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Día de la Mujer: desde los corsés hasta las Kardashian, un repaso a la historia de la obsesión por las cinturas finas | National Geographic

📅 🕐 09 Mar 2026🔗 Fuente: TenemosNoticias.com🕑 6 min de lectura
Día de la Mujer: desde los corsés hasta las Kardashian, un repaso a la historia de la obsesión por las cinturas finas | National Geographic
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Entre 1867 y 1874, la revista The Englishwoman’s Domestic Magazine publicó más de 150 cartas sobre el tema del corsé, tanto a favor como en contra de esta práctica. Según Steele, muchas de esas cartas eran pornografía apenas disimulada, con autores anónimos que describían encuentros sadomasoquistas en escuelas de corsés. 

Las autoras de las cartas, que en su mayoría afirmaban ser adolescentes, describían cómo las enviaban a escuelas de corsetería en Londres, París y Viena como castigo por su rebeldía. Afirmaban que, mientras estaban en esas instituciones, los directores y las maestras, de mano dura, las obligaban a llevar corsés. Aunque los historiadores creen que estas escuelas son puramente ficticias, las cartas, y otras similares, circularon ampliamente en las respetables revistas de la época, aparentemente consumidas por lectores que también llevaban corsés. 

La fascinación y la fetichización del corsé subrayan las formas en que la modificación corporal excesiva podía ser tanto una fuente de entretenimiento como una línea de demarcación para la aceptabilidad cultural.   

Algunas mujeres alcanzaron gran fama gracias a sus cinturas exageradamente estrechas. La artista de cabaret francesa y estrella del cine mudo Polaire fue un fenómeno internacional, en parte, por su cintura de avispa. Durante el apogeo de su carrera a finales del siglo XIX, se apretaba tanto el corsé que su cintura medía solo 40 centímetros y a menudo se la anunciaba como una especie de atracción secundaria. 

Pero aunque el ajuste apretado se consideraba un «hábito de clase baja«, como escribe el estudioso británico David Kunzel en Fashion and Fetishism (Moda y fetichismo), los fotógrafos victorianos utilizaban habitualmente técnicas de retoque e ilusiones ópticas para dar a las modelos la cintura de avispa que Polaire había puesto de moda. En un número de 1895 de Photography Annual, el fotógrafo S. Herbert Fry escribió sobre el uso de técnicas de retoque para crear habitualmente «la cintura exagerada de una dama que mide solo 45 centímetros».

La cintura de avispa, y los esfuerzos que hacen quienes la lucen para conseguirla, siguen siendo motivo de desprecio y aspiración. En la Met Gala 2019 (evento de gala benéfico que se celebra anualmente para recaudar fondos para el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, el MoMa), Kim Kardashian fue noticia por su espectacular figura de reloj de arena con un vestido color carne del diseñador francés Thierry Mugler adornado con gotas de cristal. 

Su pequeña cintura provocó la ira y la envidia de los críticos en las redes sociales; algunos incluso se preocuparon por si se había sometido a una operación para quitarse una costilla y conseguir ese aspecto. Pero su cintura de avispa era el resultado de un corsé diseñado a medida por el famoso fabricante de corsés Mr. Pearl (se necesitaron tres personas para ponérselo a Kardashian y, según se dice, ella tomó «clases de respiración con corsé«). 

Gran parte de la reacción al look de Kardashian fue casi victoriana. Varios medios de comunicación destacaron su «ansiedad» por el corsé. «Kim Kardashian se lamenta por el doloroso vestido de la Gala del Met», rezaba un titular. De manera similar, en 1887, el escritor especializado en belleza Henry T. Finck se quejaba de que «la única satisfacción que una mujer puede obtener por tener una cintura de avispa es la envidia de otras mujeres tontas». 

Los reformadores de la vestimenta de la época estaban de acuerdo y abogaban por la abolición, o al menos por el aflojamiento, de los corsés. Su oposición los convirtió en extraños aliados de los supuestos hombres de ciencia que creían que los corsés alejaban a las mujeres de su estado maternal «natural»:

«Ha dejado de ser una metáfora que [la mujer] se vista para matar… ¿Podría tu padre o tu esposo vivir con tu ropa?», escribió en 1873 Elizabeth Stuart Phelps, una de las primeras críticas estadounidenses de la feminidad doméstica. «¿Podría dirigir su negocio y mantener a su familia con tus corsés?».

Aunque discrepaban en la mayoría de las cuestiones feministas, los defensores de los roles de género tradicionales, como el frenólogo estadounidense O. S. Fowler, también se oponían al corsé. «Pervierte el carácter femenino, transformando su belleza prístina en un conjunto de apariencias artificiales, tanto físicas como mentales, dejando el corazón del hombre desolado por la falta de una mujer auténtica a la que amar y por la que vivir; incluso profana el templo de la castidad femenina», escribió Fowler en 1870. 

Pero según Gibson, la mayoría de los críticos no tenían opiniones tan extremas sobre los corsés como los reformadores de la vestimenta o aquellos que argumentaban que los corsés convertían en mentirosas a las mujeres que modificaban sus cuerpos para darles formas antinaturales. «En la sociedad occidental, nos gusta encontrar formas de castigar a las mujeres por decisiones que están influenciadas culturalmente y son casi inevitables para mantener el poder y la popularidad entre los miembros de su propio grupo», afirma Gibson.

A lo largo de los siglos XVIII y XIXla literatura y el arte se burlaban de las mujeres que se apretaban los corsés. Una ilustración de 1777 titulada Tight-Lacing (Ajustando  el corsé) muestra a una mujer mayor y fea agarrándose al poste de la cama mientras una sirvienta le ata el corsé presionando con el pie contra su miriñaque. 

Otra ilustración de 1879 titulada Considérations sur le Corset (Consideraciones sobre el corsé), de la revista masculina La Vie Parisienne, muestra a la señora de la casa apoyándose en una repisa mientras su esposo, los sirvientes e incluso un perro tiran de sus cordones por un lado, y un ejército de cupidos tira por el otro. Un diseño posterior, de 1898 retrata a un esposo y una criada atando a una mujer con tanta fuerza que se parte por la mitad. 

Estas caricaturas sugerían que las mujeres que se ataban con fuerza no lo hacían por razones de respetabilidad, sino para obtener la aprobación de otras mujeres o, peor aún, para llamar la atención. En The Complete Beauty Book de 1906, Elizabeth Anstruther recordaba a una joven que se ataba con fuerza y que, según ella, había visto en un famoso café:

«La joven había reducido su cintura natural de unos cincuenta centímetros a una que no parecía medir más de treinta, pero que probablemente tenía cuarenta. El efecto era tan grotesco que la gente se reía abiertamente cuando ella pasaba».

Fuente de TenemosNoticias.com: www.nationalgeographicla.com

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