▷ FOTOS | Colapso vial y sanitario en la Urbanización Rafael Caldera: Vecinos denuncian años de abandono #18Abr

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Caminar por la tercera etapa de la urbanización Rafael Caldera representa hoy una carrera de obstáculos donde el agua estancada y el asfalto inexistente dictan el ritmo. Lo que para cualquier visitante sería una calle urbana, para los vecinos residentes entre la Avenida de las Industrias y la calle uno del Olivo es una trampa de lodo con cicatrices de vieja data. Este deterioro no es nuevo; surge como el resultado de intervenciones a medias y promesas de asfaltado que terminaron hundidas en el mismo barro que hoy rodea las viviendas.
Las cicatrices del agua
Todo comenzó con un tubo de agua que, tras romperse años atrás, dejó una herida abierta en la vía sin recibir nunca el relleno ni el asfalto necesarios. La situación empeoró hace dos años, cuando el colapso de las cloacas transformó la calle en un pantano de aguas residuales.
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Aunque en su momento las cuadrillas repararon el sistema sanitario, el remedio resultó incompleto: las tuberías dejaron de rebosar, pero el suelo quedó herido de muerte. En la actualidad, la Avenida 20 exhibe un catálogo de cráteres que, ante cualquier llovizna, dan vida a una laguna gigante adueñada del paisaje frente a las casas.
La acera: El último refugio invadido
El problema trascendió lo estético para convertirse en una amenaza a la integridad física. Ante la imposibilidad de cruzar la masa de agua que domina la calzada, surgió una práctica tan lógica como peligrosa: el uso de las aceras como vía alterna.
Los motorizados, en su afán por evitar que el agua ensucie sus máquinas, convirtieron el espacio del peatón en su nueva pista de circulación. Salir de casa en la Rafael Caldera requiere ahora una vigilancia extrema; ya no basta con mirar a los lados, ahora toca anticipar el rugido de motores que aparecen por donde deberían caminar niños y adultos mayores.
Un grito de auxilio tras el manubrio
El deterioro alcanzó tal magnitud que el término «vialidad» parece quedarle grande a esta zona. Los conductores sortean los huecos con la pericia de quien navega un río seco, mientras los residentes observan con frustración cómo los trabajos quedaron en el olvido.
La comunidad no solo pide tapar un bache; exige devolver la dignidad a una calle devorada por la desidia. Mientras el asfalto no llegue, la Avenida 20 seguirá como ese espejo de agua turbia donde los vecinos esquivan, simultáneamente, las infecciones del estancamiento y la velocidad de quienes invaden la acera.





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Fuente de TenemosNoticias.com: www.elimpulso.com
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