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Opinión

Soltera en la ciudad de la furia. El amor líquido

📅 🕐 13 Nov 2025🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 5 min de lectura
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“Algún día, de improvisto y sin avisar, el amor nos tomará por sorpresa.” Lunes por la noche en la ciudad de la furia. Una canción de Rosalía ameniza el fondo de la conversa de un grupo de amigos, todos treintones, que entre cigarros van y vienen por la pequeña sala de un edificio de la Av. Solano. Múltiples conversaciones se desarrollan entre el bullicio del ambiente. Un debate interesante acapara la atención, el tema gira en torno a las formas en que nos relacionamos las personas en la actualidad.

Alguien dice por ahí que, en un mundo donde la hegemonía es el uso y desuso de los cuerpos, comprometerse viene a ser lo verdaderamente rompeesquemas, y que el amor —como la modernidad— se torna líquido, citando a Zygmunt Bauman. Escucho una frase suelta que asevera que la construcción del amor es fácil. No me caso con esa idea. Pienso en silencio que “es muy difícil relacionarse”, y de pronto ya lo estoy diciendo en voz alta. Relacionarse en este nuevo siglo —y en esta Venezuela— está atravesado por una serie de codificaciones que muchas veces complejizan el acto humano de gustar y enamorarse.

Ahora una no puede ser “intensa”, no puede demostrar interés. Te cuestionas si escribir o no un mensaje; no queda claro si atreverte a decir lo que sientes porque se pueden espantar. Es como si solo debieras ser funcional al sexo y listo: como robots, sin humanidad, solo cuerpos que se gozan. También recuerdo el artículo de Vogue que salió recientemente, en el que se afirma que tener novio da vergüenza y que lo que está de moda es ser soltera. Esto generó un gran debate en redes sociales y miles de análisis sobre la situación del amor, las mujeres, el empoderamiento y las relaciones en pleno siglo XXI.

“Ni las feministas sabemos relacionarnos”, apunta otra de las chicas en su intervención. “Y a eso le sumas la crisis del capitalismo moderno y la falta de dinero para sostener cualquier vínculo. ¿O cómo hace la gente poliamorosa? Si hasta para tener una sola pareja cuesta dinero, tiempo, energía… cosa que, en Venezuela, no tenemos.” A lo que le replico: “No sé si esto del poliamor sea tan común para todas las personas. Dentro del círculo donde me muevo —que no son gente que anda “intenseando” y problematizándose la vida como nosotros—, veo que la idea de vincularse con una pareja sigue estando muy presente en las formas en que concebimos el amor. Es decir, todos quieren vivir para enamorarse, para sentir que son importantes, encontrar la media naranja y ser felices para siempre, como en los cuentos de hadas.”

Cuando expreso eso, también me lo cuestiono a mí misma: ¿es posible amar para siempre? Otra compañera comenta: “Mi madre siempre lloró por mi padre, porque siempre lo amó, a pesar del divorcio.” Y me pregunto: ¿cuánto de eso no es quedar melancolizada en la idea de un amor que, al final, se desintegró? La búsqueda de experiencias amorosas se ve condicionada por un mercado que valora lo funcional por encima de lo afectivo. Entonces, el amar verdaderamente parece correrse hacia un acto consciente de decisión y de cuidado, donde la comunicación, la paciencia y la empatía deben ser más importantes que nunca.

En los matrimonios del siglo XX las parejas duraban porque las mujeres aguantaban demasiado y en silencio. Justamente allí está una de las grandes conquistas de los feminismos: esa que tiene que ver con que las mujeres nos cansamos de soportar y de vivir relaciones donde no estábamos bien. No obstante, aún no se nos enseña a estar solas sin sentir que hemos fallado. La soledad parece leerse como un diagnóstico: si estás sola, algo salió mal. Esa lectura moraliza la vida afectiva y vuelve el silencio propio en un defecto que hay que reparar con pareja, consumo o presencia pública.

Elegirnos implica reclamar autonomía sobre los afectos y también compromiso. No se trata de renunciar al deseo, sino de nombrarlo sin culpa. Si no lo hacemos, confundimos la libertad con la presión de sostenerlo todo y caemos en pensar que el otro está allí para cubrir nuestra necesidad de compañía y miedo a la soledad. Las formas en que nos estamos relacionando en este nuevo siglo son más volátiles porque se teme al compromiso; se sostienen en la satisfacción inmediata, se rompen ante la mínima incomodidad y están atravesadas por la lógica del consumo. Quizá es contra eso que debemos cuestionar las relaciones, y no si es mejor estar soltera o en pareja.

¿De qué se trata la construcción del amor? ¿Cómo, en la actualidad, podemos apuntar a relaciones sanas en donde no nos sintamos como cuerpos usados y desechados? Quizá, al final, lo que define amar hoy no es la duración ni la intensidad, sino la disposición a intentarlo, a equivocarse y a aprender del error. En un mundo donde los vínculos son frágiles y los sentimientos se negocian, amar sigue siendo un acto valiente: una apuesta a la conexión humana, incluso cuando las reglas son inciertas y las sorpresas, inevitables.

@niyiree_baptista

Fuente de TenemosNoticias.com: www.analitica.com

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