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Opinión

Entre la certeza del abismo y la incertidumbre de la libertad, por @ArmandoMartini

📅 🕐 01 Dic 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 4 min de lectura
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Venezuela ha sido sometida a un experimento social y político cruel e inhumano. Se suele analizar la crisis desde la economía o los Derechos Humanos, rara vez desde la psicología del poder. El castrismo chavista y el madurismo monopolizaron las instituciones, la renta petrolera, y el futuro.

La lucha política actual, es una batalla existencial entre la convicción letal y la incertidumbre necesaria.

El régimen ha perfeccionado el arte de vender la certeza perversa. El mensaje subyacente del oficialismo es: «con nosotros, sabes a qué atenerte». La economía será precaria, pero si te adaptas, sobrevives. No hay Estado de derecho, pero si no te metes en política, «no te pasará nada»; además, tiene la ventaja de la fuerza.

Es la «estabilidad» de la que alardean. La certeza del estancamiento. Psicológicamente poderosa porque apela al miedo. El discurso oficial asegura que cualquier cambio de gobierno (transición) es un salto al vacío, una vuelta al caos o a la venganza. Venden la idea de que su permanencia es la única garantía de «paz», aunque sea la armonía del cementerio o la tranquilidad del sometimiento.

Sin embargo, el venezolano ha dado una respuesta contundente a este dilema, a pesar del dolor, la corrupción, la complicidad y el silencio impuesto a un país. Los casi 8 millones que han cruzado fronteras son prueba viviente de las miserables certezas. Cuando una familia decide huir a pesar de las terribles consecuencias, elige la incertidumbre peligrosa frente a la certeza asfixiante del Estado venezolano. Prefieren no saber dónde dormirán, ni qué comerán, ni en qué país trabajarán, antes que tener la seguridad de que en Venezuela no tienen futuro. Entendieron a la fuerza, que la incertidumbre es el único lugar donde habita la esperanza.

En el contexto electoral el 28 de julio de 2024 y la disputa por las actas, la oposición democrática, liderada por María Corina Machado y Edmundo González Urrutia, ofreció algo que Venezuela no ha tenido en 25 años: un final abierto. 

La transición democrática, por definición, está llena de incertidumbres. ¿Cómo se reconstruirá una economía devastada? ¿Cómo se gestionará la justicia transicional? ¿Cómo convivirán sectores históricamente polarizados? 

El régimen utiliza estas dudas como instrumento de dominio: («quitarán los bonos», «vendrán por ti»). Pero la madurez política que demostró la sociedad indica que el país ha perdido el miedo al «qué pasará». Comprendieron que el desafío no es encontrar un líder que tenga todas las respuestas, sino construir un sistema donde sea legítimo y legal no tenerlas, donde la duda y el debate sean el motor, no el enemigo. La incertidumbre, hoy más que nunca, es sinónimo de libertad.

Nadie tiene derecho a pedir más paciencia cuando lo han dado todo, pero sí, el deber de abrazarnos a la verdad. No existen soluciones mágicas ni fechas definitivas que borren de golpe décadas de daño profundo. El camino hacia la reconstrucción no será un evento súbito, sino un proceso doloroso, complejo, que requerirá más temple del que ya han demostrado, y aunque la incertidumbre de no saber cuándo terminará es angustiante, no permitan que la desesperanza les arrebate la victoria moral que ya han conseguido. 

No se aferren a la ilusión de un rescate externo o un milagro inmediato, sino a la convicción racional y profunda de que su dignidad ciudadana, la que han defendido contra todo pronóstico, es la única fuerza real capaz de agrietar el muro, sabiendo que la libertad no es un regalo que se espera, sino la construcción colectiva que, siempre termina por imponerse a la tiranía.

@ArmandoMartini

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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