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Opinión

La lección de Sun Tzu frente a la tormenta en el Caribe: por qué la prudencia y la ley deben prevalecer, por Alfonzo Bolívar

📅 🕐 11 Nov 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
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La llegada próxima de un portaaviones estadounidense a aguas del Caribe, en el contexto de la guerra contra el narcotráfico y la tensión entre Estados Unidos y regímenes o redes criminales de la región, revive una lección clásica e inquietantemente vigente: la máxima de Sun Tzu de que “la mejor victoria es vencer sin combatir”. En un escenario donde el precio de la confrontación puede ser humano, político y regional, conviene recapitular por qué la astucia estratégica, la legalidad y la cooperación son hoy las únicas alternativas sensatas para preservar vidas e instituciones.

Sun Tzu no propuso la cobardía: enseñó inteligencia. La guerra, escribió, es un asunto caro, destructivo y a menudo estéril si se la emprende sin cálculo. Atacar por atacar, levantar la bandera del conflicto frente a una potencia superior o frente a una maquinaria militar moderna equivale a apostar la vida colectiva en una ruleta fatal. En su lugar, recomendó la anticipación, el engaño estratégico entendido como la maniobra para neutralizar sin violencia y, sobre todo, la prioridad de desarticular la estrategia del adversario antes que su fuerza bruta. Traducido a nuestro presente: es preferible desmontar las redes de narcotráfico mediante inteligencia, cooperación internacional y procesos judiciales que arriesgar a una confrontación abierta con consecuencias impredecibles.

El narcotráfico no se sostiene únicamente por armas; se sostiene por economía ilícita, por cómplices dentro y fuera del Estado, por corrupción y por territorios donde la ley no se aplica. Atacar ese fenómeno con más violencia física o fomentar enfrentamientos que escalen entre fuerzas armadas de distinto signo rara vez resuelve la raíz del problema. La experiencia regional muestra que la violencia extrema tiende a fragmentar los canales de suministro, endurecer a los actores y multiplicar víctimas inocentes. La alternativa inteligente es cerrar rutas financieras y logísticas, aplicar la ley con transparencia, y seguir las vías del derecho internacional para capturar y procesar a quienes lucran con la muerte de otros.

En términos prácticos y morales hay argumentos irrenunciables. Primero, la vida humana: cualquier estrategia que normalice la idea de “mejor morir” por un cliente o por un régimen que protege narcotraficantes es una lógica suicida que destruye comunidades enteras. Segundo, la legitimidad institucional: los Estados que respetan las reglas y la separación de poderes ganan respaldo doméstico e internacional; quienes optan por la agresión unilateral o por la connivencia con el crimen erosionan su propia capacidad de gobernar. Tercero, la eficacia: la cooperación judicial y policial transfronteriza, las extradiciones legales y el trabajo en conjunto con organismos internacionales han demostrado mejores resultados para desarticular estructuras criminales sin convertir territorios en teatros de guerra.

La comunidad internacional ofrece mecanismos que, bien empleados, reducen la necesidad de enfrentamientos: solicitudes de asistencia legal mutua, extradiciones basadas en procesos, sanciones financieras focalizadas, persecución del lavado de activos y acciones coordinadas de inteligencia. Ejercer esas herramientas con transparencia y respeto a los derechos humanos no es sumisión; es estrategia. Es además la manera de cortar el flujo de recursos que alimenta a los carteles y a los patrocinadores políticos que deciden jugar con fuego. El objetivo debe ser excluir a los delincuentes de los espacios de poder y economía, no sacrificar vidas en defensa de intereses ilícitos.

Hay también un argumento de realpolitik: enfrentarse abiertamente a una potencia militar sin una correlación de fuerzas favorable es inviable y contraproducente. Las amenazas grandilocuentes que llaman al choque como símbolo de honor nacional suelen esconder la desesperación política. La verdadera fortaleza de un Estado reside en su capacidad para proteger a sus ciudadanos, mantener el orden y garantizar justicia no en exhibir una resistencia que deviene masacre. Sun Tzu nos advierte contra el orgullo estratégico; nos recuerda que la ventaja mayor está en conseguir los fines sin desgastarse en combates innecesarios.

Finalmente, está la responsabilidad ciudadana y ética. Defender la ley, exigir que los responsables del narcotráfico sean llevados ante tribunales competentes y demandar transparencia en las investigaciones es la forma más efectiva y moral de combatir un problema colectivo. La presión social contra la impunidad, unida a la cooperación internacional y a reformas institucionales que reduzcan la corrupción, crea un entorno donde los criminales no tienen refugio ni aliados impunes.

En estas semanas, el riesgo de escalada exige calma estratégica. Exige líderes que prioricen la vida, instituciones que actúen con la ley en la mano, y sociedades que reconozcan que ningún signo de bravura justifica convertir territorio y población en escenario de guerra. Vencer sin combatir no es un dictum de pasividad: es una invitación a hacer mejor uso de la inteligencia, de la ley y de la cooperación para que el Caribe y la región entera no paguen con sangre las cuentas de la violencia organizada. Esa es la victoria que nos conviene a todos.

Por Dr Alfonzo Bolívar

Economista, empresario y analista político

Fuente de TenemosNoticias.com: lapatilla.com

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