera habitual.
Este dato resulta clave. Durante mucho tiempo se pensó que la explotación intensiva de recursos marinos en esta región era un fenómeno tardío. Sin embargo, estas evidencias demuestran que ya hace más de 10.000 años existían estrategias adaptativas plenamente desarrolladas en entornos costeros.
Además, el uso de materiales locales, como el propio ocre o los huesos de aves, refuerza la idea de un conocimiento profundo del territorio. No se trataba de grupos en tránsito, sino de comunidades integradas en su ecosistema.

Los autores subrayan que este tipo de hallazgos permiten llenar vacíos críticos en el registro arqueológico, especialmente en regiones afectadas por la subida del nivel del mar.
Un nuevo capítulo en la historia del poblamiento americano
Las implicaciones de este hallazgo van mucho más allá de un simple ajuste cronológico. Obligan a replantear modelos enteros sobre la colonización de América del Sur.
Si la costa atlántica fue ocupada mucho antes de lo que se pensaba, es posible que las rutas de dispersión fueran más diversas y complejas. Quizá no existió un único camino dominante, sino múltiples trayectorias que se desarrollaron de forma simultánea o interconectada.
Tal y como señalan los investigadores, el descubrimiento abre nuevas líneas de estudio, desde análisis genéticos hasta investigaciones más detalladas sobre las prácticas culturales de estos grupos.
Además, el hecho de que el yacimiento se encuentre en una zona urbana sugiere que podrían aparecer nuevos restos en el futuro. Cada uno de ellos tendría el potencial de seguir reescribiendo esta historia.
Sin duda alguna, este hallazgo no solo ilumina un episodio desconocido del pasado, sino que nos recuerda hasta qué punto la historia humana sigue siendo un relato en construcción.
Referencias
- Julieta Gómez Otero et al, First archaeological evidence of Early Holocene human settlement on the Atlantic coast of South America. The Camarones burial site, Argentine Patagonia, Journal of Archaeological Science: Reports (2026). DOI: 10.1016/j.jasrep.2025.105515
Fuente de TenemosNoticias.com: muyinteresante.okdiario.com
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