Ihor Brusylo, exdirector adjunto del gabinete de Zelenski: «Ucrania está dispuesta al diálogo con Putin. Es la única manera de acabar con esta guerra innecesaria» | elperiodico.com

La entrevista con Ihor Brusylo inicia con una coincidencia surrealista. En la embajada de Ucrania en Roma no hay electricidad por un apagón que afecta al barrio. Brusylo no lo dice, pero la mente va a los apagones en las ciudades ucranianas provocados por los ataques rusos. «Por suerte aquí, en Roma, es por el calor», dice finalmente con sarcasmo el hoy (desde junio) embajador ucraniano en Italia, antiguo asesor en política internacional y vicejefe de la Oficina de Volodímir Zelenski (cargo que ocupaba desde marzo de 2021), en entrevista con EL PERIÓDICO en momentos en los que la noticia de la semana es el nuevo terremoto político que atraviesa su país por la destitución del ministro de Defensa, Mijailo Fedorov.
Embajador, ahora mismo, en julio de 2026, ¿qué perspectivas hay de un alto el fuego?
El bloqueo está en Moscú. Ucrania ofrece negociaciones directas desde el principio; Zelenski lo ha repetido muchas veces porque nada sustituye al contacto directo.
Entonces Zelenski realmente está dispuesto al diálogo con Putin.
Sí. ¿Y sabe por qué? Porque esta es la única manera de acabar la guerra. Lo otro significa continuar con una guerra innecesaria, que es lo que Putin está haciendo; cree que aún puede ganar por la vía militar, aunque no sea cierto.
¿Cuáles son ahora los obstáculos que impiden un acuerdo y cuáles son hoy las líneas rojas de Ucrania?
Ahora mismo lo único que impide la mesa de negociación es la negativa de una sola persona a sentarse en ella: Putin. La vía diplomática es muy difícil con él en el poder. Y nuestras líneas rojas, las de siempre, siguen siendo las mismas: no reducir nuestras fuerzas armadas, no aceptar un veto ruso a la adhesión europea y no dejar que Moscú decida si nos alineamos con la OTAN. Eso corresponde a la Alianza, no a Rusia.
¿Renunciar a la OTAN entonces no está sobre la mesa?
¿Que si puede ser un asunto negociable? Puede serlo, por supuesto. Podemos discutir, esta guerra no puede continuar para siempre. Tiene que ser detenida, pero la única forma es ejercer más presión sobre Rusia. Ha llegado la hora de que EEUU y Europa entiendan que deben aplicar el último tramo de presión.
Y eso sería…
Sanciones económicas serias sobre la industria militar, el petróleo, los combustibles y la flota en la sombra. Y dejar de emitir visados a quienes apoyan abiertamente esta guerra. Que disfruten de la “belleza de su miseria” en casa; no tienen por qué venir a disfrutarla a la Unión Europea.
¿Y Crimea, el Donbás…?
Rusia prepara, por cierto, elecciones este otoño en los territorios ocupados y llamará a observadores europeos para legitimarlas. No servirá de nada: ni Crimea ni el resto serán reconocidos internacionalmente como territorio ruso. Es territorio ucraniano ocupado por la fuerza desde 2014, y así debe seguir constando en el derecho internacional.
¿Hay interlocutores en Rusia con los que Ucrania cree que es posible negociar?
Creo que sí, aunque no sabemos quiénes son todavía. Hay sectores, especialmente del empresariado, que quieren volver a hacer negocios con el mundo y saben que esta guerra les perjudica, pero viven en una autocracia, una dictadura, y no pueden decirlo públicamente. Pero sí, creo que hay gente con la que se puede razonar; nada es imposible. La diplomacia sigue siendo la herramienta que acabará poniendo fin al conflicto; la guerra, por sí sola, no lo hará.
¿No hay ninguna negociación en marcha?
No que yo sepa. Y, además, se han vuelto inútiles. Nosotros podemos ajustar nuestra posición porque nuestro negociador mantiene un contacto directo con el presidente. Ellos no: se limitan a repetir las consignas que traen de Moscú y no tienen capacidad para negociar de verdad.
Mirando atrás, ¿hubo algún momento en que la paz estuvo cerca?
Con la llegada de Trump al proceso hubo una mayor esperanza de que las cosas se movieran más rápido. Luego vino Alaska, varias llamadas telefónicas y, de nuevo, el punto muerto. Tampoco hubo nunca, por parte de Rusia, una voluntad real de acabar la guerra. Creo que teme que hacerlo le haga parecer débil ante los propios rusos. Además, está convencido de que todavía puede imponerse y solo aceptaría una negociación en la que Ucrania reconociera su derrota, cediera sus territorios y proclamara a Rusia vencedora. Eso no va a ocurrir.
Los misiles balísticos rusos parecen imparables.
Es nuestro mayor problema ahora mismo, junto con la financiación: podríamos producir muchas más armas si hubiera más inversión. Hace falta protección antibalística antes del invierno. Además, no contamos con una reserva de personal comparable a la de Rusia. Ellos han desperdiciado la vida de sus soldados; nosotros no podemos hacerlo. Ese es uno de nuestros mayores desafíos.
Hay muchas polémicas sobre esto…
Por eso la tecnología es la prioridad número uno; tenemos que ganar esta guerra de manera asimétrica. Los drones han cambiado este año la línea del frente, que parece estática pero no lo es. De simples drones FPV de reconocimiento hemos pasado a ataques de precisión a 3.000 kilómetros dentro de Rusia.
¿Con qué objetivo?
El objetivo es que los rusos entiendan que esta guerra no tiene por qué continuar, y también agotar el potencial económico de Moscú.
Intentan minarles la moral.
Ellos hacen exactamente lo mismo con nosotros.
Zelenski acaba de destituir al ministro de Defensa, Fedorov, y hay protestas en Ucrania. Lo primero: ¿le preocupan estas protestas?
Es el precio de la democracia: la gente puede salir a la calle y decir que no está de acuerdo. Pero en tiempos de guerra no existen decisiones fáciles y casi todas son impopulares. Al final, la responsabilidad recae en una sola persona que tiene más información que nadie. Pueden no gustar, pero el objetivo es preservar Ucrania. Cuando llegue el otoño y la conscripción general en Rusia sume otro millón de soldados contra su voluntad, habrá que tomar más decisiones difíciles y asimétricas. No voy a entrar en más detalles porque no conozco toda la situación desde dentro; el comandante en jefe ve una imagen más amplia que cualquiera de nosotros.
Pero, ¿qué ha pasado entre Fedorov y el comandante en jefe del Ejército, Oleksandr Syrskyi? El conflicto es entre ellos dos, ¿verdad?
Es lo que leemos en la prensa. Probablemente, sí.
Es público…
Se ha dicho, aunque en tiempos de guerra no deberíamos hablar de temas internos. Pero insisto: esta decisión se basa en diversos elementos que solo conoce una persona. Ser ministro de Defensa no es una posición envidiable. Claro que se trata de mejorar el Ejército, pero ese no es el cuadro completo.
No ha sido la única turbulencia. En estos años ha habido tres cambios de primeros ministros y el despido del anterior jefe, Valerii Zaluzhnyi, también muy popular.
El punto es que estamos en el cuarto año de guerra y se acerca otro invierno. No será fácil. Todo se vuelve cada vez más duro. Y es necesario tener a personas dentro que tengan la energía necesaria para continuar.
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