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La marcha de las «cucarachas» hacia el Parlamento indio | elmundo.es

📅 🕐 hace 2 min🔗 Fuente: elmundo.es🕑 8 min de lectura
La marcha de las "cucarachas" hacia el Parlamento indio
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Bajo un aguacero que apenas deja ver las cúpulas del Parlamento de Nueva Delhi, miles de jóvenes avanzaron con banderas de India en una mano y pequeñas cucarachas de cartón en la otra. Algunos sostenían rosas de plástico como símbolo de protesta pacífica; otros corean una única consigna: «¡Dimisión!». A pocos metros, barricadas metálicas, policías antidisturbios y efectivos paramilitares cerraban todos los accesos al histórico observatorio de Jantar Mantar, convertido una vez más en el epicentro del descontento popular.

Lo que el lunes debía ser una marcha para exigir una reforma del sistema educativo ha terminado convirtiéndose en la mayor demostración de fuerza de un movimiento que hace apenas unos meses era poco más que un meme en internet. Las «cucarachas» han salido de las redes sociales para desafiar al Gobierno del primer ministro Narendra Modi.

Durante la jornada, la Policía cargó con porras contra algunos manifestantes que intentaban llegar al Parlamento. La protesta llegaba en un momento de máxima tensión. El detonante fue el traslado forzoso al hospital, el pasado sábado, del activista y educador Sonam Wangchuk, que llevaba 21 días en huelga de hambre apoyando las reivindicaciones del Partido Janata de la Cucaracha (Cockroach Janata Party, CJP). Decenas de policías irrumpieron en la concentración, lo cubrieron con unas sábanas y se lo llevaron mientras cientos de manifestantes intentaban impedirlo entre empujones y gritos.

Wangchuk continúa ingresado y ha prometido mantener el ayuno hasta que el Gobierno asuma responsabilidades por los escándalos que sacuden el sistema educativo o el Parlamento se comprometa públicamente a abordar el problema.

Lejos de desactivar la movilización, la intervención policial ha inflamado todavía más los ánimos. El fundador del CJP, Abhijeet Dipke, ha elevado el pulso contra el Ejecutivo. Si hasta ahora la principal exigencia era la dimisión del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, tras el episodio del hospital el movimiento apunta directamente a Modi. El Gobierno, por su parte, mantiene una estrategia de silencio. Ningún representante del Ejecutivo se ha reunido con los manifestantes, mientras Pradhan ha despachado al CJP calificándolo como «el equipo B de elementos subversivos».

Abhijeet Dipke, fundador del Partido Janata de la Cucaracha (centro, sentado), el viernes, en el inicio de una huelga de hambre indefinida durante una protesta.Shonal GangulyAP

Como ha ocurrido en otras grandes movilizaciones contra el Gobierno de Modi, las autoridades también recurrieron al apagón digital. La Fundación para la Libertad en Internet denunció que los servicios de internet móvil fueron suspendidos en la zona de Jantar Mantar y sus alrededores, sin que existiera ninguna orden pública que justificara la medida.

Decenas de usuarios compartieron mensajes enviados por las operadoras notificando que el acceso a la red quedaba interrumpido «hasta nuevo aviso». Los cortes de internet se han convertido en una herramienta cada vez más frecuente en India para dificultar la coordinación de las protestas y frenar la difusión de imágenes de las cargas policiales.

La actuación policial y el bloqueo de las comunicaciones provocaron una oleada de críticas de la oposición. Dirigentes del Congreso, del Trinamool Congress y del Partido Samajwadi acusaron al Ejecutivo de responder con represión a una protesta pacífica y cuestionaron el uso de la fuerza contra los estudiantes, mientras reclamaban al Gobierno que asumiera responsabilidades por el escándalo de las filtraciones de exámenes en lugar de intentar sofocar las movilizaciones.

Resulta difícil encontrar un símbolo más extraño que una cucaracha para liderar una protesta nacional. Pero precisamente ahí reside buena parte del éxito del movimiento. El CJP nació en mayo como una iniciativa satírica en redes sociales impulsada por Dipke, un graduado de la Universidad de Boston especializado en comunicación digital.

Todo empezó como una campaña de humor político tras las polémicas filtraciones de exámenes públicos. En cuestión de semanas, aquel experimento se convirtió en un fenómeno viral que acumuló decenas de millones de seguidores y acabó trasladándose de las pantallas a las calles.

La cucaracha, tradicionalmente asociada a la suciedad y al desprecio, fue resignificada como emblema de resistencia. Si el sistema trata a los jóvenes como una plaga molesta e insignificante, respondían los organizadores, esa misma plaga puede organizarse y hacerse imposible de ignorar. El humor, los vídeos generados con inteligencia artificial, los memes y el lenguaje de TikTok sustituyeron a los discursos solemnes de la oposición tradicional.

Mensaje político tras la ironía

Pero detrás de la ironía aparecía un mensaje profundamente político: exigir transparencia, mérito y rendición de cuentas en un país donde millones de estudiantes sienten que su futuro depende de un sistema incapaz de garantizar unas reglas justas.

El escándalo de los exámenes de Medicina terminó de prender la mecha. La cancelación de la prueba de acceso a las facultades afectó a cerca de 2,3 millones de aspirantes después de que salieran a la luz filtraciones y graves irregularidades. La repetición del examen no logró apagar la indignación. Para miles de familias, el caso simboliza el fracaso de un modelo donde años de sacrificio pueden quedar anulados por la corrupción o la incompetencia administrativa. Según denuncian los familiares, más de una veintena de estudiantes se suicidaron durante las semanas de incertidumbre generadas por el proceso.

Ese malestar conecta con un problema mucho más profundo. India presume de ser la economía de mayor crecimiento entre las grandes potencias y de aspirar a convertirse en la tercera economía mundial antes del final de la década. Sin embargo, buena parte de esa narrativa optimista choca con la realidad cotidiana de millones de jóvenes. Casi la mitad de los más de 1.400 millones de habitantes del país tiene menos de 25 años, mientras el desempleo juvenil continúa siendo uno de los grandes desafíos estructurales.

Cada año salen al mercado laboral millones de graduados que compiten ferozmente por un número limitado de empleos públicos y privados. Para muchos de ellos, el sueño de movilidad social que prometía la India de Modi empieza a mostrar grietas.

Protestas más allá de Delhi

Las protestas ya no se limitan a Delhi. Durante el fin de semana hubo multitudinarias concentraciones en Bombay y nuevas marchas en Bengaluru e Hyderabad, reflejo de que la frustración trasciende el escándalo de un examen concreto. La educación ha actuado simplemente como catalizador de un malestar acumulado durante años entre una generación que ha crecido prácticamente bajo los doce años de gobierno de Modi y que empieza a buscar formas distintas de representación política.

Queda por ver si las «cucarachas» son capaces de ir más allá del entusiasmo actual de una generación de indios cabreados. Pero incluso si el CJP nunca llega a convertirse en un partido con opciones reales de gobierno, ya ha conseguido alterar el debate político del país. Ha obligado al Ejecutivo a responder por el sistema educativo, ha puesto voz a una generación desencantada y ha demostrado que, en la India de 2026, una simple cucaracha puede convertirse en el símbolo más incómodo para el Gobierno de Modi.



Fuente de TenemosNoticias.com: www.elmundo.es

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